Afectado por su propia ausencia, Coqui propone reformas que no puede garantizar

Afectado por su propia ausencia, Coqui propone reformas que no puede garantizar

El justicialismo paga hoy un alto costo político. En el interregno de Bacileff Ivanoff en el poder pasó de todo, pero quedó al desnudo la incapacidad de la fórmula gubernamental para trabajar en tándem.

Las peleas entre el número uno y el dos de la fórmula gobernante dejó heridas dentro del peronismo y en el propio cuerpo electoral de la provincia. Ahora ya no es fácil para el gobernador que volvió a sus funciones retomar el mando y predicamento que supo tener sobre el justicialismo.

El gobernador Jorge Capitanich envió a la Legislatura un paquete de leyes con cambios estructurales en materia de seguridad, justicia y contralor de los actos de Gobierno. Pero restan menos de diez meses para la finalización del mandato y cabe la pregunta de si los chaqueños, en caso de aprobarse las normas en cuestión, se beneficiarán con los resultados de este plan de gobierno que promete mejoras cualitativas pero no garantiza perdurabilidad en el tiempo.

Es evidente que el primer mandatario intenta desde su regreso a la provincia recuperar el terreno perdido por Juan Carlos Bacileff Ivanoff, quien se entretuvo con las internas palaciegas y desaprovechó la oportunidad de avanzar en las transformaciones que ahora, contrarreloj, propone el gobernador titular.

La falta de diálogo entre Capitanich y Bacileff mientras el segundo de la dupla justicialista estuvo al frente del Ejecutivo fue evidente, pero sus consecuencias negativas para la marcha de la provincia se comprueban con la dilación del Gobierno en motorizar estos cambios que recién hoy le intenta imprimir el ex jefe de Gabinete a la gestión del Frente Chaco Merece Más.

Si ambos compañeros de fórmula hubieran dialogado sobre las necesidades de modernización institucional del Chaco, quizás el paquete de leyes que salió a la luz en los últimos días se hubiera debatido en tiempos más razonables y se hallaría hoy en plena vigencia.

Sin embargo, el justicialismo paga hoy un alto costo político por la ausencia de Capitanich en el cargo para el cual fue elegido por la sociedad chaqueña para ejercer un segundo mandato por cuatro años. En el interregno de Bacileff Ivanoff en el poder pasó de todo, pero quedó al desnudo la incapacidad de la fórmula gubernamental para trabajar en tándem.

Cabe entonces la pregunta de si al pueblo del Chaco le sirvió que su gobernador emigrara a la Capital Federal para cumplir con una misión encomendada por la Presidenta. En lo que respecta a obras e inversiones del gobierno nacional sin dudas que sí porque Coqui influenció para que llegaran a la provincia los recursos que en otros tiempos se le negaron, pero en el plano estrictamente institucional la calidad administrativa decayó estrepitosamente.

El divorcio entre los miembros de una pareja gubernativa es moneda corriente en la política argentina y hay numerosos ejemplos del peligro que representa para el equilibrio institucional de un Estado el reemplazo imprevisto de uno por otro. Sin embargo, la ley habilita al gobernador y al vice para hacerlo en la convicción que constituyen un equipo homogéneo cuyos ideales y objetivos son compartidos.

Pero en la tangibilidad de los hechos la abstracción de una norma se tergiversa en función de factores como la tendencia a los gobiernos de coalición, donde un vice hasta puede no ser del mismo partido político que el jefe del Gobierno, con lo cual las posibilidades de un cambio de rumbo inesperado están a la orden del día.

En el caso particular del Chaco, Capitanich fue elegido en 2007 y 2011 por la sociedad chaqueña para gobernar secundado por Bacileff, pero el vicegobernador no plebiscitó jamás su condición de gobernador interino cuando su inmediato superior asumió en la Jefatura de Gabinete. Ergo, el suyo fue un período gubernamental ajustado a derecho pero carente de legitimidad.

Estas medidas de fondo que hoy impulsa Capitanich ni siquiera pasaron por la cabeza de Bacileff durante los 16 meses que condujo los destinos de la provincia, y en ese tiempo la sociedad chaqueña fue privada de acceder a reformas institucionales beneficiosas debido a la ausencia del gobernador titular y al enfrentamiento político que protagonizó con su vice a cargo.

Ahora ha regresado y reflota un plan de gobierno que pudo haberse aplicado un año y medio atrás. La demora en instrumentar tales medidas representa la más cruda demostración de que la partida temporaria de Capitanich perjudicó a la sociedad que lo eligió y hasta plantean la necesidad de un debate sobre la conveniencia de mantener o modificar la ley que permite a un mandatario abandonar su cargo para asumir otro antes de finalizar su mandato.

Muchos chaqueños podrán, en todo su derecho, considerar que la ida del gobernador a la Jefatura de Gabinete representó un acto de mendacidad política, aunque ahora haya regresado para poner en marcha acciones cuyos resultados no puede garantizar a menos que el próximo gobierno aplique -como no suele ocurrir en la democracia argentina- criterios de continuidad institucional que rescaten los aciertos de la administración anterior y los sostenga en el tiempo.

Un divorcio que dejó secuelas

Las peleas entre el número uno y el dos de la fórmula gobernante dejó heridas dentro del peronismo y en el propio cuerpo electoral de la provincia. Ahora ya no es fácil para el gobernador que volvió a sus funciones retomar el mando y predicamento que supo tener sobre el justicialismo.

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