Hacia el final de esta semana, un revuelo político se armó tras la emisión del informe de Telenoche, que reflejó serias falencias internas dentro de dos de los tres hospitales más importantes de la provincia.
Los argumentos esgrimidos, de alguna manera, se focalizan estrictamente en lo político, desde la oposición concentrando las críticas hacia el mismísimo gobernador Gildo Insfrán y la extensión en el tiempo al frente del Poder Ejecutivo Provincial; en tanto, desde el oficialismo, tras una tenue resignación de la "existencia de un problema", dedican largos monólogos a los logros en materia de nueva infraestructura, tanto de hospitales como centros de salud, construidos, que se están construyendo y que están proyectados a lo largo del territorio. Ambos sectores se concentraron en el aspecto político, dejando de lado el aspecto humano, ese que padece las consecuencias de eso que está mal y que fue el origen del informe periodístico, la invasión de cucarachas, hacinamiento y problemas de gestión interna de estos nosocomios.
Buscar culpables
Esta "operación política" en contra de la gestión de Insfrán, según sus más acérrimos adeptos, "orquestada por personeros locales" de la oposición, consta de antecedentes de informes similares y que llama poderosamente la atención a quienes llevan puesta la remera del general Juan Domingo Perón, que se centre en una provincia distante nada más que a 1.200 kilómetros de Buenos Aires.
¿Cómo es que este canal porteño se interesó tanto en falencias graves en materia sanitaria que pudo haber encontrado en Chaco, Jujuy o Salta? Incluso pudo haber encontrado en la mismísima provincia de Buenos Aires situaciones similares o peores que las que halló aquí.
De todos modos, el informe vio la luz (casi se la cortaron para evitar el móvil en vivo desde frente del hospital) y se basó en serias falencias internas que fueron muy difíciles de rebatir en argumentos por el gobierno provincial. A esto habría que agregarle la torpeza de un grupo reducido de "obsecuentes" dirigidos desde un alto lugar del poder, que con actitudes casi infantiles, quisieron amedrentar a los informadores, que sólo cumplían con una rutina, pero tuvieron que pedir protección y vigilancia, para huir hacia otra provincia, de estos inexpertos y obedientes "acosadores".
Necesariamente el gobierno a partir de ahora y por la repercusión que tuvo una simple nota, que podía servir sólo para el programa "CQC", tendrá que mejorar su gestión.
La prensa nacional supo instalar temas periodísticos conflictivos en las provincias de Catamarca, y en Santiago del Estero, cuando eran eternamente gobernadas, uno por los Saadi y la otra por el "clan" Juárez. El final ya es historia.
Si bien las comparaciones son odiosas, nuestra provincia, generalmente es nombrada por la pobreza extrema, (figuramos al tope de casi todos los índices negativos), por el trato que se les da a los originarios en épocas de elecciones y para completar junto a Santa Cruz, son los dos únicos estados donde todavía se usa la ley de Lemas para los actos eleccionarios. La reelección indefinida es el tema más urticante y de crítica fácil y difícil de refutar.
Si bien la sociedad acompaña al actual mandatario, que continúa con altísimos índices de aprobación, no pasa lo mismo con sus más estrechos colaboradores, que aprovechan su ausencia, para hostigar y humillar con su arrogancia, a cualquier mortal que habite estas tierras.
Allí habría que buscar a los culpables, si es que hay, o si la decisión de los canales porteños fue por falta de "noticias" o "influidos o contratados" por algunos que "no quieren a Formosa", como alegan los seguidores del actual mandatario, o porque verdaderamente nos quieren ver mejor?…. esa es la cuestión.
Gestiones que valen la pena
Merced a los buenos contactos que tiene el gobernador Insfrán a nivel nacional, logró traer para Formosa en los últimos meses una serie de obras públicas. Es decir, dinero para el financiamiento de la construcción de infraestructura básica para atender la creciente demanda de la población. Así, consiguió fondos para más rutas, escuelas y aquí está el tema, hospitales y centros de salud.
Nadie puede negar lo positivo que esto significa para la provincia, y menos se puede negar que esas obras, si no hubiera intermediado la gestión de Insfrán en Buenos Aires por esos fondos, hubiesen terminado beneficiando a alguna otra provincia.
Ahora bien, se consiguió la infraestructura y se aplaude el logro, pero para que una infraestructura trabaje, funcione, permanezca en el tiempo, y logre los objetivos para los que fue creada, necesita indispensablemente de la estructura interna, esto es, el factor humano y los fondos necesarios para afrontar los costos fijos que implican su mantenimiento.
Sin los recursos humanos necesarios y suficientes, y tampoco con el dinero que hace falta para costear los productos de higiene necesarios y en cantidad para tener un hospital con sus instalaciones en condiciones, ni el más moderno emprendimiento arquitectónico subsistiría en el mediano plazo.
Así como se inauguran modernas escuelas pero que tienen dentro docentes mal pagos y adeptos a los paros, o no hay tizas para escribir en pizarrones, asimismo es que la infraestructura sanitaria brilla por fuera, pero se opaca por dentro.
Y no porque médicos o enfermeras no quieran trabajar, al contrario, quizás sean los mejores doctores, las más dedicadas enfermeras y con horas y horas de cursos de capacitación y actualización, pero cuando la demanda es muy grande, ni el mejor de los cirujanos podría afrontar atender a muchos pacientes, hace las que puede, las que humanamente le da las fuerzas, y el resto queda a la buena de Dios.
