Con una plaza repleta abrió el Festival Nacional de Folklore. El Papa pidió superar las diferencias. Bruno Arias ofreció un show contundente.
Enseguida el Himno Nacional por el Grupo Vocal Norte, la poesía de Pancho Berra que explicaba el milagro y el grupo La Callejera en el Himno a Cosquín, en la colorida puesta del Ballet Camin.
El humo de las parrillas, el tañido de las campanas, el grito inicial a cargo de Claudio Juárez, el barullo de los fuegos artificiales y la arenga de Marcelo Simón renovaban la costumbre festivalera, que enseguida tomaba cuerpo con Bruno Arias.
Saludado por los erques que llegaron de Maimará y Tilcara, la consagración de la edición anterior, el jujeño cumplió otra actuación ejemplar, con despliegue escénico y contenido latinoamericano.
El Cosquín del escenario comenzó puntual, emotivo y colorido. Fue el inicio oficial, porque en rigor resulta complicado establecer con precisión cuándo comienza Cosquín. Desde hace días que muchos fieles comenzaron su peregrinación hacia Punilla, y fueron varias las peñas que abrieron sus puertas hace algunas noches, del mismo modo que en los campings y patios tuvieron albas distintas.
El comienzo
Desde las 10.30 de la mañana y durante casi tres horas, el tradicional desfile puso un poco de ese olor a caballo que necesita la patria entre sus formas posibles de materialización. Como sucede en cada edición, la parada de argentinidad congregó a miles de personas que a lo largo de la avenida San Martín saludaron el paso de agrupaciones gauchas de distintas latitudes del país, algunas delegaciones provinciales –cada una con su particular colorido– y también, cada vez con mayor presencia, murgas y otras formas de la patria bullanguera.
Desfilaron también algunas personalidades como Jorge Rojas, montado en un zaino oscuro llamado El General, y Mariana Carrizo, sobre el pintoresco burrito que habitualmente la soporta. También fue de la partida el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, montando lo que algún pícaro definió, más allá de pelajes, “el caballo del comisario”.
A las 19.30 comenzó el ciclo de cine en el Centro de Congresos y Convenciones, con la proyección de Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica; y a las 20, en la Escuela de Cerámica Huanquero, comenzó el ciclo de Cumbia, que desde la primera hora congregó a bailarines y curiosos por ver el fenómeno en el contexto de un festival folklórico.
Cosquín comenzaba a hacer cantar, tocar y bailar. En la Próspero Molina la noche prometía una grilla larguísima, que entre más de 25 números tenía a Sergio Galleguillo (con Los Caligaris invitados), Jorge Rojas, Silvia Lallana, Mario Bofill, y bien de madrugada a la Bruja Salguero: una lástima esperar tanto para escuchar a una de las buenas cantoras de la actualidad.
Por ahí iba empezando Cosquín.



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