Acusan a una joven británica expulsada de Turquía por tratar de viajar a Siria para unirse a EI

La policía británica presentó hoy cargos contra una joven británica de 21 años que fue detenida en el aeropuerto londinense de Luton, adonde llegó en un vuelo procedente de Estambul, bajo la sospecha de preparar actos terroristas.

La joven Jamila Henry fue arrestada, el pasado jueves, por las autoridades turcas en una estación de Ankara al sospechar que su intención era viajar a Siria para unirse al Estado Islámico (EI), por lo que fue deportada al Reino Unido, reportó la agencia EFE.

Según informó hoy un portavoz policial, Jamila fue acusada de estar en posesión de documentación de identidad con la intención -presunta- de cometer un delito y está previsto que comparezca hoy ante un juzgado de Londres.

Tras aterrizar el jueves en el aeropuerto de Luton (norte de Londres), Henry fue arrestada por las fuerzas antiterroristas británicas y trasladada a una comisaria de la capital británica para ser interrogada.

Las fuerzas del orden no confirmaron aún si la mujer había estado en Turquía con intención de cruzar a Siria, donde los yihadistas del EI logran reclutar a jóvenes musulmanes de países europeos.

El pasado fin de semana, tres jóvenes británicos, de entre 17 y 19 años, fueron detenidos en el Reino Unido tras llegar de Turquía bajo la sospecha de haber viajado a ese país para pasar a Siria.

Tras ser interrogados, los tres fueron puestos en libertad bajo fianza.

El pasado mes, la policía británica también confirmó que tres adolescentes londinenses de entre 15 y 16 años viajaron a Turquía aprovechando las vacaciones escolares y cruzaron la frontera con Siria para unirse, supuestamente, a grupos extremistas.

Shamina Begum, de 15 años, Kazida Sultana, de 16, y Amira Abase, de 15, fueron vistas por sus familias por última vez el 17 de febrero, cuando huyeron de sus casas para embarcar en un vuelo de la compañía Turkish Airlines hacia Estambul.

Este caso provocó recriminaciones entre las fuerzas de seguridad turcas y británicas por falta de coordinación, y llevó a las familias de las tres jóvenes a criticar los planes del gobierno para evitar la radicalización de adolescentes en el Reino Unido.

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