El 40% de las adictas atendidas en el Materno estaba embarazad a

El 40% de las adictas atendidas en el Materno estaba embarazad	a

En 2014, de las 113 mujeres que ingresaron al hospital, 45 estaban por dar a luz. Ellas combinan sustancias, pero el alcohol sigue siendo la de mayor incidencia en Salta.

De las 113 mujeres adictas que ingresaron el año pasado al Hospital Público Materno Infantil, 45 fueron embarazadas a término para tener a su bebé. Es lo mismo que decir que entre 3 y 4 mujeres por mes o una por semana fueron a parir en situación de consumo.

Los datos fueron proporcionados a El Tribuno por Rosa Abdenur, responsable de la unidad de gestión de salud mental del hospital, área especialmente preparada para contener y desintoxicar a las madres adictas, previo paso a los centros de rehabilitación. 

Las cifras son reveladoras de una realidad incontrastable que muestran la calle, el barrio, los medios de comunicación, relevamientos nacionales, registros hospitalarios. Una epidemia social que no tiene techo y abre las puertas al nacimiento de criaturas enfermas desde la concepción, con una dudosa calidad de vida tras el parto, y enormes erogaciones para la salud pública, que bien podrían tener otro destino. Pero, amén de conjeturas, análisis y elucubraciones varias, la realidad es una y golpea impiadosa: cada vez son más las chicas que van al hospital en el momento del parto, atrapadas por alguna droga. 

La doctora Abdenur comentó que hace unos diez años, las adictas que llegaban al parto no eran consideradas como diagnóstico significativo. Cada caso era muy llamativo y todos los profesionales querían ver de qué se trataba, como cuando aparecieron los primeros casos con virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Pero, con el correr de los años, la situación fue cambiando, para mal y muy rápidamente. La médica aseguró que desde los últimos cinco años hay un creciente número de madres adictas que llegan al parto. Y que seguirán aumentando porque es un problema que crece, en la medida que se facilita el acceso a las sustancias. 

Acerca de los riesgos para la mamá y el bebé, tras el alumbramiento, Abdenur relató que algunas de estas chicas tienen familias con posibilidades de sostenerlas y contenerlas, entonces el riesgo para ellas y los bebés es mucho menor, pero otras están en situación de calle, judicializadas, por lo que el panorama se oscurece para los dos. 

Para todos los casos, salud mental del Hospital Materno tiene estrecho vínculo con la Secretaría de Abordaje de las Adicciones, organismo que debe hacer el proceso de rehabilitación.

El alcohol, primero

En cuanto a la posible prevalencia de alguna sustancia en particular, Abdenur indicó que hay multiplicidad de situaciones y que generalmente combinan alcohol más pasta base, más cocaína, más lo que tengan. Sin embargo, la médica se detuvo en un punto crítico: el consumo de alcohol. Esta es la sustancia de mayor consumo -destacó- porque socialmente sigue siendo permitido y, por ese motivo, no se toman en cuenta las consecuencias a pesar de que son graves para las madres y para los niños. Y en la mayoría de los ámbitos se sigue escuchando hablar de las drogas de laboratorio y no se considera al alcohol, que tiene la mayor incidencia, subrayó. A este cuadro también se suma el tabaquismo, acaso más aceptado que el alcohol. 

Abdenur advirtió, además, que por estar naturalizado el consumo, la sociedad asiste a "un momento intermedio en el camino hacia la aparición de otros cuadros clínicos". Es el regreso de las patologías que parecían sepultadas por la posmodernidad, cuyos síntomas se empiezan a observar en los grupos más vulnerables y remiten a la tuberculosis y venéreas, que en el Hospital Materno ya están estudiando.Nuevas estrategias de abordajeLas adicciones, un problema muy complejo, por lo cual especialistas coinciden en que habría que recurrir a otras estrategias de abordaje. Opinan que no habría que trabajar en campañas abstractas como luchar contra las drogas porque así ya se han visto fracasos. En cambio, apuestan a trabajos de estrategia con pequeños talleres en distintos lugares (clubes, escuelas, centros sociales) y consideran que hay que multiplicar espacios de inclusión para que permanezcan en el lugar y no sean las patotas u otros grupos violentos los que los reconozcan y contengan.Los profesionales no dudan en que hay casos que requieren internación, pero también sostienen que hay chicos experimentadores o con algún consumo esporádico, que no son adictos que quizás puedan ser abordados cerca de su casa, con un equipo de psicólogas, terapistas educacionales, docentes y la familia, y quizás con mejores resultados. Sin dudas, es un desafío que hay que enfrentar en conjunto.

Comentá la nota