Acople sentimental

Por Juan Manuel Asis

Los últimos movimientos y designaciones en el gabinete provincial permiten sacar un par de conclusiones: primero, que el núcleo de confianza del gobernador José Alperovich es cada vez más reducido -siempre recurre a su amigo Gassenbauer para las grandes apuestas institucionales sin abrirse a otras posibilidades-; segundo, que sólo el regreso de Marcelo Caponio a la secretaría de Gobierno -con más poder político que otrora- indica que mínimamente algo se está pensando con vista a los comicios de 2015.

El funcionario, en su anterior paso por esta secretaría de Estado, antes de convertirse en legislador por la capital, pergeñó el sistema de acople electoral que fue incorporado a la Constitución provincial y que le permitió un rotundo éxito comicial al mandatario en 2007. 

Este novedoso régimen de votación suplió el de los Lemas y alteró el orden de importancia del voto: con los sublemas, el beneficiado directo era el aspirante a legislador, con los acoples, el único que saca ventajas es el aspirante a gobernador, porque todos suman sólo para él. A más acoples, más sufragios para el principal postulante de la boleta. Con Caponio de nuevo en el gabinete, ¿cabe esperar algún nuevo sistema electoral para el año próximo? Hay que desechar el voto electrónico, ya que su posible experimento en 2015 sólo está en los discursos, pero no en el ánimo del oficialismo. El propio sistema de acoples, con tantas listas por la cantidad de partidos que hay en Tucumán implica un contratiempo para implementarlo.

¿Entonces? Hace un par de semanas se habló de la posibilidad de alterar el mapa electoral “moviendo” pueblos, imponiendo cambios en los límites geográficos para tratar de modificar las planillas de electores de una ciudad. Especialmente como la capitalina, donde el radicalismo pisa con más fuerza que en años anteriores. Mover votantes; esa sería uno de los posibles objetivos. Otro, tratar de recuperar a aquellos dirigentes del peronismo que, por una razón u otra, están distanciados del alperovichismo, molestos porque han sido dejados de lado por el poder. Son los no tenidos en cuenta. Una de las misiones del secretario de Gobierno sería reinstalarlos en el redil, con nuevas motivaciones, más caricias y palmadas de confianza. Es decir, una especie de “acople” sentimental, de conseguir que la dirigencia más díscola o más herida vuelva a trabajar territorialmente por el titular del Ejecutivo, al margen de aquellos “dueños” tradicionales de los circuitos, ya sean legisladores o concejales. O sea, traer de regreso a los que fueron desplazados, o humillados, por los que gozan de las ventajas de trabajar a la sombra institucional de la gestión. 

Así es cómo se trabajó políticamente en 2007, más allá del invento del acople, que vino a redondear un triunfo político notable en las urnas. Recrear ese sistema de abordaje político sería la meta de Caponio, o de esta reestructuración del gabinete a 12 meses de la elección de renovación de autoridades. ¿Un botón? En el acto de asunción, por ejemplo, se observó entre los asistentes al ex concejal Juan Carlos Mamaní. A tan pocos meses, ¿es dable esperar que estos cambios estén destinados a beneficiar a alguno de los potenciales candidatos a suceder a Alperovich? Por los menos, en el caso de Caponio, está más que claro por quién apuesta: la senadora Beatriz Rojkés. Lo dijo en su discurso. Para él, como para otros que están en su línea de pensamiento y de acción, la fórmula del FpV -más allá de las encuestas que va a encargar el mandatario- debe ser liderada por Rojkés. Este nombre deja no sólo fuera de la ecuación, sino posiblemente hasta fuera del oficialismo, a otros aspirantes a la gobernación, tales como Manzur, el ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, y al intendente capitalino, Domingo Amaya. Pero no pasan de ser más que especulaciones, la palabra final la tendrá Alperovich, con los muestreos de opinión en mano.

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