Aumentos, dispersión de precios y faltantes en los supermercados

Aumentos, dispersión de precios y faltantes en los supermercados

Las irregularidades se repiten en distintas cadenas. También se advierten "ofertas engañosas" e incumplimiento de medidas de prevención. El municipio y las entidades defensoras de los consumidores reciben denuncias permanentemente.

Pese a la vigencia de los programas Precios Cuidados y Precios Máximos, comer sale cada vez más caro. Las góndolas de distintos supermercados de Mar del Plata dejan en evidencia ciertas “avivadas” frecuentes para sortear las normativas, mientras en simultáneo se aplican gruesos aumentos en distintos productos.

La dispersión de precios entre una cadena y otra es notable, y la recomendación de recorrer antes de comprar encuentra un obstáculo sanitario: la limitación de ir sólo a negocios o supermercados de proximidad como establece la cuarentena obligatoria.

Los consumidores advierten este tipo de situaciones que se registran y se repiten desde el inicio de la cuarentena. Varios de ellos proceden a denunciar las irregularidades, ya sea a través de Defensa del Consumidor, la Provincia de Buenos Aires o el Estado nacional.

Buena parte de las denuncias apunta a los “precios excesivos” que se encuentran en varios supermercados, a veces sin respetar los Precios Máximos, otras desarrollando estrategias de marketing con artículos por fuera del programa impulsado por el Gobierno nacional.

Mientras que -según los relevamientos de entidades que defienden a los consumidores-, Toledo lidera el ránking de las cadenas con mayor cantidad de irregularidades (precios excesivos, incumplimiento de los programas de control de precio y publicidad engañosa), en Carrefour, Disco y Vea también se advierten problemas similares y una amplia diferencia de precios, además de dudosas ofertas.

Desde la Liga de Consumidores y Usuarios de Mar del Plata sostienen que “no todas las sucursales respetan del todo los Precios Máximos” y detectan “faltantes de algunas marcas o variedades (en tamaño) del mismo producto”.

Marisa Sánchez, presidenta de esta entidad, señaló que “en muchos supermercados no hay suficiente variedad de marcas, pero también las propias marcas traen a veces los productos con aumentos, como pasó con algunas yerbas, aceites, leches y productos de limpieza, entre otros”.

En algunos casos, la especulación económica convierte a las cadenas en “formadores de precios”.

Las integrantes de la Liga continúan realizando recorridas frecuentes por distintas sucursales de la ciudad y advierten “permanentemente irregularidades” de distinta índole. “Algunas disponen ofertas, pero no todas sirven.

Hay que recorrer para encontrar el mejor precio, pero eso implica una dificultad ya que la recomendación es concurrir a comercios de cercanía”, indicó Sánchez en ese sentido.

Engaños

El cartel indica que el producto está “en oferta”, pero no aclara cuánto costaba antes. LA CAPITAL pudo constatar que algunos productos que se ofrecen bajo esa modalidad, ciertamente están más caros que en otros supermercados.

Esta práctica se repite en varias cadenas y ya promovió una importante cantidad de denuncias a Defensa del Consumidor, que constató irregularidades y ya labró infracciones a distintas sucursales.

Por otro lado, la próxima semana el Gobierno renovará hasta fin de junio el programa Precios Máximos, que llevó a retrotraer el valor de más de 2.000 productos a lo que costaban el 6 de marzo.

Sin embargo, no todas las cadenas respetan la iniciativa y promocionan productos similares o derivados del mismo a precios sustancialmente más altos. El acatamiento del programa es dispar en la ciudad.

“Cuando se lanzó Precios Máximos, muchos productos ya venían con aumentos. Se hace muy complejo poder comparar hoy. Y a su vez por internet no se consiguen todos los productos o bien están a veces más caros que en el establecimiento”, alertaron desde Consumidores Argentinos.

Asimismo, señalaron que algunas cadenas disponen nuevos productos no incluidos en Precios Máximos (aunque muy parecidos) y allí se incurre en un nuevo engaño que golpea el bolsillo de los consumidores.

Las quejas por estos engaños se multiplican en las redes sociales y llegan a estas entidades que defienden a los consumidores. El balance de las mismas permite advertir que “a la gente le está costando cada vez más alimentarse”.

