Una zona con espíritu de barrio elegida por los más jóvenes para construir sus viviendas

Una zona con espíritu de barrio elegida por los más jóvenes para construir sus viviendas
La zona se convirtió en una de las elegidas por los más jóvenes para construir sus viviendas, muchas de las cuales fueron levantadas con ayuda de los créditos Procrear. Los desarrolladores inmobiliarios piden más y mejores servicios.

La ruta 11, al sur del faro, serpentea entre el mar y el verde campo que alberga desde canchas de golf hasta casas de fin de semana que se alquilan por periodos cortos, además de distintas construcciones que se convirtieron en las moradas de todos los días de distintas familias.

Después de la sucesión de balnearios-paradores elegidos por su exclusividad y extensión, los acantilados constituyen la postal que por momentos se asemeja al País Vasco Francés, con el sonido del mar golpeando sobre las rocas de las flamantes escolleras que buscan aplacar el avance marino.

De un tiempo a ésta parte, barrios como El Alfar, Costa Azul, San Carlos, San Jacinto o Los Acantilados vieron crecer sus construcciones y muchas viviendas de fin de semana que se convirtieron en hogares permanentes. En la zona, también comenzaron a surgir barrios privados.

A la belleza natural del paisaje se le suman las buenas vías de acceso -la Ruta 11 o Jorge Newbery-, más conocida como la continuación de Edison o el camino viejo a Miramar-, que pueden ser mejorables, al igual que el transporte público. Si bien la zona "tiene potencial", los desarrolladores inmobiliarios dicen que deberían apuntalar la llegada de todos los servicios públicos para poder afianzarse como destino "premium".

El empuje está corporizado, en parte, por la Cámara de Empresarios de Punta Mogotes que desde hace años viene bregando para que la zona se transforme en busca de calidad y mejores servicios para que aquellos que eligen las playas del sur se queden instalados en la zona y no regresen al centro de la ciudad. Ello evitaría, por ejemplo, las largas colas de vehículos que se generan durante la temporada veraniega en horarios pico.

En ese sentido, una iniciativa propone "la construcción de centros comerciales y lugares de esparcimiento. Hacen falta inversiones de nivel para poder ofrecerle al cliente la posibilidad de no tener que regresar a la ciudad", señaló a LA CAPITAL el presidente del Colegio de Martilleros de General Pueyrredon, Miguel Angel Donsini, que desde hace "muchos años" trabaja en ese sector geográfico.

Sin dudas, el martillero describió a la zona sur de Mar del Plata como "la mejor" debido a "sus playas, sin ningún margen de contaminación, y los lugares privilegiados que tiene. Por eso hacen falta inversiones de nivel, como un supermercado o un shopping", ejemplificó.

Oportunidades

La calidad de vida, junto con los precios de los lotes, fueron algunas de las variantes que influyeron en muchos jóvenes -casados o solteros- a la hora de mudarse a ese sector de la ciudad.

De acuerdo a los precios de mercado, en promedio, un lote puede adquirirse desde los "15 mil dólares" a escasos metros del mar, aunque las cotizaciones pueden descender a medida que la parcela se aleja de la costa.

Estos barrios, hace años, eran casi exclusivos para turistas que tenían su vivienda para pasar sus vacaciones. Pero hoy la situación cambió, ya que a ese sector se le sumaron muchos marplatenses que se mudaron. "Los precios más o menos se mantuvieron, lo que aumentaron fueron las construcciones en la zona, empujados en muchos casos por los créditos Procrear", explicó Diego, de Potente Inmobiliaria que trabaja en el sector desde hace 45 años.

Rolando heredó de sus padres un alpino en San Patricio, que hace "20 años lo usábamos para veranear, cuando nosotros todavía vivíamos en Buenos Aires. Después nos mudamos todos para acá y cuando me casé -hace 5 años- me regalaron la casa y acá nos instalamos".

Por su parte David, marplatense de 40 años, casado y padre de dos hijos, se mudó a una "casita en el Alfar hace unos 8 años. Compramos el lote y empezamos a construir y a medida que pudimos fuimos agrandando".

Entre las cuestiones que lo llevaron a mudarse -toda la vida vivió en el barrio San Carlos- fueron los "costos y la calidad de vida que tenés acá. Nos gusta el lugar, estamos cerca de las mejores playas y los chicos pueden andar en bicicleta como cuando yo era chico en mi barrio", reseñó el guardavidas que no se mueve del lugar si no es "estrictamente necesario".