De este análisis, surge que el costo de construir algún moderno hospital quizás haya que calcularlo también en base a los costos fijos en salarios e insumos que éste necesitará para estar operativo al cien por ciento. Porque ni el más moderno edificio, puede funcionar solo, sino por la mano de un ser humano que necesita descanso, herramientas, insumos y buena paga.
Diez años de emergencia, dos meses de urgencia
Para el gobierno, un estado de excepción dura un decenio y lo urgente se mide en meses. La carne y los combustibles. La inflación y los jubilados.
"Yo no estoy acá para representar a quien ocupa la Casa Rosada, sino a todos los argentinos", dijo la senadora nacional por Santa Cruz, Cristina Fernández de Kirchner, el día de reyes de 2002, para explicar en la cámara alta su voto contrario a la Ley de Emergencia Económica.
Aquella noche, en un país con la economía en caída libre, al borde del estallido social y con un sistema político en crisis, tras nueve horas de debate el Senado aprobó por 50 votos a favor, 6 en contra (incluidos los dos de Santa Cruz que respondían al gobernador provincial, Néstor Kirchner) y 5 abstenciones, la ley 25.561, que puso punto final a la convertibilidad uno-a-uno entre el peso y el dólar y declaró la "emergencia pública en materia social, económica, administrativa, financiera y cambiaria".
Aunque se opusieron entonces, llegados al gobierno Néstor y Cristina impulsaron sucesivas prórrogas y estiraron la vigencia de la ley y de sus modificatorias hasta el 31 de diciembre de 2011. Para entonces, la Argentina habrá transcurrido diez años en "emergencia".Del mismo modo, la presidenta anunció el 14 de diciembre la creación, por decreto de necesidad y urgencia (DNU), del llamado Fondo del Bicentenario (Fobi), con reservas del Banco Central (BCRA).
A dos meses vista y pese a un fallo judicial que ratificó que para disponer de las reservas es necesaria la aprobación del Congreso, el gobierno se niega a convocar a las cámaras. Prefiere esperar a marzo mientras negocia, billetera en mano, cómo llegar a 37 votos en el Senado. Con eso le bastaría, pues una ley debe ser aprobada por ambas cámaras, pero a un DNU le alcanza con que una sola no lo rechace. En cualquier caso, ¿dónde estaba la "urgencia"?
Lo peor es que en este apuro se crean y recrean falsos héroes y villanos y se postergan cuestiones reales, como la inflación, ésa que según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no existe.
La propia presidenta se esfuerza en promocionar las ventajas sexuales de la ingesta de chancho, pontifica sobre el vuelo de pollos y gallinas y explica que la carne vacuna subió porque, debido a las lluvias, hay sobre-engorde de animales, pero el Indec informó el viernes que la inflación de enero fue de uno por ciento y que el rubro "Alimentos y bebidas" se encareció apenas 7,8 por ciento en los últimos 22 meses.
¿No sería más lógico, entonces, explicar el aumento de los combustibles, que subieron casi 70 por ciento desde la "argentinización" parcial de YPF con la entrada de los Eskenazi, principales accionistas del Banco de Santa Cruz, mientras el precio mundial del petróleo caía casi a la mitad y la porción de YPF en el mercado local volvía a aumentar, para superar el 50 por ciento?
Es que la diferencia no son los precios ni la concentración. La suba de la carne sirve para apuntarle al campo (olvidando que, según las propias estadísticas oficiales, entre 2006 y la primera ronda de vacunación anti-aftosa de 2009, el rodeo ganadero cayó de 61 a 53 millones de cabezas, y que en el último año la liquidación de vientres se aceleró), en tanto que la de los combustibles sirve para apuntalar a capitalistas amigos.
¿Serán los Eskenazi tan eficientes en petróleo como en banca? Aún pagando altas tasas en dólares a depositantes como los Kirchner, al banco de Santa Cruz le quedó resto para engullir peces mucho más grandes: desde 2003, con el beneplácito del BCRA, adquirió los bancos de Santa Fe y de Entre Ríos.
"Que no vengan de ningún rincón monetarista a decir que la inflación es producto del aumento de la oferta monetaria; que no nos digan entonces que hay que achicar salarios o jubilaciones", dijo la presidenta en una de sus discursos recientes, olvidando que mientras falsea sobre la inflación, el gobierno hace lo que jura que no hará: achicar (el poder adquisitivo de) salarios y jubilaciones. Hace más de 16 meses reestatizó el sistema previsional y se hizo de una bolsa de 100.000 millones de pesos y un flujo anual de aportes de 15.000 millones, supuestamente para defender a los jubilados.
Desde entonces la Anses, que administra esos recursos, aumentó 325 por ciento (de 2.000 a 8.500 millones de pesos) los créditos a las empresas y se convirtió en el gran financista del gobierno nacional. ¿Y los jubilados? Reciben dos aumentos anuales, que corren por detrás de la inflación, y suman fallos a favor que la Anses demora, en promedio, 16 meses en pagar. Los litigios se acercan a 330.000 y en 2009 el número de juicios iniciados se duplicó respecto de 2008.
Emergencia, urgencia, lucha contra la inflación y la concentración, defensa de asalariados y jubilados. En el diccionario del gobierno, las palabras tienen la costumbre de designar lo opuesto.



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