Mauricio Macri tuvo su pequeño milagro en el Obelisco con la “marcha del millón”: ¿cuánto le sirve?

Mauricio Macri tuvo su pequeño milagro en el Obelisco con la “marcha del millón”: ¿cuánto le sirve?

Quiénes fueron y por qué. La euforia del Presidente en medio de la crisis económica. Esta semana el Gobierno recibirá nuevas encuestas.

Las burlas todavía pueden verse si se bucea en los archivos de las redes sociales. La imagen muestra a Mauricio Macri saludando desde la puerta del Congreso, antes de partir en caravana hacia la Casa Rosada. Es el 10 de diciembre de 2015. Acaba de jurar como presidente. Son las 12.45 y es el nacimiento de un nuevo ciclo político después de doce años de un mismo apellido en la cima de poder.

“¿A quién saluda el Presidente?”, se preguntan los usuarios con ironía. La foto muestra una plaza con poca concurrencia. Lo mismo sucedería durante el trayecto hacia Balcarce 50: no se trataría de la clásica postal de un nuevo presidente abrazado por la multitud.

Pasaron cuatro años. La gestión de Macri tendrá sus logros, pero las variables económicas mandan: la inflación acumulará en su período, si no hay nuevos sobresaltos, más de 300 por ciento a fin de año. Los confiables números del Indec desnudan que la pobreza pasó del 25,7% al que había logrado descender en marzo de 2018 al 35,4% de la población en la última medición y que tiene probabilidades de tocar los 40 puntos en la próximo registro oficial.

El dólar cruza hoy los 61 pesos, lo que equivale a una devaluación de más de 300 por ciento desde la salida del cepo cambiario. La recesión y la pérdida de expectativas tampoco son cuento.

Visto desde esta perspectiva -y sin olvidar que Juntos por el Cambio viene de una contundente derrota en las PASO frente a Alberto Fernández, que quedó a un paso de la presidencia- el Presidente logró en el Obelisco su pequeño milagro. Podrá discutirse el número final, pero hubo miles y miles de personas en las calles que salieron a pedir la continuidad del modelo macrista. O, si se prefiere, que no regresen las prácticas kirchneristas.

La lectura que hacen en el oficialismo es que se trata de millones de argentinos silenciosos que defienden determinados valores republicanos. Los formuló el mismo Macri durante su discurso en tono de preguntas para que desde abajo del escenario le gritaran “sí...”. Indagó, por ejemplo, sobre si preferían o no una Justicia independiente, si creían en el combate a las mafias y a los narcos o si era mejor que la plata del Estado fuera para obras públicas y no para los bolsos de los funcionarios.

No falta quien afirme que los militantes más entusiastas son, también, votantes que no quieren que el peronismo retorne al poder maquillado por alguna de sus variantes ideológicas. “No es solo la economía, estúpido”, se atrevía a decir en las últimas horas un importante miembro del Gabinete.

Al Presidente se lo notaba eufórico, cosa poco habitual en él. “Lo que estamos viviendo los argentinos es único, histórico, pura fuerza, puro corazón. Estamos por dar la vuelta la historia, no de una elección, la historia de este país. Para siempre”, dijo antes de salir rumbo al Obelisco. Lo dejó grabado frente a una cámara de su equipo, que lo siguió a sol y a sombra.

Macri entró a la 9 de Julio caminando, abrazando gente, con hombres y mujeres que lo tocaban y sorprendían con besos y pedidos de selfies. Ha cambiado mucho Macri en estos años: no hace tanto le incomodaba que lo abordaran de espaldas o si estaba distraído. Secuelas del secuestro extorsivo que padeció el 24 de agosto de 1991.

Ahora bien: ¿cuánto le sirve a Macri la novedosa campaña “Sí, se puede”? Es difícil determinarlo, pero sus estrategas persiguen el objetivo -si no es el milagro de llegar al balotaje- de dejar en claro que, pase lo que pase en las urnas, no existe otro líder político con capacidad de aglutinar el descontento que podría despertar en al menos 35/40 por ciento del electorado la llegada de los Fernández.

Aunque en la Casa Rosada hagan trascender que no realizan encuestas, los consultores históricos del PRO no han dejado de trabajar para Durán Barba. Esta semana, de hecho, se procesarán nuevas mediciones. Lo que sí cambió es la metodología: antes de las PASO la mayor parte de las encuestas las hacían por teléfono. Hoy dominan las presenciales.

Macri sigue pensando que no fueron sus estrategas políticos los que renovaron la campaña sino un movimiento genuino que nació de abajo hacia arriba y que desafío la creencia de los integrantes de su propio espacio político, que ya no parecían ver posible la posibilidad de recrear el espíritu de que se puede ganar. Cristina sigue causando un enorme rechazo, según la visión presidencial.

“¡Que vaya presa/que vaya presa!”, gritaron en la marcha. Fue un canto breve, conciso y pasajero. Macri lo oyó, pero lo dejó pasar.

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