Luego de la sentencia en tribunales, en donde se condenó al camionero concordiense José castro, a cumplir una pena de 3 años y dos meses de prisión, se vivió un momento de gran impacto cuando familiares de las víctimas se abrazaron con el condenado.
Mientras el camionero Castro era entrevistado por RADIOMAXIMA, luego de la sentencia, el hermano y el hijo de Adriana Otero, fallecida en el accidente, se acercaron hasta el banquillo donde se encontraba. Todo sucedía en la sala donde Castro había escuchado en la voz de la jueza, una sentencia que ni en el peor de los sueños se hubiera imaginado antes de producido el accidente: iba ir a la cárcel.
Los familiares interrumpieron la entrevista, y le dijeron que era “todo muy triste, que la familia lo perdonaba, y que no tenían dudas que era un hombre de bien. Además le manifestaron que alguien iba a tener que hacerse responsable por las muertes, y que él era quién tenía que pagar para dar un ejemplo de la responsabilidad que se tiene que tener cuando se conduce, porque esta sentencia era un antecedente que provocará un antes y un después”.
Gerardo Otero, le dijo que “se quedara tranquilo que la familia lo perdonaba, que no había rencores ni resentimientos, y que le sirviera para pasar un poco más tranquilo los días en la cárcel”.
Por su parte Castro, entre lagrimas, les volvió a pedir perdón, y les dijo que “ojala sirva su condena para que nadie tenga el minuto de estupidez, como el que tuvo él cuando cometió el fatal error en la ruta que provocó la tragedia. “Los días que me quedan de mi vida no me alcanzarán para conseguir la resignación de lo que provoqué. Hay familias destruidas por mi culpa, y para mi esto es la peor de las condenas” manifestó ante la mirada emocionada de los familiares y de los periodistas de RADIO MAXIMA.
Luego la conversación continuó hasta que llegó el momento de mayor intensidad emotiva, el hermano y el hijo de la víctima, le pidieron al camionero “que se dieren un fuerte abrazo”, y así fue que los tres terminaron entre lágrimas abrazados en un final de enorme muestra de grandeza.
Los empleados judiciales que observaron esta situación comentaron luego, que esta era una imagen y una actitud inédita, donde el acusado y quienes lo habían querellado
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