La localidad, de tradición petrolera, está cambiando el perfil productivo.
El sistema de riego que hace una década se culminó ya cumple con su objetivo, y si bien aún resta mucho para forestar las cerca de 3.000 hectáreas que el curso de agua permite irrigar, sus logros ya se muestran en la mesa de los vecinos de Añelo convertidos en frutas y hortalizas.
"La ciudad no para de crecer. Mucha gente viene por la actividad petrolera y se asienta, pero muchos están viniendo por el desarrollo rural que estamos teniendo", aseguró el secretario de Gobierno y Finanzas de Añelo, Luis Alejandro González.
En la tierra en la que impera el viento, la barda es compañera del pueblo y el río Neuquén parece alejarse. El verde generado por las chacras ocupa hoy una superficie mayor a la del casco urbano y, fundamentalmente, a la de las bases petroleras.
Así como en San Patricio del Chañar las chacras transformaron un pueblo petrolero-dependiente, Añelo sueña hoy con seguir sus pasos y es por eso que desde el municipio aseguran que "esperamos que llegue más gente porque la segunda bodega que se montó a siete kilómetros de la ciudad va a entrar el producción en un año. Además se anunció el hallazgo de más gas y aún falta poner en producción el resto de las 3.000 hectáreas".
Los registros poblacionales reflejan este crecimiento más que elocuentemente, dado que mientras en 1980 la localidad contaba con apenas 60 casas, en los últimos 20 años la ciudad quintuplicó su población pasando de 1.000 vecinos a los actuales 5.000 habitantes estables y 2.000 temporarios.
Como respaldo a ese crecimiento, desde la comuna se espera entregar el año entrante 150 lotes sociales para paliar los elevados costos de los alquileres empujados por la demanda petrolera.
Si bien como todo pueblo en crecimiento las fallas en los servicios ya se evidencian (ver aparte), la explosión demográfica también trajo aparejada toda una gama de nuevos servicios como internet y televisión satelital.
"Notamos que mucha gente opta por mudarse acá porque están cansados de la inseguridad de otras ciudades y acá no sólo todavía podemos dejar la bicicleta en la calle con tranquilidad o el auto con la puerta sin llave, sino que estamos orgullosos de tener nada más que un robo cada dos meses", destacó González.
El desarrollo de Añelo ha sido fruto de la tierra, ya que a la falta de programas de responsabilidad social empresaria que beneficien a la localidad, se suman las complicaciones financieras de un municipio que al comienzo de la actual gestión se encontró con tres pesos en sus cajas y una deuda de casi un millón de pesos.
Sobre la Ruta 17 ya pueden apreciarse casi 50 hectáreas de olivos, 500 de manzanas, 300 de peras y 120 de cerezas pertenecientes al megaproyecto provincial de las 3.000 hectáreas adjudicadas mayoritariamente a firmas y bodegas nacionales.
Pero es a pocos metros del casco urbano donde las chacras empujadas por las manos de los pequeños productores van ganando terreno.
Y basta ver en sus frutos cómo, con empeño, Añelo se aleja cada día más del significado de su propio nombre: el médano de la amenaza.
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