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Fiestas simultáneas en la 9 de Julio |
Diversas actividades se superpusieron sin mayor orden, ante el movimiento permanente de una multitud festiva
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 | | Autos nacionales, colectivos antiguos, carros de bomberos históricos, taxis porteños y motocicletas de época protagonizan el primer homenaje del día - . Foto:DyN |
Miles de personas. Centenares de miles, seguro. ¿Millones? Tal vez. Imposible dar cifras certeras en el Paseo del Bicentenario por la fluidez del movimiento, que es constante y sin pausa.
El público se renueva en forma permanente en su paso masificado. Llegan tantos como los que se van. El flujo no se detiene. La incesante convocatoria provocó dificultades para llegar al centro en el transporte público. Desplazarse en subte o en colectivo fue toda una proeza. Lo mismo para hacerlo a pie por la 9 de Julio o para conseguir una ubicación razonable frente al Teatro Colón, para el espectáculo por su reapertura.
El cronista habituado a manifestaciones políticas y deportivas sólo puede poner como antecedentes los cierres de campañas electorales de 1983. Pero no hay aquí un punto único en el cual concentrar la mirada, ni un orador al que escuchar. Es una feria al aire libre, efímera; con flashes que llaman la atención y se disipan rápido. Todo junto, mezclado.
Se cambian los horarios sin anuncio. La reprogramación por la lluvia del domingo lleva en algunos casos a la improvisación. Pero eso no detiene a la gente. Vehículos de décadas pasadas arrancan el desfile dos horas antes de lo previsto.
Pasa el Gordini y el clan de Torinos. Los SIAM Di Tella recuerdan la historia de la industria automotriz local. Las motocicletas Siambretta, una apuesta de Juan Domingo Perón para retemplar la alianza con la clase obrera. Los motociclistas desfilan sin casco. Y hay colectivos. Después de todo, el mito nacional dice que se inventaron acá, igual que el dulce de leche.
Desfilan "bondis" de los años 60. También, unidades nuevas, sin que se sepa muy bien por qué. Los coches se estacionan pasando Venezuela, hacia la autopista. Es un polo de atención popular. En la otra punta, al mismo tiempo, empieza el folklore o la música popular, cualquiera que fuere el significado de ese término.
Gustavo Santaolalla está en el escenario principal, a metros del Obelisco. Otros artistas ocupan, a la vez, plataformas laterales, dispuestas a lo largo del paseo. Todo simultáneamente. Miles de personas caminan de una punta a la otra. Muchos se desplazan sin rumbo fijo. La música se mezcla. Se vuelve ruido de fondo para la caminata.
De todo un poco
En otro escenario, la televisión pública transmite en vivo: un programa de comidas. El visitante al Paseo del Bicentenario observa cómo los misterios de la TV quedan a la vista. Dos muchachos sostienen las cartulinas con el guión que leen el cocinero y su ayudanta. Es como recibir la explicación de un truco de magia. Pierde el encanto.
Al lado de ese improvisado set, están los locales de comida, de las comunidades y de grupos piqueteros. No se regala. No hay degustación gratis. Se vende. A 20 pesos el sándwich, en promedio. La gente pasa algo desilusionada.
Faltan minutos para las 16. Canta Teresa Parodi. Un murmullo colectivo empieza a extenderse por las cuadras. La folklorista está en medio de un tema cuando todos dejan de mirarla. De la nada, tres aviones Hércules saltan el Obelisco. Los siguen una escuadrilla de Tucanos. La Fuerza Aérea hace su primer pasaje por el Paseo del Bicentenario sin que ningún locutor lo anuncie.
Miles, centenares de miles de espectadores en vivo salen de su sorpresa y levantan instintivamente banderas argentinas. Así saludarán los posteriores pasos de esas aeronaves y de aviones Fokker y Pampa en formación.
La chilena Isabel Parra hace un homenaje a Mercedes Sosa. La interrumpe un masivo grito de gol. Maxi Rodríguez abre el marcador en River y explota la 9 de Julio. Pantallas gigantes mostraban el partido mientras lo demás ocurría.
Antes de que empiece el show de tango, la Argentina completa su goleada a Canadá y Fito Páez canta "Dale alegría a mi corazón". Escucharlo cantar "Circo Beat" en el Paseo del Bicentenario también hubiera sido oportuno.
HUBO FESTEJOS EN EL COLISEO ROMANO
ROMA (De nuestra corresponsal).- En una ceremonia de lo más sugestiva, ayer, a la medianoche italiana -las 19 en la Argentina-, las luces del Coliseo de repente se apagaron e inmediatamente después aparecieron proyectadas sobre una de sus milenarias paredes la bandera argentina, el escudo nacional, el símbolo del Bicentenario. La muestra fue oganizada por la embajada argentina. |
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