Con ritmo de unidad latinoamericana

Con ritmo de unidad latinoamericana

Los uruguayos Ana Prada y Agarrate Catalina, los mexicanos de Molotov, los chilenos de La Ley y los cubanos de Buena Vista Social Club estuvieron en la Plaza en una jornada que cerró la Bersuit. Se escucharon las canciones prohibidas por la última dictadura.

“¿Dónde van a ir, argentinos, que no valga?”, preguntó la uruguaya Ana Prada, antes de vivar por Argentina y por los hermanos de América latina en la Fiesta Patria Popular que se realizó en Plaza de Mayo para celebrar los 205 años de la Revolución de Mayo. La presencia de artistas latinoamericanos en el escenario de ayer fue una constante, ya que otros grupos del continente, como la murga –también uruguaya– Agarrate Catalina, los mexicanos de Molotov, los chilenos de La Ley o los cubanos de Buena Vista Social Club también pasaron por la Plaza a homenajear a la Argentina. De los muchos nacionales anunciados, como La Bersuit, el único ausente con aviso fue Víctor Heredia, que no llegó al país por un problema de conexión entre los vuelos que lo traían desde Colombia.

Para cuando Prada convocó a apoyar la campaña “Ni una menos”, como tantas otras artistas que pasaron estos días por el festival, la Plaza ya rebasaba de gente. 800.000, exclamaría más tarde uno de los conductores del acto. A diferencia de las jornadas anteriores, esta vez la Plaza la ganaron los militantes que se acercaron desde distintos puntos del país y esperaban las palabras de la presidenta Cristina Fernández. “Nosotros militamos con la música y nuestro canto”, definieron también con sencillez y claridad los muchachos de Un segundo es demasiado.

Lo que las cámaras de televisión no mostraron, sin embargo, era el movimiento constante de familias, de parejas, que atravesaban la Plaza y buscaban un lugar para compartir el momento con compatriotas o buscaban un huequito en el sentarse o tenerse en pie para escuchar el espectáculo. Ese movimiento fue constante, nacía en las bocas de subte y rondaba la Plaza en caminos irregulares, que se hacían y deshacían entre los avances, las retiradas de distintas agrupaciones, o los espacios que estas armaban para que pasaran los demás.

“Es un gustazo saber que podemos ser tan cercanos como querramos, y también que somos mucho más cercanos de lo que quieren hacernos creer”, propusieron los muchachos de Agarrate Catalina, antes de cantar una retirada que declaraba “si he de morir, que sea haciendo vivir”. Y mientras sus rostros pintados de blanco cantaban, en la esquina de Diagonal Norte y Bartolomé Mitre se zarandeaba un buen grupo de familias y parejas sentadas o de pie en torno a una de las pantallas gigantes. Allí, pese al frío y la creciente multitud, todavía pervivía algo del espíritu de las jornadas anteriores, del mate, las galletitas y acercarse a ver el show.

No había gestos de entusiasmo cuando las cámaras enfocaban a los militantes de la primera fila, ni cuando los conductores hablaban del espíritu federal del festejo, ni cuando aludían a los doce años de kirchnerismo. Sin embargo, bastó que mencionaran que “Cristina está en la misma plaza que ustedes” para que aparecieran los aplausos. Un rato más tarde los aplausos se volvieron rítmicos cuando La Romy DJ comenzó a pinchar (o mejor dicho, a clickear) clásicos de la cumbia –arrancó con Los Charros y con Los Palmeras–. La cumbia, quedó claro en esta esquina, es transversal a las generaciones y a las clases sociales: aplaudieron señoras, levantaron las manos los padres, festejaron las familias populares y las mujeres con campera de cuero y botas altas marcaron el ritmo en el lugar.

Atravesando dos cuadras de manteros de la peatonal Florida había otra pantalla gigante. Ahí sí los militantes fueron mayoría, un rezago de una de las agrupaciones más grandes, que no consiguió empujarse a la Plaza. El himno interpretado por la orquesta típica El Arranque –dirigida por Ignacio Varchausky– se acompañó con los dedos en ve y los bombos de fondo, pero también con emoción y aplausos para la Presidenta.

Al himno siguió el discurso y al discurso, el resto de la fiesta.

La Romy DJ aguantó el escenario un buen rato, acompañada siempre por su estatuilla del Gauchito Gil, hasta el ingreso de Buena Vista Social Club apenas marcadas las 20.30, que arrancaron con “El cuarto de Tula”. El emblemático grupo cubano está de visita en el país como parte de su extensa gira de despedida, ya que abandonarán los escenarios al terminar esta serie de conciertos por el mundo. “Gracias a la vida / que me ha dado tanto / venir a Buenos Aires / a brindarle a Argentina nuestro canto”, mechó su cantante entre las estrofas del cuarto que cogió candela, a modo de saludo a la multitud que respondía a cada arenga del cantante de saco blanco.

A la interpretación de los cubanos siguió DJ Diamante con el Combinado Argentino de Danza. Diamante subió al escenario con poncho negro y una remera que rezaba “No agredo, Sí respeto”, y una de las bailarinas del Combinado tenía otra con la campaña “Ni una menos”. El CAD mezcló danzas folklóricos remixadas con estilos de otro orden, como el breakdance.

Uno de los momentos fuertes de la noche llegó a partir de las 21.15, cuando se presentó el espectáculo “Canciones Prohibidas”, en el que músicos contemporáneos reinterpretaron temas prohibidos durante la última dictadura militar por el entonces Comfer. “Hay una toma de posición en esto de darle una segunda oportunidad a una canción que fue prohibida”, consideraba en el video de anticipo uno de ellos, mientras Lebon recordaba cuando vio esas mismas listas de prohibiciones pinchadas en un cuadro de corcho en una radio. “Ayer nomás / en el colegio me enseñaron / este país es grande y tiene libertad”, arrancó el cover del clásico de Moris que también impulsó a Pablo Dacal su grito de “¡Ni una menos, che!”, cuando los versos que decían “ayer nomás había una chica en mi cuarto / y la besé sin fundamento / Hoy la chica ya no está”.

“Feliz noche de la patria, luego van a venir otras músicas, pero ahora vamos a hacer una de las páginas más brillantes de nuestra historia, escrita por María Elena Walsh, que escribió un tangazo que fue prohibido”, recordó el Chino Laborde, sobre “Gilito de Barrio Norte”, que criticaba a los rebeldes de cotillón. Dentro del segmento, otros que arengaron a la multitud fueron Fer Isella y Fabiana Cantilo, con “Viernes 3 a.m.”, de Charly García. “Con el amigo Ignacio Montoya Carlotto vamos a estar interpretando un tema del chileno Víctor Jara, malogrado por la dictadura de Augusto Pinochet”, anunció Palo Pandolfo el segmento de Canciones Prohibidas entraba en su recta final.

Pero la Fiesta Patria Popular no terminaría con eso. Al contrario, se extendería todavía largo rato. Al cierre de esta edición, los mexicanos de Molotov (una “sorpresa” que había circulado todo el día) ya calentaban a la gente de la plaza a puro salto, mientras La Bersuit esperaba para cerrar los festejos nacionales.

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