Yeza: "En el colegio era el goma que decía que iba a ser presidente"

Yeza:

Pasadas las 13.30, Martín Yeza llega a “Nelson Bar”, un pequeño restaurante sobre la avenida que desemboca en el extenso mar de Pinamar. Viste una remera azul, bermuda negra y nada en sus pies. “Calzo 46 y medio, no consigo ojotas de mi talle”, dice, entre risas.

Yeza asumió como intendente de Pina-mar con apenas 29 años, siendo el alcalde más joven de la provincia de Buenos Aires.

Con una jarra de limonada y sándwich de pollo de por medio, el flamante jefe co- munal contó a La Tecla sus expectativas al frente del Municipio, su visión sobre la política y su deseo de seguir siendo un “tipo normal”.

-¿Qué cambió en Pinamar desde que asumió?

-Lo que cambió es la capacidad de

confiar en el intendente y confiar en la estructura institucional de Pinamar.

-Muchos tomaron por sorpresa su triunfo. ¿Usted también?

-Trabajé mucho, mentiría si dijera que sí. Milito desde los 12 años. Era el “goma”. El típico compañerito del colegio que dice que quiere ser Presidente (risas).

-¿Quiere ser Presidente?

-Nadie que esté en política te diría que no. Como todos. Si sos futbolista, querés ser el mejor futbolista de todos; si sos político, algunos quieren aspirar a llegar al más alto rango del país. Pero para eso también es muy importante

el camino, y si hay algo que aprendí es a respetar las etapas. Mis etapas empezaron muy temprano. No quemé etapas, pero las hice todas muy joven.

-¿Cuáles son las ventajas y desventajas de ser joven?

-La desventaja es que siempre te están subestimando, y eso hace todo muy tedioso. Tener que hacerle entender a otra persona que en determinado punto no sos un gil, es una situación bastante fastidiosa. Creen que porque tenés 29 y sonreís todo el tiempo, cuando estás con la gente y disfrutando, sos un tarado. Más allá de eso, la ventaja es que tengo mucha energía. Trabajo entre 16 y 18 horas por día, y el resto de mis funcionarios, lo mismo. El 90 por ciento de mis funcionarios tienen menos de 35 años y son todos profesionales.

-¿Nota una renovación en la política provincial?

-Para mí no es sólo un tema de cambios de apariencias. El principal problema que tenemos no es cambiar de gente, sino cambiar de mentalidad. El verdadero cambio tiene que pasar por ahí. El macrismo no existe. No hay una doctrina macrista. Empezamos a transitar un cambio de cultura que significa que el político sea una persona normal. Los políticos, aún los hay, son unos extraterrestres que pensaban que estaban en el despacho de su oficina y recibían el viento del oráculo de Tebas y creían que la sociedad necesitaba eso. Y la verdad es que no. La gente y la realidad se los llevó puestos. Vamos hacia una sociedad más normal.

-Pero ¿cuáles son los parámetros de lo normal?

-No es normal tener un chofer, ni tener cuatro secretarias; que te pague todo el Estado, que tus hijos y vos tengan custodia privada. Tenés que tener un estilo de vida acorde. Acá hubo muchos casos de corrupción. Pero si hay políticos corruptos es porque hubo empresarios corruptos. Para que este cambio sea posible se re-quiere cierto grado de autocrítica social.

-¿Por qué se les hace tan complicado a los intendentes de Pinamar culminar su mandato?

-El primer récord que batí fue ser el intendente electo más joven de la Provincia; ahora tengo que batir el récord de durar más de un año (risas). Es medio nerd mi fórmula, pero trabajo bajo el imperativo categórico kantiano: hay que trabajar como si te estuvieran grabando todo el tiempo y pensar como si te estuvieran grabando. Es parte de las ventajas de tener 29 años. Estoy soltero, no tengo hijos. Me gusta mucho lo que hago, tengo el trabajo que siempre soñé. No tengo intenciones de hacer ni medio centímetro las co-sas mal. En Pinamar hay intereses por detrás, siempre. La materia prima de todo eso es la corrupción. Sin corrupción no hay detrás.

-También juega un rol importante el Concejo Deliberante; ha destituido a los intendentes…

-El Concejo Deliberante tomó la gimnasia legislativa de poner palos en la rueda. Hace una semana quisieron promulgar una ordenanza para prohibir el baile en todo Pinamar.

-¿Como en la película Footloose?

-Sí, tal cual. La ordenanza no se promulgó pero hubo un sector que lo quiso hacer.

-Va a tener un enfrentamiento constante…

-Sí. Por eso, cuando todos me preguntan si soy peronista o radical, les contesto que soy budista. Voy a tener que hacer “omm” (risas).

-De 1 a 10, ¿cómo fue la transición con el gobierno de Elizalde?

-Un 8, porque recibimos un montón de información. El problema es con lo que nos encontramos de la gestión de Elizalde.

-¿Con qué se encontraron?

-El gas, el teléfono e internet estaban cortados. Había faltante de sillas, vehículos rotos, sin pintura en los corralones para pintar los badenes; sin escobas, con el 95 por ciento de las máquinas viales rotas. El escenario era depresivo. Pero también me pasó que desde el 10 de diciembre, a todos estos temas de falta de solución los empezamos a solucionar. En muchos casos, los servicios estaban cortados hacía un año. Lo resolvimos en 15 minutos.

-¿Cuánto juega su experiencia de trabajo en el gobierno de la Ciudad? ¿Podrá trasladar algunas políticas a Pinamar?

-Sí, sobre todo la metodología. Es el factor diferencial del PRO. Lo define una metodolo-gía. No nos casamos con nuestras propias ideas, no estamos enamorados de lo que pensamos. Si dijimos una estupidez, no tenemos problema en retractarnos y pedir disculpas.

-Pero eso lleva a una contradicción…

-Sí, pero no es malo contradecirse; al revés.

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