La Secretaría de Turismo está abocada a la concesión de los albergues de Cortaderas y El Peñón.
El proyecto para levantar una hostería en un lugar que el folclore hizo internacionalmente famoso -y aprovechar de este modo el potencial turístico de la zona-, data desde el momento en que Eduardo Brizuela del Moral llegó al sillón de Avellaneda y Tula.
Para el mandatario, este albergue era "una necesidad" como parte de la infraestructura de turismo que quería llevar a distintos lugares del interior provincial. Por eso no dudó en calificarlo como "un hito en materia turística". La construcción comenzó en 2005 y tardó cinco años en ser finalizada.
Distintas circunstancias provocaron la demora en la obra, que estuvo en un primer momento a cargo de dos contratistas privadas.
Con un costo final superior a los dos millones de pesos, la Provincia tuvo que hacerse cargo del edificio sin terminar y avanzar en los trabajos por administración.
Los técnicos gubernamentales detectaron algunas fallas y decidieron introducir modificaciones en el proyecto original.
Sin embargo, aún con recursos y obreros estatales, la obra siguió con demoras, y en varias oportunidades se aplazaron las fechas de culminación.
Finalmente se pudo terminar la hostería, que cuenta con una sala de estar/comedor, cocina y parrillada, ocho habitaciones con baño privado y agua caliente, lavadero, habitaciones de servicio, baño para discapacitados y sala de máquinas.
En el exterior posee una plaza con accesos, playa de estacionamiento y zona de balcones ubicada en la parte posterior del edificio que permite disfrutar del imponente paisaje natural.
Quienes pretendan licitar el edificio deberán asegurar una inversión estipulada por el Gobierno en mobiliario.
COSTO ELEVADO
La hostería edificada en la cima del Ancasti finalmente terminó costando más de dos millones de pesos, ya que a la inversión en las dos contratistas, se debe sumar el gasto que realizó la Provincia.

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