Si bien tienen servicios como "luz y gas natural", reconoció que "nos falta lo esencial, que es el agua corriente, porque la de acá sale de las napas y no es de la mejor calidad. Por suerte, después de muchas manifestaciones, la sociedad de fomento puso tanques y de ahí cargamos". En ese sentido, reclamó "la pronta instalación del agua corriente" y se entusiasmó con que la misma se realice en el corto plazo.

Distintos casos

Cecilia, casada con dos hijos, hace casi una década que se instaló en Los Acantilados junto a su marido, cerca de la sede de la sociedad de fomento. "Teníamos el terreno y poco a poco fuimos construyendo. Primero alquilamos una casita, para ver si nos adaptábamos, y después empezamos a construir", contó.

Hoy, a la casa de cuatro ambientes, sólo le quedan detalles de terminación, como lo muestran sus paredes que están solamente revocadas.

La falta de servicios se padece en el día a día, como con el corte de la señal telefónica o la lentitud que tiene el servicio de internet, además de las pocas frecuencias que tiene el servicio de transporte público.

"Si no tenés auto, es medio complicado, sobre todo con chicos y horarios, porque el micro pasa cada una hora", detalló Cecilia quien una vez por semana va a trabajar a Batán pero "tengo que tomar un colectivo hasta el centro de Mar del Plata y de ahí otro a Batán, tardando dos horas, cuando podría llegar en 25 minutos a través de un camino vecinal. Pero bueno, es cuestión de organización".

Margarita está en obra todavía pero piensa mudarse "antes del verano, así me falten cosas", calculó mostrando los avances de la vivienda que sigue diariamente su marido. "Teníamos hace mucho el terreno -contó-, siempre con la idea de construir, pero la verdad es que siempre nos faltaban los billetes. Hasta que hicimos todos los trámites para los créditos Procrear, creo que fuimos uno de los primeros adjudicatarios de la ciudad", señaló esta mujer de 35 años.

Los emprendedores inmobiliarios coincidieron en señalar a los mencionados créditos como "una de las causas del crecimiento de la zona", ya que permitió "mover algo el mercado en un momento en que estaba paralizado. Fue una buena herramienta", sintetizaron.

Cambio totales

Gonzalo, junto a su mujer Paz y dos hijos, decidieron abandonar Buenos Aires y mudarse a Mar del Plata, con la idea de construir en la zona sur, más precisamente en El Marquesado.

El terreno lo compraron en 2009 y el año pasado se mudaron, aunque debieron alquilar una casa en San Carlos hasta que terminan la propia, antes de este verano.

"Nos gustó la combinación de naturaleza y ciudad, estar cerca del mar y además por una cuestión económica", explicó este especialista en sistemas que por su trabajo no necesariamente tiene que ir a la ciudad todos los días.

Si bien la construcción la empezaron con "dinero propio, después nos estafó el constructor y nos metimos en un crédito Procrear y por suerte salió", detalló.

"Puedo trabajar desde casa -contó divertido- así que no vamos mucho a la ciudad. Cada vez que llevamos a los chicos se fascinan, miran las luces asombrados"·

Así la cosas, calificó a la adaptación a la ciudad como "intensiva, porque cambió todo, teníamos, tenemos todavía, todo por descubrir".

Christian vive hace 14 años en el Faro, cuando los terrenos linderos al suyo estaban desocupados y había pocas casas por cuadra. "A comienzos del 2000 -relató- compré el terreno porque estaba a mi alcance, era una zona que me gustaba, la conocía de venir a surfear y se presentó la oportunidad y no dudé".

Así fue que, después de más de un cuarto de siglo, abandonó Playa Grande (su barrio de siempre) y se instaló en la casa que construyó, donde ahora también montó su taller de tablas de surf.

"En este lugar -describió- encontré lo que tenía en mi barrio cuando era chico: tranquilidad, silencio, árboles, saludar al vecino. Y sigo estando a cinco cuadras del mar".

La zona cuenta con todos los servicios públicos, aunque las cloacas están a medio instalar, y los accesos son buenos. "Si tenés que ir a la ciudad, como le decimos acá -se rió-, estás en 20 minutos, todo por la costa, aunque también tenés varias líneas de colectivo que funcionan bien".

Soltero, de novio hace cinco meses, no dudó en afirmar que el sur "es mi lugar en el mundo y no creo que me mude. Aunque está cada vez más poblado, pero es una cuestión normal".

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