Zonas liberadas

En 2010, un grupo de empleados de inspección denuncio que se había “liberado” la nocturnidad de la ciudad. Y que como parte de ese procedimiento se había cambiado a todos los trabajadores del turno.
A esa altura, el tema era sabido el jefe comunal y su entorno, pero todavía lo respaldaban al funcionario amigo del Intendente, quien se movía como un zorro en el gallinero.

Como en un policial clásico, los acontecimientos que en algún momento se presentaban sin vinculación empiezan a cobrar un sentido, a definir un argumento y una historia. La historia siempre estuvo allí, ante los ojos, pero lo que faltaba para verla claramente eran más datos.

Por estos días se empezaron a difundir los procedimientos de Inspección General en los prostíbulos de la ciudad que pese a estar prohibidos por ordenanza siguen funcionando tras las fachadas de bares. Bares de “mala muerte”, diría el senador Carlos Fernández que resultó ser dueño de un local donde operaba uno de ellos hasta hace unas semanas.

Fue, justamente, una denuncia por trata de personas y las declaraciones de un fiscal, ambas sobre el tema del bar Ekeko, el prostíbulo que funcionaba en el local del senador, las que desataron la serie de procedimientos y clausuras que hoy son noticia y bien recibidos por los sectores que les estaban reclamando.

Finalmente, la ordenanza se estaría haciendo cumplir y eso es un dato alentador en una ciudad donde la falta de controles es un flanco débil, pero sobre todo, donde la arbitrariedad de los controles deja libre y facilita el camino de la coima y los arreglos bajo cuerda. El titular del área se viene mostrando resuelto a reparar el hueco por donde entraron unas cuantas balas políticas a la gestión.

Entre tanto, empiezan a cerrar algunas historias que hasta ahora parecían inconexas.

Una de ellas tiene que ver con el fiscal y con el área de Inspección. Allegados al hombre de la Justicia sostienen que el antecesor de Bayerque en Inspección General, Ruben Crovo, hacía “desastres” en el área, “liberaba” actividades no permitidas y hacía de ello un mecanismo imposible de desbaratar pero que naturalmente generaba beneficios varios. Desde lo político estaba respaldado porque era el hombre de confianza de Lunghi, un funcionario todo terreno que hacía tanto de chofer como de mandadero personal, pero que en el último tiempo había ocupado también cargos de trascendencia con el rango de director en el Municipio.

Finalmente, Lunghi le soltó la mano. Dijo que había sido por “motivos personales”. Lo había sostenido durante más de 8 años. Allegados al Intendente aseguran que lo que motivó al jefe comunal fue una cuenta impaga en un taller donde se arreglaba su auto particular, pero lo cierto es que se venían acumulando sobre el funcionario denuncias, informales sobre todo, y que algunos de sus funcionarios de confianza le recomendaron que se lo sacara de encima antes de un escándalo de dimensiones insostenibles.

Ese hombre de confianza del Intendente era quien debía controlar el cumplimiento de las ordenanzas y de las habilitaciones municipales. Era el zorro en el gallinero. Lo ingenuo es pensar, a esta altura, que no se sabía a quién se estaba poniendo allí.

En 2010, un grupo de empleados de inspección denuncio que se había “liberado” la nocturnidad de la ciudad. Y que como parte de ese procedimiento se había cambiado a todos los trabajadores del turno.

A esa altura, el tema era sabido el jefe comunal y su entorno, pero todavía lo respaldaban al funcionario amigo del Intendente.

A mediados de setiembre de 2010 un grupo de inspectores hablaba en Radio Tandil de “la decisión Rubén Crovo para no realizar inspecciones los fines de semana”.

Por su parte, el secretario de Gobierno, Matías Civale, salió a desmentir la denuncia y aseguró que “sólo hicimos una rotación del personal para garantizar un mayor control”.

El portal ABCHoy publicó la nota completa con el rumor y con la respuesta del secretario.

A esta altura de los acontecimientos, ese hecho empieza a tomar otra significación. Las críticas del fiscal empiezan a “cerrar” y también se explica por qué el hombre de la Justicia recibió con satisfacción el cambio cuando asumió Bayerque al frente de Inspección.

En su momento, Civale dijo: “no estamos hablando de irregularidades, sino de la necesidad de generar retoques en los controles, porque si a un determinado lugar va siempre el mismo inspector es como que se simplifica el control, y lo que necesitamos es todo lo contrario, potenciar esos controles para garantizar la seguridad de todos los que concurren”.

La realidad, al parecer era otra, más parecida a la que planteaban lo trabajadores que a la versión oficial. Sobre todo hoy, después que se supo que un senador y ex funcionario del gobierno local era propietario de un local donde funcionaba un prostíbulo.

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