Lo hizo el abogado Pedro Velázquez Ibarra en un emotivo documento, donde destacó la actitud del presidente del Superior Tribunal de Justicia, de pedir perdón públicamente por tanto silencio ante lo ocurrido en Formosa durante la última dictadura militar.
En un escrito construido en primera persona, al que tituló ?Resignificación histórica?, Velázquez Ibarra consideró que ?el homenaje a los empleados judiciales víctimas del terrorismo de Estado, con placas recordatorias y fotos de los trabajadores que aún continúan desaparecidos, constituye un acto institucional histórico que pone fin a la negación y al olvido reinante en Formosa?.
Al fundamentar, describió que ?es la primera vez que un poder del Estado, como es el Poder Judicial nada menos, a través de su Presidente Dr. Ariel Gustavo Coll pidió perdón por las atrocidades padecidas por las víctimas de toda la provincia y no solo de quienes trabajaron o trabajan en la Justicia, confesando la vergüenza de haber callado tantos años y que hasta hoy hiela la sangre leer las acordadas que declaraban cesantes por faltas injustificadas a los empleados desaparecidos, cuando todos sabían que los llevaron para no traerlos nunca más, apuntando directamente a los colaborados civiles de la represión ilegal , quienes hasta la actualidad continúan impunes amparados por los fiscales federales?.
?La valentía, la sinceridad y la emoción con que el Dr. Coll expresó sus convicciones de repudio a la dictadura militar más sangrienta que azolara a los argentinos, es realmente encomiable desde todos los aspectos, ubicando al presidente del Superior Tribunal muy lejos de la mera retórica, repetida mecánicamente cada año, de otros funcionarios de los demás poderes, erigiéndose al mismo tiempo en ser también el primero en contribuir a la construcción de la memoria colectiva en cumplimiento de la ley nacional y las obligaciones internacionales contraída por el Estado argentino. El pico máximo de emotividad para victimas sobrevivientes, familiares, y para quienes compartimos la militancia con los trabajadores desaparecidos, protagonistas centrales en la conquista gremial de lo que se conoció como Ley de Enganche, jóvenes que en su mayoría apenas superaban los veinte años, se produjo cuando afirmó que las fotos de los desaparecidos clavados ahora en el corazón de un edificio judicial, donde diariamente acuden ciudadanos a reclamar sus derechos y magistrados encargados de reconocerlos, nos van a interpelar a través de sus retratos en cada mañana, en cada jornada de trabajo, regresando así a la casa grande de donde fueron arrancados, no solo como bandera de verdad, justicia y memoria, sino también como ejemplo de entrega, de servicio, de práctica de valores que trascienden lo individual, como ejemplos de vida, porque dieron la suya por sus compañeros y por lo que creían más justo para la patria?, parafraseó.
REGRESO A CASA
Velázquez Ibarra recordó que ?finalizó el Dr. Coll su discurso con la conmocionante frase: ?Compañeros, bienvenidos a casa?, arrancando lágrimas a los presentes e instalando entre las víctimas y familiares la certeza existencial de que podríamos iniciar el culturalmente ineludible duelo a partir de tener un lugar para el recuerdo permanente, más allá de que los verdugos aún hoy no devuelven sus cuerpos. El homenaje adquiere aún mayor relevancia en momentos en que los ?jóvenes? de hoy - con 40 años, o más -, convencidos de realizar una militancia épica encaramados en los recursos proporcionados por fabulosas sinecuras gastan sus afanes en combates mediáticos defendiendo el modelo de las críticas por corrupción, inseguridad, degradación institucional, negando hasta la inflación, atribuyendo todo a maniobras conspirativas y destituyentes que atentan contra la causa nacional y popular. De esa manera, sólo se pone en evidencia un tiempo en que se ha trastocado el horizonte de representaciones e ideales capaces de recrear las esperanzas del pasado, con creencias fracturadas, en síntesis con utopías derrumbadas?, agregó.
?Un ideal de memoria es el que suture el hilo histórico brutalmente cortado por el terrorismo de Estado, sin desconocer las incertidumbres del presente, tratando de curar las heridas a partir de saber que, así como el olvido no borra el pasado, tampoco la memoria repara lo irreparable?, postuló.
?La mayor certidumbre que nos debería convocar reside en el rescate de las victimas, uniendo la memoria con el duelo: el deber de reintegrar a los muertos insepultos, los desaparecidos, y los niños privados de identidad. Este propósito fue expuesto y logrado con el homenaje del Poder Judicial a través de su Presidente, Ariel Gustavo Coll, a quien expreso mi público reconocimiento que, estoy seguro, es compartido por todas las víctimas sobrevivientes y familiares de los desaparecidos y quedará incorporada a la mejor historia institucional de Formosa. La defensa de la vida, la libertad y el repudio a la dictadura fueron honradas institucionalmente por primera vez consolidando la esperanza de que nunca más se repita la tragedia. Es de esperar que los otros poderes del Estado imiten al Poder Judicial?, reclamó finalmente.


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