Florencia Bottazzi cursa en una escuela de Los Hornos y acaba de ganar un premio provincial por darle poesía al gran dolor que vivió la ciudad hace un año.
Dueña de una sensibilidad especial, Florencia escribió “Tercer día de abril”, la poesía ganadora del Cuarto Concurso Provincial “Ginés García” que organiza el Programa Cultura en la Escuela, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación.
Así, la adolescente, quien cursa sexto año en el Colegio Agustín Roscelli de Los Hornos, le puso palabras a los sentimientos que invadieron a los platenses durante esos primeros días de abril, cuando los vecinos se abocaban a la reconstrucción y daban muestras denodadas de solidaridad.
“Al principio era un día de lluvia normal, nadie se esperaba nada, pero después empezamos a ver que el patio de mi casa empezaba a inundarse, que el agua no drenaba. Entonces dijimos: acá está pasando algo”, recordó Florencia.
“Al otro día cuando salimos a recorrer la calle era un desastre todo. Daba mucha tristeza ver cómo estaba la ciudad: las postales de la gente sacando las cosas de las casas, lo que ya no iban a usar nunca más”, detalló la joven.
La inundación modificó a los platenses en sus sentimientos y eso quiso reflejar Florencia cuando la directora de su escuela le propuso participar del concurso Ginés García que recuerda y conmemora al poeta educado y formado en la ciudad bonaerense de San Nicolás.
“Yo no acostumbraba a escribir poesía, pero me pareció una buena oportunidad y al pensar qué tema se podía redactar en forma poética se me ocurrió la inundación, que es algo que nos tocó a todos de cerca y que en un relato hubiese sido muy crudo”, detalló y agregó: “Ponerlo en una poesía es como darle un tono más metafórico a lo que había pasado, que no fuese tan violento”.
De esta manera Florencia logró, a través de sus estrofas, dar una descripción de lo que ocurría en la ciudad. “Entonces culpa de quien, culpa de vos, culpa de mi, culpa de nosotros”, escribió porque, según explica, “ese momento era muy conflictivo y todos estaban buscando culpables. Pero en realidad, me parece que la culpa radicaba en todos y que el descontrol que hubo después de eso también, en parte, fue culpa nuestra porque nos dejamos desbordar por la situación. Me parecía que no era momento para buscar la culpabilidad, era tiempo de cooperación”.
La elaboración de la poesía demandó un tiempo. “Tenía un borrador que lo iba retocando con palabras más simples, más complejas, rellenando ideas, simplificando algunas. Iba cambiando”.
“Participar de algo provincial y obtener el primer puesto fue una demostración de que estaba en buen camino”, detalló la adolescente quien admitió que era la primera vez que escribía una poesía: “No estaba segura si me iba a animar en ese campo, pero como no perdía nada, me dije: por ahí me hacen correcciones que pueden ayudarme a seguir creciendo en la escritura. Y al final, terminó gustando”.
Florencia vive desde siempre en Los Hornos y desde el jardín concurre al colegio Roscelli, donde hoy cursa sexto año. Tanto sus compañeros como sus docentes la consideran una joven virtuosa, simple, sensible y solidaria. Atraída por la literatura y por el conocimiento logró el mejor promedio de su escuela. En su último boletín obtuvo diez en todas las materias, todos los trimestres.
Asegura que cada vez que surge una idea en su cabeza se pone a escribir. “Me gusta mucho escribir cuentos y relatos cortos porque creo que vale más sintetizar que extender algo que no llega a nada. También leo bastante lo que me ayuda a encontrar herramientas de algunos escritores y recursos literarios”.
En cuanto a sus gustos sobre la literatura contó: “Hubo un momento en el que estaba muy fascinada por Borges, como cualquier argentino que tiene la posibilidad de leerlo, pero además me gustan Milan Kundera, que es europeo, también estadounidenses como Bradbury. Estoy muy abierta a lo que sea la literatura porque lo disfruto mucho”.
Asegura que sus padres la impulsaron a leer desde pequeña y ese hábito la acompaña hoy: “Si no encuentro ese momento del día para leer un libro siento que me está faltando algo. Siempre tengo que estar con algún libro”.
Para acceder a la bibliografía Florencia recurre a una biblioteca del barrio pero cuando no halla allí lo que busca, también recorre las bibliotecas de las facultades platenses.
“Quiero estudiar letras y si bien para nuestro país no es una carrera que este muy demandada me parece que es esencial que la gente le dé el valor que merece”, aclaró y subrayó: “Me gustaría ser investigadora de literatura, dar clases en la facultad”.
La Poesía completa
Tercer día de abril
Por Florencia Bottazzi
Somos hoy
la ciudad sumida en el desastre
los libros empapados que antes supieron contar cuentos
el espejismo de la negligencia.
La naturaleza nos sujetó con fuerza
convirtiéndonos en ordinarios animales
despojados de nuestra ropa
aferrados a los árboles rezando
por más agnósticos que fuéramos.
Y pobres de los que ahora golpean su pecho con fuerza
lloran con lágrimas secas
y elevan los dedos índices con facilidad
intentando tranquilizar el belicoso sentimiento
de culpa que produce el remordimiento.
Pero no
culpable vos, culpable yo, culpable todos
culpables los que suponiéndonos amos y reyes
manejamos el mundo a nuestro antojo
y desconocemos nuestra innata condición de peones
hasta que el desastre es ineludible a los ojos.
Desgraciados los que perecieron a la injusta ecuación
de tener mucho o poco
encontrando la inicua equivalencia
de no tener nada.
Pobres los que vagan alarmados y errantes
por un piélago de barro, de recuerdos hundidos,
regresando a los restos…
Están sobre el mármol avasallado
claudicando entre las redondas gotas de sal
que brotan de sus ojos
ante el paradigmático desarraigo en su propia tierra.
Ahora espontáneas masas divagan por las diagonales
diversas, heterogéneas
pero convergen en la desidia y el dolor,
donde nace la semilla del desasosiego.
Y entonces, las manos comienzan a extenderse
no conocen raza, geografía o edad
al principio sólo un par de manos
que luego se multiplican
por dos, por veinte, por mil
acortando distancias
en sus palmas traen esperanza
la fuerza requerida para reconstruir los cimientos
de aquellas sonrisas que hoy no ríen.
Aportan la ilusión necesaria
para perder la paranoia que nos consume
el miedo que nos acongoja
cuando el firmamento se tiñe de gris.
Acarrean la paciencia necesaria
para aprender a vivir con los fantasmas
los gritos, la desesperación, las memorias
de aquella noche que jamás será olvidada.
Por eso, y a pesar de todo, nos sentimos bien,
sabemos que más allá de la distancia
lejos, o quizás no tanto,
se siguen extendiendo las manos que comprenden
lo que nos espera más allá del horizonte
no parece tan malo…
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