Para la coordinadora del programa, los límites deben ir acompañados también de la formación.
“Lo que creo es que hay un control que no puede faltar en nuestros jóvenes y adolescentes, es la institución de la familia, más allá de lo que se pueda hacer desde las instituciones públicas. Esta institución por excelencia, que es la familia, es la que tiene que tener el control de los horarios, de los hábitos, de antes de llegar a las enfermedades de estos chicos”, indicó la profesora.
Asimismo, la profesional aseguró que la tarea de la sociedad, como de las instituciones que la conforman, no es tan sólo la imposición de límites, sino de formar en valores y perspectivas a los jóvenes.
“Más allá del control es necesario también que esto vaya acompañado de un proceso de formación y en eso tenemos que ver otras instituciones, pero fundamentalmente la familia”, aseguró.
En tal sentido, indicó que el proceso de formación es fundamental, “porque los chicos se las ingenian para hacer lo mismo, pero de otra manera”
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