Luego de que los antiguos propietarios de la imprenta presentaran un amparo para frenar la expropiación de la firma, el interventor Hernán Lorenzino los denunció por fraude y lavado de dinero. Los acusa por maniobras realizadas antes de la aparición de un empresario vinculado a Boudou.
El ministro de Economía, Hernán Lorenzino, radicó la denuncia como interventor de la empresa, rebautizada Compañía de Valores Sudamericana (CVS), a la que consideró que los Ciccone intentaron vaciar con prácticas propias de una supuesta administración fraudulenta.
La denuncia quedó en manos del juez federal Julián Ercolini, quien ya tomó las primeras medidas. Pidió al fuero comercial que le envíe todas las copias disponibles sobre esas cuatro operaciones sospechadas, ya que las firmas involucradas intentaron luego cobrar esas acreencias cuestionadas a través de distintos expedientes. Pero Ercolini dio otro paso más: como lo impone el procedimiento penal, le giró el expediente al fiscal federal Federico Delgado para que evalúe si corresponde imputar a alguna persona en particular y sugiera las primeras medidas de prueba.
Según La Nación, algunos nombres ya quedaron bajo la lupa. En su denuncia, el Gobierno apuntó a la presidenta de la imprenta -Olga Beatriz Ciccone, hija de uno de los hermanos fundadores, Nicolás Ciccone-, al contador y al síndico de la empresa, y a los tres ejecutivos que celebraron aquellas operaciones. Esos ejecutivos son Roberto Molina, un abogado ya fallecido que era de extrema confianza de la familia fundadora; Pablo Amato, esposo de Olga y yerno de Nicolás, y Federico Schmid.
Amato, Molina y Schmid, según la denuncia, habrían acordado operaciones ilícitas, en pesos y en dólares, con tres firmas interconectadas entre sí -Bates Integrated Communications SA, la Cooperativa Mamakiya de Vivienda, Crédito y Consumo Limitada y VHS Sports SA-, en las que la figura decisiva sería Horacio Alberto Dannunzio, un empresario muy cercano también a Nicolás Ciccone.
Con la denuncia ya en su poder, el fiscal Delgado estimó que las operaciones sospechadas podrían ser "maniobras destinadas a producir el vaciamiento de Ciccone Calcográfica y/o el ingreso al mercado financiero de dinero de origen ilícito".
Delgado recomendó al juez Ercolini que analice por separado si el fuero federal es el competente para investigar esas operaciones, ya que en principio sólo afectaría al patrimonio de una sociedad anónima y a sus acreedores, aunque sostuvo que dada la "urgencia del caso" también sugirió el primer paso de la investigación penal para evitar demoras.
"Consideramos sumamente oportuno que se conforme un equipo técnico", explicó Delgado, para que con toda la documentación recopilada se "determine la realidad económico-financiera de las operaciones contractuales efectuadas". Es decir, "ponerlos en una trama que permita comprender su finalidad, desentrañar su racionalidad, para luego sí otorgarles significado jurídico", y evaluar si se cometieron uno o más delitos. De este modo, el "caso Ciccone" se complejiza aún más. Abarca el expediente del concurso y quiebra de la empresa, en el fuero comercial, y la causa penal en manos del juez federal Ariel Lijo, en la que el principal imputado es el vicepresidente Amado Boudou, su socio José María Núñez Carmona, y Vandenbroele.
A esos dos expedientes -y otros menores- se sumaron luego el amparo que presentó el ex banquero Raúl Moneta en contra de la expropiación y para proteger los $ 35,5 millones que le habría prestado a The Old Fund -cuyos dueños no identificó- para tomar el control de la ex Ciccone con una prenda sobre sus acciones como garantía.
A esos dos expedientes se sumó un tercero, a mediados de este mes, cuando la familia Ciccone también acudió con un amparo ante el fuero en lo contencioso administrativo federal en rechazo del proceso expropiatorio -al que calificó de "decomiso" e "inconstitucional"- y en defensa del 30% de las acciones que retiene de la empresa.
Con la denuncia penal del Gobierno llegó el último capítulo en los tribunales, aunque fuera de la presentación quedaron Vandenbroele, "nuevo accionista" y luego sólo presidente de The Old Fund, y el supuesto dueño de ese fondo, Guillermo Reinwick, el otro yerno de Nicolás Ciccone. Desde que estalló el escándalo, Reinwick se mantiene en silencio. Sólo apareció en una solicitada, el 29 de febrero de 2012, que él dejó trascender que jamás firmó.








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