Bolsonaro, asediado, arremete contra quienes lo investigan

Bolsonaro, asediado, arremete contra quienes lo investigan

El presidente Jair Bolsonaro y sus aliados han tomado una postura cada vez más beligerante hacia la serie de investigaciones criminales y legislativas que envuelven a su gobierno.

El jueves pasado, el asediado presidente de Brasil se encontraba de pie frente a su mansión, indignado y enojado, con una corbata estampada con rifles de asalto.

El día anterior, la policía había realizado allanamientos en propiedades vinculadas a varios de sus partidarios incondicionales como parte de una investigación de una red que difunde desinformación por Internet, la cual forma parte de una serie de pesquisas penales y legislativas en contra de él, miembros de su familia y aliados cercanos.

“No habrá otro día como el de ayer. ¡Basta!”, dijo el presidente Jair Bolsonaro acerca de la incursión del miércoles durante una conferencia de prensa frente a su residencia oficial. “¡Hemos llegado al límite!” Ahora que se está cerrando el cerco de los investigadores alrededor de él y de sus colaboradores, Bolsonaro ha explotado e incluso ha hecho resurgir el fantasma de una crisis constitucional al insinuar que la policía federal no debe acatar las “órdenes absurdas” del Supremo Tribunal Federal.

La postura cada vez más beligerante adoptada por el presidente y sus aliados ante las investigaciones ha originado una inestabilidad política creciente en un momento de crisis nacional porque la rápida propagación del coronavirus está haciendo que se desplome la economía y provocando la muerte de más de 27.000 personas.

La forma en que Bolsonaro ha manejado la pandemia ha recibido cada vez más críticas, lo cual aumenta la sensación de que es un dirigente que se encuentra asediado y que tiene dificultades crecientes para gobernar.

Ahora, Brasil tiene el segundo lugar en el mundo, después de Estados Unidos, de casos confirmados de coronavirus; la pérdida de empleos va en aumento, y los analistas advierten que el país podría caer en una profunda recesión.

Pese a que hay varias investigaciones abiertas contra el presidente y su círculo, parece que los allanamientos de esta semana lo enfurecieron a él y a sus partidarios de manera especial.

El Supremo Tribunal Federal ha estado investigando la divulgación de lo que califica como noticias falsas y la orquestación de campañas de difamación contra sus jueces, y el miércoles la policía federal irrumpió en inmuebles de seis estados y se llevó computadoras, teléfonos y documentos. Algunas de las propiedades estaban ligadas a activistas, empresarios y políticos vinculados estrechamente con Bolsonaro y con sus ideas de derecha.

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Los detractores del presidente celebraron estos cateos.

“El Supremo Tribunal Federal está teniendo una participación importante e histórica para salvaguardar la democracia”, señaló José Carlos Dias, quien fue ministro de Justicia.

Sin embargo, Bolsonaro dijo que estos allanamientos interfieren con su facultad para gobernar.

“Tenemos que poner límites”, les dijo a los reporteros el jueves. “Les pido por última vez que dejen trabajar al gobierno”.

Sus aliados políticos también se apresuraron a salir en su defensa.

El ministro de Educación de Bolsonaro, Abraham Weintraub, comparó las incursiones con la noche de los cristales rotos en Alemania y a los medios de comunicación con los nazis, lo cual despertó intensas críticas del Comité Judío Estadounidense.

Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente y legislador federal, advirtió que el país se estaba aproximando a lo que llamó un “momento de ruptura”.

“Ya no se trata de una opinión sobre si ocurrirá, sino de cuándo sucederá”, advirtió sin dar mayores detalles acerca del tipo de ruptura que prevé.

En su campaña electoral, Bolsonaro se sirvió de un trabajo de desinformación bien organizado en las plataformas de las redes sociales y en las aplicaciones de mensajería.

