Mientras que a la democracia formal se la haga prevalecer sobre la democracia sustancial lejos estaremos de resolver los problemas de fondo que nos impiden realizarnos como un país con justicia social, económicamente independiente y políticamente soberano. Este es el falso dilema al que nos buscan someter: hacernos creer que la alternativa electoral es más importante que el proyecto político.
Pero el éxito de este modelo encuentra su dificultad para expresarse en el plano local. Se argumenta con una crisis de participación que eclosionó en el 2001, se habla de una superación de la misma a partir del 2003. Pero lo que nunca se pone en cuestión es que el desfondamiento de las instituciones generadas en la modernidad también llegó a los partidos políticos. En lugar de interpelar el rol de los partidos políticos ante las demandas sociales se refugian en estas instituciones profundizando las características que la mayoría de la sociedad repudia: el aparato que sólo beneficia a quienes asumen la “obediencia partidaria”, el “filtro” para determinar quien debe ocupar espacios de poder, el “dedismo” como reemplazo de la discusión y debate, las “mesas chicas” como espacios de discusión pero representativos de los intereses de la dirigencia.
Desde esta estructura partidaria obsoleta sectores de la “dirigencia” armaron el escenario de democracia formal al que nos buscan someter en primarias abiertas simultáneas y obligatorias. Dejando de lado el principio básico que sostiene que los ideales, las ideas y las convicciones son el fundamento de la acción política se acuerda que proyectos antagónicos participen en un pie de igualdad buscando una síntesis que jamás se logrará. Aclarando que sí bien es cierto que no se puede impedir la participación de ningún afiliado, una cosa es que se presenten por su cuenta, otra cosa es invitarlo a que se presente. Basta con analizar las precandidaturas que existen para dar muestras de la estrategia electoral adoptada.
Ninguno de los tres candidatos que se embanderaron con el Gobierno Nacional, hasta hoy, llega a la mitad de intención de votos de nuestra Presidenta. Si bien el liderazgo de Cristina es innegable también lo es el hecho de que nunca se logró una construcción política local que represente cabalmente el proyecto político implementado en Argentina desde el 2003. Las alternativas electorales locales no reflejan la esencia del modelo nacional y popular que por extensión es inclusivo y participativo.
Por un lado hay una propuesta que se originó en el 2009 junto a los candidatos de De Narváez, con una fuerte penetración en las barriadas azuleñas que le aseguran un piso interesante de votos. Por otra parte hay otra propuesta de conversos que luego de enfrentar al gobierno vieron sus bondades pero cuando su referente hizo un acuerdo electoral con Alfonsín. Estas contradicciones ideológicas se “superan” porque ahora todos son peronistas y entre todos se recuperará la Intendencia (Lopez Rega también era peronista y no por eso deberíamos recrear la Triple A). También existe una propuesta más identificada con el Gobierno Nacional y centrada en la valoración innegable que el candidato tiene en la comunidad, pero sostenida por una dirigencia que fue incapaz de generar una alternativa genuina desde el 2003 hasta la fecha y que sólo demuestra interés por ocupar algunas áreas municipales sin importar el cómo ni el con quién.
En esta última propuesta debemos centrar nuestra atención, por considerarla como la más cercana al proyecto pero no por eso apoyarla sin reservas. Este debe ser el punto central de discusión: qué nos acerca y qué nos separa del Dr. Inza. Proponemos algunos puntos para discutir con profundidad:
1) Al igual que muchos sujetos sociales esperábamos la expresión de un proyecto que represente nuestros ideales, convicciones, intereses y parámetros culturales pero el entusiasmo ante su aparición puede dar lugar al desencanto sino hay un liderazgo efectivo para la acción de gobierno.
2) La gobernabilidad dependerá de las relaciones de fuerzas propias y no de la actitud que asuma una posible y futura oposición. (No olvidemos que es una candidatura apoyada por fuerzas que responden a un abanico de dirigentes).
3) Una verdadera participación incluye información, consulta y protagonismo social.
4) La validez de una acción que de propositiva pase a ser factible.
5) Asumir una posición electoral no determina nuestra militancia política, porque no dependemos de la concesión de puestos en la administración pública ni de que nos bajen planes o programas para realizar actividades políticas, sociales, culturales ni comunicacionales.
6) Profundizar el trabajo territorial a largo plazo porque esta demostrado que la coherencia no es tenida en cuenta. Mientras nos niegan participación, se las conceden a sectores que estuvieron escondidos en los momentos difíciles, o que trabajan junto al duclosismo, entre otras cosas.

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