El reservorio de popularidad de los intendentes del conurbano

Análisis del consultor político, que observa cómo los jefes comunales del Gran Buenos Aires, tanto de la oposición como del oficialismo, surfean la tormenta económica y salvaguardan mejor su imagen que la del Presidente, e incluso la de la propia Gobernadora.

Los recientes sondeos de opinión en las secciones Primera y Tercera de la provincia arrojan un dato que, en una primera mirada, luce sorprendente. En general, los votantes están insatisfechos y frustrados con la situación económica. Dicen que están peor que antes, que consumen menos, y no ven que la cosa vaya a mejorar en lo inmediato. La consecuencia inevitable de este proceso ha sido la caída de popularidad del presidente Macri y, en menor medida, de la gobernadora Vidal. Y una cierta recuperación de la imagen de Cristina Kirchner y otros líderes opositores. 

Pero los intendentes no están sufriendo cambios en la misma medida. Los gobernantes municipales, en especial los que venían siendo bien evaluados, siguen arriba, constantes. Los votantes parecen estar atribuyendo los problemas al nivel nacional del gobierno, no al local.

Esto no llama la atención en lo que respecta a los intendentes del peronismo, que están en la oposición. Hay casos y casos, pero -siempre hablando en general- podemos decir que los votantes apuntan sus dedos acusadores hacia otro lado. Lo novedoso es que también siguen constantes las popularidades de muchos intendentes conurbanos de Cambiemos. Que han pasado a tener, en sus distritos, mejor imagen que sus "jefes políticos", que son Macri y Vidal.

Varios de estos intendentes llegaron al gobierno municipal a fines de 2015 con la insoslayable ayuda del arrastre electoral. En el marco de la elección presidencial entre Macri, Scioli y Massa, y de la elección a gobernador entre Vidal y Aníbal Fernández, muchos candidatos de Cambiemos que tenían poca o nula trayectoria en sus municipios destronaron a líderes peronistas con décadas de hegemonía municipal. Usufructuaron de la polarización que existía en el nivel superior de la política.  Algunos, como Valenzuela -Tres de Febrero- o Grindetti -Lanús- venían de formar parte de la gestión porteña del PRO. 

En estos más de dos años de la era Cambiemos, los intendentes del oficialismo se beneficiaron de un fenómeno que, aparentemente, está resultando más redituable para ellos que para el Presidente o la Gobernadora: las obras de infraestructura y embellecimiento urbano que se realizaron en las ciudades y localidades bajo su mando.

El gran historiador de la Antigua Roma, Paul Veyne, denominaba "evergetismo" a la política magnánima de hacer obras de mejoramiento de las ciudades; que dejaban contento al pueblo y, de esa forma, llevaban a consolidar el poder de Roma. Pero en la Argentina de 2018, ¿las obras ayudan más a los intendentes que a Roma? Todo indica que sí: los vecinos de los municipios están agradeciendo más a los intendentes por las obras que a las autoridades nacionales o provinciales.  

Esta conciencia de parte de los intendentes de que tienen un "reservorio de popularidad" explica el interés de algunos por desenganchar las elecciones municipales de las nacionales y provinciales. No todos opinan igual. Pero hay momentos en que el arrastre desde arriba es una ayuda, y otros en que es un problema. Y también, explica por qué los intendentes se sienten confiados en sus posibilidades. Esta tendencia anticipa una tensión que se va a producir en todos los espacios políticos. Tanto en el peronismo, en sus diferentes variantes, como en Cambiemos, los políticos fuertes en los municipios van a querer tener más influencia en el armado de las listas electorales. Y, eventualmente, tener el protagonismo de la política provincial.

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