Queremos agradecer, por medio de la presente a todos aquellos que nos acompañaron durante el duro momento vivido a causa del fallecimiento del Director de InfoAzulDiario, Ricardo "Kalalo" Berdiñas.
Sabemos que Kalalo ha sido muy querido por distintas personas de diferentes ambientes y nos sentimos profundamente orgullosos de que hayan compartido con nosotros el afecto que le tenian.
Asimismo aprovechamos para extender el agradecimiento a sus amigos, a sus colegas, a los politicos de distintos sectores partidarios y a todos que de una u otra manera nos acercaron distintas muestras de afecto, de las cuales no nos olvidaremos.
Para recordar a Ricardo Berdiñas, compartiremos una nota publicada en Diario El Tiempo, por un gran amigo, Carlos Comparato, la cual entendemos es una perfecta semblanza de Kalalo. Muchas gracias a todos.
Esposa e hijos de Ricardo "Kalalo" Berdiñas.
Kalalo
“Hola compañero” era su habitual santo y seña. Quizá el otro no era un “compañero” pero él lo tenía incorporado como un ritual y se lo respetaba. Bohemio por naturaleza y peronista por convicción, Ricardo Kalalo Berdiñas, el querido y enternecido amigo, imperiosamente abandonó esta tierra de sufrimientos. Sólo su garra, su porfiada postura ante la vida hizo que viviera más de lo que los médicos predecían. Más de lo que su propio cuerpo estaba dispuesto a dar porque era su mente la que lo iba a decidir de puro porfiado.
La última vez que hablé con él, pocos días antes de su muerte, lo percibí agobiado, su voz era un quejido trémulo. Hacía algunas semanas me había relatado que no se bancaba más vivir así, postrado en una cama por culpa de sus huesos carcomidos por la diálisis. Justamente él, un callejero sin destino fijo, que iba a una exposición en un museo, un acto impredecible o alguna ceremonia de carácter mítico de su amado peronismo. Cuando quien esto escribe le preguntaba “y vas a ir a esa exposición….? con una sonrisa pícara decía “seguro que hay minas y si no, me pongo cerca del tipo más lindo y seguro que ahí están….” en una típica salida futbolera como si fuera a hacer pressing para marcar al adversario.
Con la cuestión del peronismo la gastada venía por el lado casi religioso. Para él Perón era el ser superior y un mandato atávico desde su abuelo Berdiñas, uno de los primeros dirigentes del movimiento en Azul a quien veneraba. Aún conservaba muchos de sus libros.
Anécdotas sobran. “Vos te quedaste en el 45 o sos peronista antes que Perón” le decía para provocarlo… “Vos sos de Cipriano Reyes del Partido Laborista…dejate de joder”. Quizá porque era tan leal a su ideología primigenia que nunca fue menemista y, en el fondo producto de su rebeldía, no le gustaba mucho la dirigencia que se pavoneaba (y pavonea) haciendo ostentaciones. Siempre tuvo cierta oquedad con lo que rodea al poder. Porque, como buen futbolero, fanático de Racing y de Azul Athletic, era como Mascherano. Lo podías pasar pero te dejaba el moretón.
Y así encaró su vida. Con sus andanzas, idas, venidas, la huerta comunitaria y su bohemia a cuestas. Nos empezamos a tratar en la feria artesanal en la plaza San Martín cuando terminaba la dictadura; se sentían otros aires y encaramos, a través de los años, proyectos juntos. Hacer un programa de radio a la mañana temprano, cuando en la FM eso no existía, fue una locura que salió muy bien. En la Latina de Héctor Tito Silva. Surgirían otras iniciativas y hasta la locura de un semanario llamado “Diario del Domingo”; luego, por su cuenta continuó con sus programas de radio y arrancó con el portal de internet InfoAzuldiario.
El programa “Los locos bajitos”, en Radio Azul, fue también otra iniciativa que sólo podía salir de su cabeza.
Kalalo, el melancólico de la memoria prodigiosa para relatar el anecdotario azuleño, imitador con un humor ácido, conocedor de cada calle, de cada rincón. En muchos aspectos era como un reflejo de Juan Miguel Oyhanarte, el “Viejo” tiempista con quien compartía charlas en la vieja redacción del diario y sentía una enorme admiración.
Kalalo, el peronista de Perón, el de Racing campeón del mundo (recordaba el equipo completo y se ufanaba de ello) y se enfurecía cuando se le decía que, en realidad, el “General” era de Boca. Y su estrella de Athletic impregnada en su alma.
Se iba apagando su impronta de rebelde, de enojarse con el mundo pero ser un optimista a la vez, de ser un padrazo a la antigua de dos hermosos hijos y una mujer a la que supo amar después de amar.
Aparece, inevitable, la muerte, entrometida porque no fue invitada a la fiesta, porque no participó de la celebración de su vida, de sus parpadeos invisibles, de sus miradas pícaras compartidas en un estudio de radio, de esa búsqueda incansable de lo inalcanzable. Y sigue estando para escucharle la misma anécdota, el mismo rezongo, la misma puteada, y ese grito inconmensurable de “Viva Perón, carajo” en un eco que regresa eterno, inclaudicable como la nostalgia de un arrabal que se transforma en una tenue música tanguera junto a su última mirada impaciente.
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