Alarmante variedad

De la mano de los aumentos y la remarcación, por fuera del programa Precios Cuidados (en general se respeta) la dispersión de precios es tan notable como alarmante: un mismo producto puede variar en hasta 30, 40 o 50 pesos -o más en casos puntuales- de un supermercado a otro, a pocas cuadras de distancia. Sin embargo, recorrer para ahorrar, no es una opción.

El tiempo que lleva hoy hacer una compra en muchas de las cadenas limita la posibilidad de poder ir luego a otra a hacer una nueva fila y esperar para comparar precios antes de comprar y así cuidar el bolsillo.

LA CAPITAL simuló la misma compra de diez productos en tres grandes cadenas de la ciudad y el total varía en hasta 150 pesos de uno a otro.

Dependiendo del supermercado, un mismo paquete de yerba Amanda de un kilo puede costar 225 o 275 pesos. La Unión varía de los 233 a los 270 pesos de un lugar a otro.

Los fideos más económicos no bajan de los 34 pesos y algunos de segundas marcas cuestan entre 55 y 75 pesos, mientras que rozan los 100 pesos el paquete.

“Encontramos una gran diferencia de precios entre los productos, notamos mucha dispersión”, indicó al respecto Sergio Procelli, titular de Consumidores Argentinos en Mar del Plata.

En ese sentido, advirtió: “Para saldar esa dispersión sería clave recorrer distintas cadenas, pero no se puede hacer sino que hay que ir a negocios de proximidad, lo que implica tiempo para hacer la cola, respetando el protocolo y la capacidad máxima de personas dentro de cada establecimiento”.

Por solo nombrar otros ejemplos, el mismo puré de tomates puede costar de 42 a 53 pesos según el supermercado, igual que el arroz largo fino Ala, que se vende de los 50 pesos hasta los 62 pesos, según la cadena. La misma polenta varía de los 79 a los 89 pesos.

La lavandina de 2 litros se consigue de los 70 pesos en adelante. Algunas marcas lanzaron nuevas variedades de los mismos productos para sortear Precios Máximos y en algunas góndolas dicho producto roza los 90 pesos.

Los huevos, uno de los productos básicos que más aumentó en las últimas semanas (se especula que se debe a que creció la demanda), se comercializan por hasta 150 pesos la docena. Y los maples pasaron de costar 150 pesos a 290, lo que implica un aumento de casi el 100%.

El pan rallado Preferido, en tanto, se vende en “oferta” en algunos supermercados a 83 pesos, mientras que en otros -sin promoción- se consigue por 72 pesos o menos.

El café Dolca de 170 gramos puede comprarse desde los 219 hasta los 379 pesos, según el lugar. La diferencia es abismal: 160 pesos.

La caja de té Taragüí se vende a 32 pesos en algunos supermercados y otras supera ampliamente los 40 pesos.

Algunos potes de dulce de leche de 400 gramos rozan los 100 pesos, mientras que el kilo de azúcar Ledesma cuesta 52 pesos en algunas sucursales, 60 pesos en otras y en algunas directamente está en falta.

Las mismas sopas instantáneas Knorr cuestan 65 pesos en un supermercado y 75 en otros, mientras que las sopas Quick (caldos), valen 100 pesos en algunas cadenas y hasta 114 pesos en otras.

Las latas de jardinera oscilan entre los 37 y los 52 pesos. Los productos congelados fueron fuertemente remarcados en las cadenas más grandes, igual que algunos artículos de perfumería y limpieza.

Clave en este sentido en la utilización de la web o la aplicación Precios Claros, una completa herramienta gratuita al servicio de los consumidores que informa el valor de referencia al que deben venderse los productos.

Pasillos llenos

Si bien todos los súper e hipermercados limitan la capacidad máxima de personas, en algunos fue flexibilizándose este control y los pasillos se encuentran llenos de personas al mismo tiempo en horarios pico.

En algunos, el distanciamiento social solo se aplica en las cajas y mostradores, mientras que entre las góndolas la circulación es intensa, en las antípodas de la distancia que se busca hacer respetar, entendiendo en esto también una clara responsabilidad social de los consumidores.

Si bien resulta obligatorio ingresar con barbijos/ tapa bocas y en todas las cadenas se rocían las manos con alcohol al entrar, una vez con el changuito en mano, los cuidados parecen quedar opacados por la urgencia de cuidar el bolsillo frente a los incrementos en los precios.

Comentá la nota