Acusaciones cruzadas

La semana que pasó dejó como marca la "pelea" entre la Cámpora local y el intendente Carlos A. Gorosito. En un cruce fuerte de acusaciones, la Cámpora acusó al intendente de haber denunciado ante la producción del programa de Jorge Lanata por las actividades proselitistas de esta agrupación en las escuelas, como fue el caso de la entrega de libros en la escuela de Toledo.
Más allá del hecho cierto de la aparición en el programa de Lanata, lo interesante es analizar la legitimidad de este tipo de actividades en el ámbito de las escuelas. Nadie discute la militancia, ni la adhesión a unas ideas, sean cuales sean estas, o la pertenencia partidaria, pero en este caso en particular estamos ante una confusa mezcla entre institucionalidad y partido.

Insistimos: una cosa no quita la otra. Que estemos a favor de qué los jóvenes se involucren en política no significa que esa participación no se haga mediante los canales que el sistema aconseja. En el quehacer de la Cámpora se nota una toma de posiciones cuasi violenta, alimentada por la actitud de los mayores, y que si bien en un punto reafirma las convicciones, por otro lado aleja al resto de los jóvenes que quieren participar.

Algunas plumas salieron en defensa de los jóvenes haciendo hincapié en esto, en la participación, en la militancia, en la toma de conciencia de la juventud. Pero si nuestro análisis lo hacemos con anteojeras corremos el riesgo de promover actitudes totalitarias, que nada ayudan para una convivencia democrática, pacífica, o nacional y popular, como les gusta decir a ellos. Sin dudas que en pocas ocasiones se vio un respaldo partidario tan fuerte para Gorosito como lo fue en esta ocasión.

La confusión entre Estado-Gobierno-Partido es una vieja rémora de los regímenes fascistas. Flaco favor le hace a la institucionalidad esta confusión de límites. Flaco favor le hace a la gobernabilidad de Fernández de Kirchner. Nadie puede estar en contra de la militancia, del debate sanguíneo (que no violento), de la toma de posiciones o de decir las cosas sin pelos en la lengua. La democracia nos permite ese debate. Lo que no podemos es participar con lógica sectaria de esa convivencia, sobre todo teniendo en cuenta lo que ocurrió en nuestro país por esas posiciones recalcitrantes, vengan de la derecha o vengan de la izquierda.

Las acusaciones a Gorosito pasan por lo anecdótico, no hacen al fondo de la cuestión. El propio Gorosito ha respondido a eso. Lo que preocupa es el nudo del tema. La Cámpora, en este cruce de acusaciones, nada ha dicho sobre el hecho, escuchándose también algunos argumentos por parte de funcionarios provinciales (del área educativa) que rozan lo ridículo. Todos sabemos el celo con el que trabajan en las escuelas, por lo que no se entiende que se haya producido ese hecho, y lo peor aún, que con unas "meras" disculpas el hecho se haya saldado, cuando en otras circunstancias han amenazado, y cumplido, con sumarios y más.

No son responsables los jóvenes de esto. Son los adultos que, en su voluntad de "quedar bien" con ellos no indican límites y formas. Son esos mismos adultos que luego, a espaldas de los jóvenes, no dudan en criticar sus actitudes, pero que no hacen más que prohijar las mismas.

Comentá la nota