Sus detractores dicen que, después de que Bolsonaro tomara posesión del cargo, sus partidarios siguieron usando estas herramientas para difundir noticias falsas y atacar a las instituciones estatales, incluidas denostaciones a los magistrados del máximo tribunal que han estado en contra de sus políticas.

Eloísa Machado, profesora de Derecho en la universidad Fundación Getulio Vargas en San Pablo, dijo que la investigación ha dado a conocer un “plan organizado” en el que participan miembros del Congreso, asesores políticos, blogueros y financieros “para sembrar amenazas al Supremo Tribunal Federal y en contra de la democracia”.

Estas comunidades en internet también son objeto de investigación por parte de un comité del Congreso, del Tribunal Superior Electoral y del Tribunal de Cuentas de la Unión, un organismo de auditoría vinculado con el Congreso brasileño.

En fechas recientes, el Supremo Tribunal Federal abrió una investigación sobre las acusaciones de que Bolsonaro había intentado ejercer control de manera indebida sobre la policía federal con fines políticos, lo cual se suma a la presión que ya tiene.

La semana pasada, Celso de Mello, un magistrado del Supremo Tribunal Federal que supervisa la investigación, publicó el video de una reunión de gabinete efectuada en abril que se ha proporcionado como prueba de que Bolsonaro estaba tratando de tener injerencia en la policía federal para proteger a sus amigos y familiares.

En el video, Bolsonaro insinuaba, de manera burda, que estaba en su derecho de remplazar a los oficiales de seguridad con tal de evitar que “por puro gusto, toda mi familia o algún amigo mío” tengan dificultades.

“Si no podemos remplazar al oficial, cambiamos a su jefe”, señaló. “¿No podemos cambiar al jefe? Cambiamos al ministro y ya. No estamos bromeando”.

Posteriormente, Bolsonaro dijo que se estaba refiriendo a la guardia de seguridad personal de su familia, no a la policía federal.

Los investigadores no han revelado gran cosa acerca de la coordinación y el funcionamiento interno de las redes de desinformación en Internet que han estado analizando, pero la investigación del Congreso ha encontrado pruebas de que un miembro del personal de la oficina del hijo de Bolsonaro había ayudado a coordinar una página de Facebook que lanzaba campañas negativas contra los enemigos políticos del presidente.

El presidente ha dicho que las investigaciones contra las redes en Internet son una iniciativa para amordazar a sus partidarios y un ataque abierto a la libertad que tienen de criticar a opositores políticos y burlarse de las políticas con las que no están de acuerdo, como las medidas de distanciamiento social destinadas a contener el coronavirus.

“El objetivo de esta operación es atacar a quienes me apoyan”, les dijo a los reporteros el jueves. “Quieren deshacerse de los medios que me respaldan”.

Incluso algunos de los opositores y detractores de Bolsonaro han cuestionado la legalidad de la investigación más reciente del Supremo Tribunal Federal y han puesto en duda su credibilidad.

El fiscal general de Brasil, Augusto Aras, un aliado esencial del presidente, el miércoles presentó una solicitud al máximo tribunal para detener la investigación. Señaló que pese a que algunas de las pruebas que el tribunal ha reunido son “incisivas”, representan “la difusión de opiniones y cosmovisiones, protegida por la libertad de expresión”.

En el fallo en que Alexandre de Moraes, magistrado del Supremo Tribunal Federal, ordenó estos allanamientos, señaló que las redes se habían dedicado a actividades que iban desde la promoción de etiquetas como #SupremoTribunalVergüenzaNacional hasta la convocatoria a un golpe de Estado militar.

El alboroto político en torno a Bolsonaro ha agotado recursos políticos que podrían usarse para salvar vidas durante la actual crisis sanitaria, afirmó Vitor Lourenço, activista de la comunidad de Duque de Caixas, una de las ciudades más afectadas por el coronavirus.

“En medio de la pandemia, en la que mueren mil personas todos los días, el gobierno está teniendo reuniones de gabinete para hablar de su propia crisis política”, comentó. “La negligencia no se detiene”.

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