¿Cuántas personas en libertad condicional recorren las calles de nuestra provincia?

Es una pregunta que comencé a hacerme desde el primer momento que conocí el caso de Tatiana Kolodziey. No sé si por ser mujer, o por tomar regularmente un remis, o por ser atendida en varios comercios o instituciones por decenas de personas al día, sin conocer sus antecedentes, pero la pregunta me retumba sabiendo que un agresor, violador, ...
asesino, jamás tendrá impreso un cartel con estas reseñas, ni llevará en su billetera una carpeta de antecedentes delictivos o como dijo ayer el Fiscal Patricio Sabadini “Un psicópata nunca se demuestra como tal”, como si esta respuesta calmara nuestras intrigas o si consolara un sentimiento que aún no se logra desenredar.

En dos oportunidades, tanto en la primera conferencia de prensa ayer a las 11.45 al secretario de Seguridad Javier Oteo, como en la conferencia posterior, a las 17.15 al fiscal Patricio Sabadini, formulé una pregunta que no se me “supo” responder. La pregunta refería justamente a la que hace referencia el título de esta nota, ¿Cuántas personas en libertad condicional existen hoy en nuestra provincia? En la misma conferencia hasta funcionarios reconocieron que se detectó otro caso de libertad condicional que maneja un auto remis.

Supongo que no es un dato menor conocer esta información. No es lo mismo saber que hay cinco personas que se encuentran en estado de libertad condicional, controladas periódicamente por un personal ad hoc; que desconocer que quizá hayan más de mil personas que a las buenas de nuestra sociedad circulan sin apoyo, sin seguimiento y sin control a la espera de una exacta oportunidad para recaer a un nuevo episodio, tentado por una fuerza que los apodera, y que por una ausencia de políticas de inserción social sobre presidiarios, no logró su total recuperación.

Como en una jungla, donde se deberá contar con la capacidad para saber dónde y cuándo pisar el suelo. Así vivimos, desconfiando de todos y de todo, ya que un movimiento en falso nos pone incluso a cada uno de las potenciales víctimas en “torpes y blancos perfectos” por no haber pisado bien las baldosas de la vida.

Un caso más, “Caso Tatiana”. Nadie sabrá con certeza qué pasó por su mente los últimos minutos de vida en esta jungla; pero seguramente sí sabemos que mientras ella ya descansa en paz, la jungla acá abajo continúa siendo cada vez más frondosa, y nos volvemos a preguntar: ¿Cuántos violadores sin control nos miran cuando salimos de trabajar, cuántos condenados a punto de salir o que ya salieron fueron correctamente evaluados? No pongo en dudas el accionar de las áreas competentes, las pongo de manifiesto frente a una sociedad que simplemente quiere sentirse segura cuando sale a la calle y ver a sus hijos llegar a su casa.

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