Mientras José Manuel de la Sota gasta minutos de su celular para calmar a los funcionarios nacionales por los agrios reproches de Juan Schiaretti, al gobernador aún le dura el enojo. Julián Cañas.
Desde su entorno, dejaron trascender que, más allá de los silbidos de las barras, Schiaretti se sintió maltratado por la propia jefa de Estado, quien enumeró los fondos que la Nación envió a la provincia en los últimos años, sin hacer ninguna mención a las gestiones peronistas provinciales. “Pareciera que Córdoba está bien por ellos”, dijo el gobernador a dos de sus ministros ni bien se bajó del escenario de la plaza de la Intendencia, el miércoles último. Ayer, no anduvo con grises: “No pedimos ni pediremos respaldo al Gobierno nacional para nuestro candidato a gobernador”.
Además, Schiaretti mandó al secretario General de la Gobernación, Ricardo Sosa, a brindar precisiones sobre la relación financiera con la Nación. Para la Provincia, el año pasado no llegó ni la mitad de los 28.534 millones que dijo haber enviado Cristina.
Schiaretti volvió a negar un acuerdo político con los K, pero reiteró su pedido a la unidad del PJ en Córdoba: “Todos los peronistas debemos garantizar el triunfo en Córdoba, cualquiera sea el alineamiento político a nivel nacional”. Mensaje para los K.
Con la oficialización de la fecha de la elección para cargos electivos y el respaldo explícito de Schiaretti hacia De la Sota, los peronistas largaron la campaña electoral.
Lo más probable es que el ex gobernador no tenga rivales internos. El único que analizará la situación es el intendente de San Francisco, Martín Llaryora, un dirigente de fina sintonía con Schiaretti. Si De la Sota tendrá o no rival, será una estrategia política del PJ. Si consideran que una pulseada movilizará a las bases, tal vez fogoneen al sanfrancisqueño para que presente oposición. Caso contrario, De la Sota quedará consagrado sin puja electoral interna.




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