Ahora el ex presidente anuncia que vuelve a la campaña política

Ahora el ex presidente anuncia que vuelve a la campaña política

La corrupción en Brasil

Afirmó que a partir de ahora hablara en todo el país. Y apunta a los sectores más pobres. 

“Estaba quieto en mi rincón... y me vinieron a azuzar”. Fue el propio ex presidente Lula da Silva quién describió de este modo ante la militancia, en su discurso pronunciado la noche del viernes, el dudoso resultado de la operación “Verdad” del juez Sergio Moro. El líder del Partido de los Trabajadores advirtió: “Voy a viajar por todo Brasil, desde Oiapoque (en extremo norte) hasta el Chuí”. Y desafió: “A quienes hoy me ofendieron (por el viernes) les aviso: si quieren derrotarme van a tener que enfrentarme en las calles de este país”.

El valor de estas consignas no están en la emoción, que suele usar el ex gobernante. Es un indicador de su estrategia. Es víctima, según postuló, de un operativo jurídico-policial que representó “un secuestro”; en lo que algunos juristas prefirieron describir como una “prisión de algunas horas”. En ese “diálogo” con sus bases ahondó: “Fueron detrás de toda mi familia. Solo faltó mi nieta de un mes. Y no sé por qué no fueron a abrir la tumba de mi madre. Fui secuestrado por la policía federal en mi casa, a las 6 de la mañana”, continuó. Este mensaje en tono dolorido fue transmitido por las TVs brasileñas en vivo, con el consiguiente impacto en el conjunto de la población.

No era precisamente esa la escena que esperaba el juez Sergio Moro y que ayer lo obligó a explicar al país, mediante un comunicado, que no pretendía menoscabar la figura del ex mandatario. Ahora Lula hará lo que mejor le ha salido en su vida política: irá a todas las ciudades y villas del país, donde buscará enfervorizar no sólo a sus partidarios sino también a aquellos que vacilaron frente a las denuncias de corrupción que parecían involucrarlo. “Pueden agarrar al doctor Moro, al comisario de la Policía Federal, puede juntar a todos ellos . Si ellos fueran más honestos que yo, entonces desistiré de la vida política”. El mensaje de Lula va hacia las capas pobres de la población, especialmente las nordestinas que salieron de la miseria durante los dos gobiernos de Lula. Por eso, también ante su militancia recordó: “Si alguien piensa que me va a callar con la persecución y denuncia, no saben que sobreviví al hambre. Y quien sobrevive al hambre no desiste nunca”.

En verdad, no solo estaba él en un rincón de la política, sin querer asomar con una eventual candidatura suya para la presidencia en 2018. También su partido estaba literalmente arrinconado, con una dispersión de la militancia y una caída seria de su propia imagen y popularidad, por la multiplicidad de denuncias que afectaron a muchos de sus dirigentes. Antes de ayer encontraron la razón para la unidad: rodear a su jefe histórico, a quien consideran injustamente castigado “por las élites”, como afirmó el presidente de la agrupación Rui Falcao.

Sobre las sospechas específicas que llevaron al grupo de tareas del juez Moro a investigar al ex presidente, este afirmó que “todo esto fue inventado”. Y luego ironizó: “Espero que cuando termine esta historia, yo sea propietario de un departamento y una chacra. Porque si realmente fueran míos, entonces me los tendrán que dar”. Queda por ver, hacia adelante, qué podrá ocurrir con la figura del ex mandatario si por acaso la policía federal logra encontrar indicios serios de corrupción. Puede ser muy probable que el propio Moro desista de avanzar en esa dirección, bajo el riesgo político de revitalizar una figura que estaba de hecho en hibernación.

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