Las autoridades de Myanmar (ex Birmania) informaron ayer que son al menos 75 los muertos por el terremoto de 6.8 grados en la escala de Ritchner que sacudió el jueves al este del país.
Las principales rutas del país exhiben grietas de hasta un metro de ancho, que recuerdan los daños que sufrió Japón tras el devastador maremoto del 11 de marzo. Eso obstaculiza la tarea de la Policía y las Fuerzas Armadas, que llevan auxilio a las zonas más alejadas. Se teme que allí el número de muertos sea mayor a los cálculos oficiales.
Por consejo de las autoridades, muchos birmanos pasaron la noche al aire libre. Las seis réplicas de ayer, una de las cuales alcanzó los 5.5 grados, generaron pánico sobre la posibilidad de que ocurran nuevos derrumbes. En los hospitales no hay camas suficientes para los miles de desplazados, lo que obligó a instalar improvisadas tiendas de campaña.
Según reportan los medios extranjeros, la Junta Militar que gobierna el país es renuente a brindar datos precisos sobre la situación en las zonas afectadas. Eso dificulta la tarea de varias ONG internacionales que hacen su aporte ante las necesidades de salvataje.
Aunque el terremoto se sintió en Bangkok, Rangun y Hanoi, las grandes ciudades de la región, no se registraron allí daños relevantes. Sí hubo consecuencias en Tailandia, donde una persona murió
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