El juninense y jefe de campaña de la UCR local afirma que es la única manera de ganar. Es uno de los candidatos a gobernador bendecido por Julio Cobos, “que ha confirmado que es el líder”, dice.
El escritorio tiene un cartelito que dice: “Mario Abed, intendente” y en el sillón está sentado un hombre de 1,90, que ahora pesa 145 kilos, pero que no debería superar los 120 para sentirse en forma. Su destino ya estaba marcado el 27 de diciembre de 1963, cuando Emma lo parió. La partera le anunció que su segundo machito pesaba contundentes cinco kilos y medio, bastante más que Miguel, el primogénito, que había nacido un año y medio antes, y que también era grande, pero mucho menos robusto.
Como en cada entrevista, pide: “Armame uno de esos cigarrillos que tenés vos”. Espera que le líe el pitillo. Papel y tabaco que el jefe de campaña de Julio Cobos pita con placer. El tipo que trajo los petardos mete la mano en una bolsa de nailon y saca un manojo de llaves: “Mirá, Mario. Acá están las llaves de tu casa”. Y el intendente contesta: “Dámelas. En cualquier momento no me dejan entrar”. Es que desde hace 20 días que el radical Mario Abed casi ni da señales de vida en su hogar. Su esposa, Cristina, y su hija, Estefanía, deben mirar un portarretratos para recordar cómo es.
“El domingo terminé acostándome a las 3.30 de la madrugada y a las 7 ya estaba en la Municipalidad”, dice este hombre de rostro cansado que, según Cleto, es uno de los potenciales candidatos a gobernador.
Pero él no quiere aprovecharse de esa bendición. Sabe lo nocivos que son los celos intrapartidarios. “Somos un equipo. Hay muchos que pueden ser gobernador. Lo importante de estas elecciones es que nos confirmaron que debemos trabajar unidos –dice con sinceridad–. Es muy difícil trabajar el territorio si unos están con Fayad, otros con Cornejo, otros con Iglesias… La única manera es que nos encolumnemos todos detrás de Julio (Cobos), que ha confirmado que es el líder”.
Mario fue siempre un amante de los deportes. Era grandote y habilidoso. Esa fue su infancia. Fue una época difícil. Su mamá, Emma, murió cuando él tenía 12 años y su padre, Miguel Esteban, esperó 6 años para formar una nueva pareja. Su hermano mayor, Miguel Alfredo, cumplió otros roles. “Fue como si fuera mi mamá ausente y eso es algo que no voy a poder agradecerle jamás. Él logró que yo no me descarrilara”, afirma.
Después papá Abed se casó con Elsa, que también era viuda y que trajo con ella a otro “hermano”, Carlos Eloy: “Es mi hermano del corazón”, remarca.
Ya adolescente decidió cumplir el mandato de su padre, que quería que tuviera un título universitario. El primer intento fue en San Luis, pero fracasó. “Estuve un año y ni siquiera pisé la facultad. Viví de joda. Volví a Junín y le dije a mi padre la verdad”, confiesa. Se salvó de la “colimba” por número bajo: 004. Un tiempo después decidió probar otra vez, en Córdoba. “Mi viejo me acompañó a tomarme el colectivo y antes de subirme, me dio unos pesos. ‘Papá, ¡esto no me alcanza ni para los cigarrillos’, le dije. Y él me contestó: ‘Yo no alimento ni vagos ni vicios’. Nunca olvidé eso”, recuerda.
Entonces Mario tuvo que trabajar para mantenerse. “Hice mil cosas”, cuenta. Mientras tanto estudiaba y se recibió de técnico dental, pero el título fue solo para darle el gusto a don Miguel, porque allí había nacido su verdadera vocación: la política.
“Me deslumbró (Raúl) Alfonsín. Yo iba también a los actos de Ítalo Lúder. Ahí me comía todos los choripanes que podía y después me iba a militar para el radicalismo”.
De vuelta en Junín, consiguió un trabajo en EMSE y siguió militando. Fue candidato a intendente con apenas 28 años y perdió contra Dante Pellegrini y el menemismo. En el ’99 entró como concejal y antes había sido secretario de organización en Luz y Fuerza. En el 2003 ganó la intendencia.
En las elecciones del domingo triunfó el radicalismo en Junín. Pero además de que la lista que encabezaba Julio Cobos se impuso con holgura, hubo corte de boleta a favor de los concejales de Mario Abed. “Llegamos al 64 por ciento”, resalta.
El juninense tiene un método que no muchos se animan a aplicar. “La gente no se convence por más que uno pase diez veces por su casa durante la campaña. La gente elige el voto por lo que ve durante todos los años de gestión. Por eso siempre digo que hay que trabajar todos los días para asegurarse el triunfo”.
Mario Abed es radical, pero es capaz de trabajar, por ejemplo, sin egoísmos con su par sanmartiniano y peronista Jorge Giménez en proyectos en común. Tiene clara cuál esla prioridad: Junín. Hace lo mismocon Rivadavia y hasta con Santa Rosa.
Tiene un concepto regional y esosiempre le ha jugado a favor.
Lo esperan para hablar con él en la puerta de su despacho. Ya ha terminado de fumarse el cigarrillo armado. Se lo ve cansado. “Hoy voy a dormir dos horitas de siesta”, dice.
Hay tiempo. Para el 2015 faltan dos años.


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