Los intendentes capitalinos se unieron para pedir por la autonomía municipal

Los intendentes capitalinos se unieron para pedir por la autonomía municipal

Juntos conforman un paisaje político completo, y matizado con sus correspondientes variaciones y mutaciones. También son una pintura en movimiento -la manifestación pictórica o estética de la alternancia-, que comienza con los colores de la Unión Cívica Radical (UCR); prosigue con los de Fuerza Republicana (FR), y continúa hasta el presente con los del Partido Justicialista (PJ) en una versión multicromática donde convergen los peronistas disidentes con los radicales que constituyeron el Acuerdo para el Bicentenario. 

Para este cuadro de los siete intendentes capitalinos de la democracia también hay otras lecturas posibles: la de una ciudad con problemas cuasi crónicos (como tránsito e higiene) que fueron complejizándose. Y la de una ciudad que arrastra la asignatura pendiente de la autonomía desde siempre, pero con mayor razón desde la década de 1990, cuando este instituto ingresó a la Constitución Nacional. 

Entre 1983 y 2016, San Miguel de Tucumán fue administrada sucesivamente por Rubén Chebaia (UCR); Raúl Martínez Aráoz (UCR); Rafael Bulacio (FR); Oscar Paz (FR); Raúl Topa (FR); Domingo Amaya (PJ) y Germán Alfaro (PJ), el intendente en función. Todos ellos asistieron el martes al coloquio organizado por la Municipalidad en el auditorio del Colegio de Abogados de la Capital. El acto tuvo como antecedente otro que había orquestado Amaya hace años: fue unánime el reconocimiento hacia una reunión de pares poco frecuentada en la escena política local. En un clima donde prevaleció la camaradería -la crítica pasó casi inadvertida-, los ex jefes municipales enfatizaron la debilidad congénita del Gobierno municipal frente a la administración provincial, y bregaron por el cumplimiento pleno de la autonomía prevista en el artículo 123 de la Constitución Nacional.

Si de leyes se trata, el principio en cuestión está de sobra legislado. En 2006, los convencionales que reformaron la Constitución de Tucumán (entre los que estaba Amaya) establecieron que las municipalidades son autónomas en el ejercicio de sus funciones. “Sus resoluciones, dentro de la esfera de sus atribuciones, no pueden ser revocadas por otras autoridades administrativas”, dice el artículo 139. En los hechos, el instituto se cumple poco y nada, como demuestran los pactos sociales que desde hace casi 15 años ligan financieramente a las municipalidades con la Provincia. 

Fragilidad y resistencia 

Aunque Chebaia dedicó casi por completo los diez minutos asignados para contar que, después de la Dictadura, la Municipalidad era casi una abstracción (carecía de sede y de documentación), al final reivindicó el Gobierno de la ciudad y rechazó la concepción de este como una mera dependencia administrativa de segunda clase. A continuación, Martínez Aráoz desarrolló aquella idea. “El jurista Pedro Frías siempre decía que el poder municipal era el más frágil y vulnerable”, citó. Bulacio dijo que él, que había convivido con un Gobierno provincial de otro signo (a cargo del peronista Ramón Ortega), bregó en forma permanente por la autonomía plena y que llevó esa preocupación a la Convención Constituyente de 1994 (fue convencional por Tucumán mientras ejercía como intendente), donde se topó con las resistencias de los representantes de la provincia de Buenos Aires. En ese momento, el entonces gobernador Eduardo Duhalde no estaba dispuesto a ceder un centímetro de control sobre los municipios.

Paz avanzó un poco más y, tras decir que la relación Provincia-Municipalidad no estaba clara, aconsejó a Alfaro “tomar la iniciativa” y promover la sanción de la Carta Orgánica municipal. “Habrá que ver si conviene”, añadió el decano de los ex intendentes. Más categórico fue respecto de la transferencia de fondos provenientes de la coparticipación federal. “Hay que actualizar las cifras que provee la Provincia”, opinó.

Sin vueltas, Topa vinculó la debilidad del municipio al déficit de autonomía y añadió: “la duplicidad de autoridades en un mismo ámbito significa ausencia de autoridad. Resulta imperioso dictar la Carta Magna municipal y dejar atrás los tiempos en los que la ‘supra autoridad’ política decide si los intendentes pueden o no iniciar una obra”. Dicho esto, afirmó que el progreso municipal requería libertad e independencia.

Luego de repasar las vicisitudes de su larguísima gestión (12 años que coincidieron con los 12 años del ex mandatario José Alperovich), Amaya manifestó que la Legislatura no debía someter a los municipios al poder de quien gobierna la provincia. Y como un ejemplo de ejercicio de autonomía municipal, el hoy funcionario nacional evocó la política de revalorización de la historia de San Miguel de Tucumán con énfasis en figuras como la Virgen de La Merced, Manuel Belgrano y Bernabé Aráoz. “No fuimos acompañados en esto ni por el Gobierno provincial ni por el Gobierno nacional”, relató. 

Hacia el cierre del coloquio, el intendente Alfaro ensayó una síntesis. “Al Municipio siempre le faltaron recursos. La Provincia manejará $ 43.000 millones este año: nuestro presupuesto asciende a sólo $ 3.000 millones pese a que el 50% de los tucumanos vive aquí”, comparó. Y sostuvo que el reclamo de autonomía no debía ser resignado: “la Provincia y la Nación tienen que actuar con grandeza, y ayudar a los más vulnerables”. Con esa demanda retumbando todavía en el auditorio, la Municipalidad entregó placas a los ex intendentes de la democracia y los siete posaron para una fotografía que a fin de cuentas resume 33 años de la institucionalidad de San Miguel de Tucumán.

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