Es evidente que, de concurrir a la interpelación de mañana, el único objetivo rentable del intendente sería vérselas cara a cara con los concejales del Frente Cívico. -¡Yo acuso! podría comenzar su intervención, destinada a desactivar los recurrentes intentos de desestabilización que surgen de aquel bloque. ¿Quiénes serían sus contradictores? entre otros, Walter Nostrala y Graciela Villata, ediles que estuvieron en el riñón mismo de la gestión anterior.
Parece claro que Giacomino dista de ser un intendente poderoso. Fue abandonado por Luis Juez (originariamente el patrón del bloque oficialista, hoy libanizado) pocos meses después del comienzo de su gobierno. Su gestión hace agua por todos lados, dicho sea esto como metáfora. No tiene aliados de peso. Dentro del Concejo, el único consenso que parece existir es que la oposición (salvo el juecismo, por supuesto) no desea que su gobierno termine antes de tiempo. Así de módico es el pacto de gobernabilidad que lo sostiene. Salvo este acuerdo, son muy pocos los que apoyan sus decisiones con entusiasmo.
No obstante ello, su caso es sugestivamente atípico. Como no puede ser reelecto, no tiene más escapatoria que dejar una imagen razonable si desea continuar alguna carrera política pero, con las pruebas a la vista, está aún lejos de lograrlo. Esto lo obliga a redoblar la apuesta, sencillamente porque no tiene mucho por perder. También, y a diferencia de Germán Kammerath (igualmente abandonado por su mentor y aliado durante su mandato, en este caso José Manuel de la Sota), el intendente tiene un sólido relato político que explica las razones de sus desventuras actuales, que no es otro que señalar a su antecesor como el principal culpable de la aciaga situación municipal.
Por lo tanto, ¿no es ésta una oportunidad dorada para concurrir al Concejo Deliberante para refinar este argumento y señalar "institucionalmente" las responsabilidades que le caben al juecismo por este presente que vive la ciudad? Si aquello sobre que "no hay mejor defensa que un buen ataque" tiene pretensión de verdad, éste parecería ser el momento adecuado para ejecutar la maniobra. Además, Giacomino no debería preocuparse demasiado por los ataques de radicales o peronistas durante la interpelación. Ellos están jugando otro partido y –en el fondo– están tan interesados como él en que la situación política de su antecesor continúe deteriorándose.
Es evidente que, de concurrir, el único objetivo rentable del intendente sería vérselas cara a cara con los concejales del Frente Cívico. -¡Yo acuso! podría comenzar su intervención, destinada a desactivar los recurrentes intentos de desestabilización que surgen de aquel bloque. ¿Quiénes serían sus contradictores? entre otros, Walter Nostrala y Graciela Villata, ediles que estuvieron en el riñón mismo de la gestión anterior (y también en la actual). Cuesta imaginarse de cómo podrían salir airosos frente a la ristra de desaguisados heredados que, en esta hipótesis, el intendente ventilaría voz en cuello, incluida la desaprensiva política que, en materia de personas viviendo bajo los puentes, mantuvo invariablemente Juez durante su gobierno. El escenario sería óptimo: frente a los representantes del pueblo, no ante periodista ávidos de amarillismo informativo.
Al menos en teoría, la oportunidad parece magnífica para institucionalizar un conflicto que, sesgadamente, algunos plantean como personal. –"No sólo Juez no ayudó con su silencio para que yo pudiera gobernar sino que, ahora, pretende minar nuestra gestión a través de sus concejales", bien podría lamentarse Giacomino ante el plenario. Muchos tal vez pudieran recriminarle que fue parte de lo que ahora critica, pero el reproche tiene el mero valor de la anécdota. Lo central del asunto sería el explícito mensaje político: la Municipalidad debe ser puesta en valor para que quien lo reemplace pueda llevar a cabo las cosas que él no puede hacer debido a los problemas generados por aquéllos que, por extraño que parezca, aparecen hoy como sus grandes censores. Todos deberían ayudarlo en la tarea, si es que quieren hacer algo más que pagarle los sueldos a los empleados municipales.
"Yo acuso" podría ser el editorial del intendente frente a quienes desean interpelarlo. La jugada es riesgosa, pero lo mostraría activo, con la iniciativa recuperada y –no menos importante– con un enemigo bien identificado. La oposición, si se entiende por tal a los demás partidos, serán oyentes interesados de este revival de auténtica guerra civil que se vive en lo que alguna vez fue presentado como la nueva política. ¿Se animará Giacomino a emular a Émile Zola en su
celebérrimo J’Accuse, el alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, víctima del antisemitismo en Francia en el siglo XIX? Mañana lo sabremos.



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