Su familia siempre estuvo vinculada al turf y el éxito de Alma de Acero le permitió alcanzar su primer trofeo de máxima escala como entrenador; momento que compartió junto su esposa e hijos y también acompañado de estos tres propietarios que le depositaron toda la confianza.
Sus primeras palabras no las utiliza para expresar lo que siente en ese momento, algo que esperaba por muchos años; sino que se centra en subrayar la linda historia que conforman estos tres propietarios, que formaron por primera vez una sociedad y ya tienen una gran anécdota para contarle a sus nietos.
"Es un momento muy especial para Pavlosky y con muy buen criterio en la entrega de premios lo compartió rodeado de su familia. Su mujer Paula tiene en brazos a Santiago, de tan sólo cinco meses y que "llegó con el pan bajo el brazo", mientras que Silvestre no se le despega ni un segundo, con una mirada tierna.
Ganar el primer cotejo de Grupo Uno de la temporada permite empezar a diseñar al detalle los próximos pasos. Pavlosky considera que los 2000 metros es el tiro ideal para este fondista y a su vez desecha, la chance de participar en la arena. "Es un caballo pastero y en la arena no funciona. Ya lo probé y no hizo una buena gestión. Así que la intención es seguir en este hipódromo", simplifica.
Cuando hay esfuerzo y trabajo, lo esperado llega y Pavlosky es un fiel ejemplo de eso. Alma de Acero no detiene su marcha triunfal y esa generosidad en los dos kilómetros es el factor de tantas sonrisas en una jornada que será recordada por siempre, tanto por este profesional como del entorno del caballo.
Alma de Acero aseguró que todo sueño es posible de concretar
No debe haber existido en estos últimos años, un resultado tan especial como el que consiguió Alma de Acero en el Gran Premio Miguel Enrique Martínez de Hoz (G1, 2000 metros) el primer cotejo de la máxima escala de la temporada, ya que se encierran muchas historias particulares y emotivas en una misma victoria.
El mástil se elevaba con la chaquetilla del stud Baltasar y sus tres propietarios se miraban uno a otros, siendo cómplices y hasta algo asombrados por semejante momento. Martín Carrera, Mateo Romano y Darío Larregina son de Saladillo y, en sus primeros pasos dentro del turf, viven sus horas más felices, consiguiendo un titulo gradual que muchas veces puede costar años de búsqueda y hasta no poder conseguirlo nunca.
Tener mi primer caballo y compartir este momento con mis amigos, es algo especial", decía Romano, el más emocionado de los tres que abrazaba con fuerzas a cada uno de ellos. Ya cuando la libre arremetida de Alma de Acero, lo depositaba en la gloria; la bandera amarilla por un reclamo que no prosperó por parte del jinete de Must Go On, que llegó cuarto, trajo una cierta tensión que luego se potenció con algarabía y euforia
A eso se le agregó que en el epílogo el valiente Ordak Dan no aflojaba contra los palos y cayó de pie, tan sólo por medio cuerpo, en una competencia cuyo recorrido quedó registrado en 2m9s 61/100 para los dos kilómetros. En la tercera colocación finalizó el experimentado Soy Carambolo, que descontó terreno en el final y quedó a medio cuerpo del escolta. "Lo suyo es mayor tiro", dijo su piloto, Juan Carlos Noriega.
"Saladillo está de fiesta" y no es para menos. Esa localidad bonaerense tiene un nuevo héroe en la hípica nacional, el mismo que suma cuatro impactos en forma consecutiva y se hace grande en la grama bonaerense. Pero hay más aristas en este éxito porque para el jockey Leandro Francisco Goncalves significó el primer cotejo de G1 en San Isidro, mientras que para el cuidador Agustín Pavlosvsky el mejor de los trofeos que consiguió en su trayectoria al sumar su ansiada copa de máxima escala.
Todo se puede concretar en el turf, actividad que, con este tipo de circunstancias, genera entusiasmo y entrega, situaciones únicas. Alma de Acero es fiel reflejo que cada anhelo puede ser sellado y quedó chequeado en una tarde de mucha acción.
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