San Agustín está otra vez colapsada

Desde setiembre de 2014 no se hacen compactaciones, por lo que la cantidad de autos y motos que descansan en este “cementerio motor” crece a diario. Vecinos dicen que hay robos y contaminación.

El paisaje del pedemonte mendocino, detrás del Zoológico, se ve interrumpido por la enorme acumulación de autos y motos que se van deteriorando con el irremediable paso del tiempo. Se trata de la playa San Agustín, donde descansan los vehículos que son parte de procesos judiciales o han sido secuestrados por incumplimientos a la ley de tránsito provincial 6082.

Este “cementerio de autos” luce ahora nuevamente colapsado, a pesar de que durante casi un año se compactaron más de 2.500 unidades. Según se explicó a Los Andes, luego de ese período continuaron ingresando autos y motos que volvieron a complicar la situación. Allí, además, sufren robos constantes que se deben a las grandes deficiencias en el cierre perimetral, fallas en el sistema lumínico y ausencia de cámaras de seguridad.

“Se compactó desde fines de 2013 y en 2014 hasta setiembre, pero desde ahí en más no se ha vuelto a trabajar al respecto”, se sinceró el subcomisario Juan Fredes, a cargo de la playa.

En ese momento un convenio entre la Suprema Corte de Justicia y el Ministerio de Seguridad, con financiamiento de la Nación, posibilitó la contratación de una máquina compactadora que destruyó parte de los rodados judicializados que llevaban más de 10 años en el predio.

“Ahora estamos esperando que para el período 2015 se llegue a un nuevo acuerdo, pero se están demorando en el establecimiento de las condiciones”, explicó Fredes.

Si bien reconoce que se hace hasta lo imposible para generar lugar, una nueva compactación sería muy necesaria. “Ya tenemos unos 600 autos y unas 2.000 motos para destruir que, por su tamaño, generarían un espacio bastante considerable”, destacó el uniformado. Contó que con la venta de la chatarra que queda de la destrucción se colabora con instituciones benéficas.

Más ingresos que egresos 

Según los cálculos del subcomisario, en el predio hay unos 15.000 vehículos de los cuales 13.000 son judiciales y 2.000 están por incumplimiento a la ley de tránsito.

“Los judiciales son difíciles de sacar porque hay que esperar a que se resuelva el proceso o a que pasen 10 años”, detalló. En cambio, los rodados que llegan por infracciones de tránsito tienen mayor movimiento porque la gente los va buscando aunque hay ciertos casos, sobre todo con las motos, en los que directamente se los abandona.

“Las motos nuevas sí salen rápido, pero hay otras que las dejan porque sacan el cálculo entre lo que les sale la multa, el acarreo, la estadía y a veces ni les conviene”, indicó Fredes, quien informó que la multa puede rondar los $ 2.000, el acarreo $ 370 y la estadía por día $ 20 para motos, $ 30 para autos y $ 40 para camionetas y camiones.

Otra solución para deshacerse de algunos rodados que entran por incumplimiento es el remate. “Luego de seis meses los que están por ley se pueden rematar, pero primero hay que cumplir un trámite que no es tan rápido”, precisó el encargado de San Agustín. El hombre estima que se realizan aproximadamente dos remates por mes, los que no son suficientes para descongestionar el lugar. “Por ejemplo hoy entraron unas 15 motos y salieron 1 ó 2, es lo normal siempre. Los ingresos superan a los egresos”, aseguró.

A pesar de las consultas de este diario, fue imposible que algún funcionario del Ministerio de Seguridad diera más detalles sobre qué se va a hacer con el colapso de San Agustín. 

Un peligro para los niños

Más allá de la gran acumulación de vehículos y del pasivo ambiental que genera la oxidación progresiva de aceite y baterías, a los vecinos de la zona les preocupa el peligro que el sitio representa para los niños de la zona.

“El cierre perimetral está destruido, sólo tiene tela metálica pero está muy baja, cualquiera puede entrar”, observó Ricardo Benavídez, que vive en el barrio Libertador. Tal vez por esta razón es que todas las noches allí se escuchan tiros.

“Es un peligro para los niños que por ahí salen solos a comprar algo”, señaló. Él mismo pudo observar la máquina compactadora cuando se encontraba en el lugar: “Disminuyeron un poco los autos, pero con el tiempo se volvió a llenar porque todos los días traen más y más”.

Gustavo Vega, vecino del mismo barrio, tuvo una apreciación similar sobre el riesgo de los más pequeños. “A veces los chicos son traviesos y pueden intentar entrar porque la tela está muy baja”, remarcó. En tanto que Estela Gómez puso el foco en la falta de iluminación y de cámaras de seguridad: “Por la noche parece una boca de lobo la playa y aunque hay policías cuidando, parece que no son suficientes”, expuso esta vecina. 

Una buena alternativa que podría mejorar el predio y el barrio, para ella, sería la colocación de cámaras de seguridad: “Están en el centro por todos lados, estaría bueno que también las trajeran para acá porque lamentablemente hay muchos robos”.

 

Cómo llegan los vehículos

Son distintas las causas por las que los vehículos- autos, motos, camiones y camionetas- llegan a la playa San Agustín. Por violaciones de la ley de tránsito 6082, las más frecuentes son la falta de seguro y la propiedad dudosa del rodado. En tanto, las judiciales son los “autos mellizos” y aquellos a los cuales les han borrado los números identificatorios.

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