Lo confirmó Echegaray. Dijo que cruzarán los datos de lo declarado en la Aduana con lo que figure en las tarjetas de crédito. Y notificarán a los que muestren diferencias.
Cuando un turista llega de un viaje, tiene que completar un formulario y pagar impuestos si trae mercadería por arriba de los US$ 300. Si alguien indica que trajo mercaderías por menos de ese valor, pero su tarjeta de crédito muestra que gastó más (por ejemplo, US$ 500), la AFIP podría intimarlo por la diferencia.
El organismo recaudador conocerá el monto exacto gastado afuera, ya que aplicará una retención anticipada –que todavía no está clara– del 15% a las compras con tarjetas. Si una persona gasta por US$ 500, pero declara en la Aduana que trajo mercaderías por menos de US$ 300, la AFIP podría intimar por la diferencia. Hoy, la Aduana argentina permite ingresar mercaderías por hasta US$ 300. Todo lo que supere ese importe tiene que pagar un 50% de impuesto por entrar al país.
Por ejemplo: una computadora importada que vale US$ 500. La Aduana permite US$ 300. El resto (US$ 200) entra del monto que tiene que pagar impuesto. En ese caso, el recargo sería de US$ 100.
Sin embargo, el contraste entre el pago con tarjetas y la declaración de Aduana podría resultar problemático. En el gasto con tarjeta pueden figurar comidas, alojamiento y otros servicios en los que se gasta en moneda extranjera pero que no se ingresan al país.
"Con situación fiscal transparente, cualquier argentino puede vacacionar y orientar su consumo hacia donde quiera", indicó Echegaray. Pero entre la falta de aclaraciones sobre cómo funcionará el sistema y las amenazas de cotejar conceptos que no tienen nada que ver (como comidas y hoteles que se paguen con tarjetas y que no se ingresan en la Aduana), crecen los temores de los turistas.

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