Keiko y Kuczynski, en un furioso final de campaña en Perú

Keiko y Kuczynski, en un furioso final de campaña en Perú

La hija del ex presidente lidera los últimos sondeos para las presidenciales del domingo, pero el ex zar de la economía recibe el apoyo de la mayoría del arco político.

LIMA.- El sonido y la furia dominan la recta final de la campaña electoral en Perú, de cara a las elecciones del domingo que consagrarán al sucesor (o tal vez, según indican las encuestas, a la sucesora) del presidente Ollanta Humala, en el poder desde 2011.

Retratada desde la trinchera de enfrente, Keiko Fujimori, la candidata de 41 años que está cinco puntos arriba, es la viva imagen el populismo autoritario. Del otro lado, Pedro Pablo Kuczynski, el ex ministro de Economía de 77 años, es caricaturizado, desde el bando de Keiko, como un tecnócrata desconectado de las realidades del pueblo.

Ni los guionistas de Marvel hubieran montado dos personajes centrales tan contrarios como estos dos contendientes en su saga de Los vengadores. Cada cual decida el domingo quién es el protagonista y quién el antagonista de esta historia. Quién el héroe y quién el villano.

Los dos coinciden, sin embargo, en un aspecto central: consolidar el modelo de estabilidad económica que durante dos décadas le trajo al país fuertes inversiones, altas tasas de crecimiento y una tangible reducción de la pobreza. También afirman tener las claves para darle un nuevo impulso a ese modelo, ya que en los últimos dos años, pese a soportar mejor que otros países el bajón de las materias primas, pasó del galope al tranco lento.

Y los dos dicen tener la receta para saldar las cuentas que reclama la sociedad en materia de seguridad, narcotráfico y corrupción, tres variables vinculadas entre sí y de claro crecimiento a los ojos del electorado.

La agresión verbal ha sido la cualidad dominante de la campaña, que también tuvo su cuota de extravagancia. El diario El Comercio recordó, por ejemplo, que ambos se lanzaron a una carrera de ofrecimientos de suba de salarios de difícil cumplimiento. Como en un partido de póquer, Kuczynski ofreció subir el sueldo básico docente de 1250 a 2000 soles. Y Fujimori, para no quedarse atrás, dijo que lo llevará a 2500.

Pero la lucha no está en los números que se lanzan al aire tres días antes de la decisión en las urnas, y de los que nunca nadie se hace cargo, sino en las credenciales éticas y en la experiencia del rival.

"Del amor al odio hay una sola campaña", dijo Keiko. Sucede que Kuczynski, en las elecciones de 2011, le dio su apoyo contra Humala, que en aquel momento, con su pasado militar y sus proclamas nacionalistas, era la suma de todos los males.

Kuczynski remarcó en cambio la urgente necesidad de defender la democracia contra una deriva autoritaria, de la que la región aún no se ha librado del todo. No es el único que lo ve de esa manera, tanto que recibió el apoyo de la mayoría de los candidatos que quedaron al margen en la primera vuelta, a principios de abril. Incluso de la líder de la izquierda, Verónika Mendoza.

¿Será Keiko la reedición del autoritarismo que definió al gobierno de su padre, Alberto Fujimori? ¿Podrá Kuczynski manejar un país que, según dicen sus críticos, no conoce tan a fondo como su rival? Las críticas entre ellos son cosa de todos los días, de cada mitin de campaña. Y lo mismo repiten sus simpatizantes en las redes y en las calles.

"Veo con preocupación el tema de las elecciones porque noto que mucha gente no tiene memoria de lo que fue el régimen fujimorista. Aparte mucha gente no se informa. En las ciudades sí, pero en zonas como el Altiplano quizás no recuerdan o se dejan manipular", dijo a LA NACION Esteban Dávalos, un programador de 27 años, mientras compraba cómics en un quiosco del exclusivo barrio de Miraflores.

Quien le vendía las revistas, María Elena Cárdenas, una mujer madura de tez cobriza que no venía del Altiplano, pero sí del interior, tenía su propia versión. Para ella el problema no es Keiko, sino Kuczynski, cuya imagen está asociada con las elites nacionales y extranjeras.

"Cuando estaba el terrorismo (en los años noventa) ella se quedó en Perú y él se fue del país. Él agarró sus cosas y se fue porque tenía nacionalidad extranjera, y aquí en mi país adoran a los extranjeros, por más malos que sean. Basta que sean blancos y son bienvenidos", comentó la vendedora, que sin embargo dijo estar entre el 21% de los votantes aún indecisos. Como a tantos, algo aún no le cierra.

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