Votos y billetes

Votos y billetes

Por Pablo Salgado

Democracia. Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. La fiesta de las elecciones, cada dos años, expresando en libertad nuestro votos, en quien confiamos, a quien apoyamos, que gobierno queremos.

Un hombre, un voto, una mujer, un voto. Voluntario u obligatorio. A los 16, a los 40, o a los 95 años, como Celia, a quien conocí en las últimas elecciones. Se tomó el micro y se fue a votar en el puerto marplatense.

En democracia, el voto de Celia y el voto de Juan José Aranguren, titular de Shell Argentina, valen lo mismo.

Pero en la economía, las finanzas y el mercado, hay otras variables y otros mecanismos. Y ahí las cosas cambian.

Estamos ante la búsqueda de previsibilidad, de reglas claras y grandes desafíos. Es lógico demandar desde el estado relación entre ingresos genuinos y poder de ahorro y atesoramiento en dólares. Es importante establecer prioridades: El mantenimiento de reservas del Central, el mando de la política económica, la fortaleza de lo público para generar políticas redistributivas; son prioridades antes que permitir abierta y ampliamente que todos aquellos poderosos y con alto poder adquisitivo se apoderen de todos los dólares posibles, independientemente de sus ingresos. Por eso el tope de 2000 dólares por mes.

Ante todas estas determinaciones, el poder económico, los cientos o miles de Aranguren que tiene el país, deciden jugar sus cartas. Prefieren pagar más por un dolar, con tal de blanquear su disidencia con las formas e ideas de este gobierno. Generar una corrida, la novena en los últimos 10 años. Desestabilizar desde el boicot, la no liquidación, la fuga, el vender miedo y desconfianza. El caos. Y esperan, ansiosos, el clásico estallido económico de cada década.

Y esto es, por sobre todas las cosas, lo que está tratando de evitar el gobierno. Es patológico pensar en un país que quiera moverse en precios y mercado, en función de la cotización, del valor de algo ilegal y prohibido. Querer remarcar, aumentar, asfixiar, invocando el valor del dolar ilegal, es como si Colombia mañana determina que la variable económica para todas las transacciones será el valor de la tonelada de cocaína. 

Son muchísmos los errores que ha cometido el gobierno. En la forma de contar y comunicar, en las decisiones tomadas. Pero también hay muchos aciertos y un rumbo determinado. Todas las medidas hoy tienen que ver con: Recuperar competitividad, mantener el nivel de consumo, crecer en la industria con sustitución de importaciones, seguir con un estado protagonista y re distribuidor, controlar la economía y pelear contra la ilegalidad y la evasión.

Muchos critican al gobierno por sus vaivenes y cambios. Puede ser cierto. Ahora: ¿Cómo mantener una estrategia en el tiempo si del otro lado, los que especulan en contra modifican los ataques y las corridas todos los días? Es lógico entonces que el gobierno también deba re direccionar las acciones, modificar las estrategias.

La única discusión de fondo tiene que ver con el rumbo económico y el rol del estado. Y alli no hay medias tintas: O un pais más justo, con industria y presencia del estado; o el clásico modelo mono agroexportador, sin retenciones, con un estado chico y maleable y con poco mercado interno, para exportar lo más posible. 

En la medida que el estado siga presente, será más dificil manejar el rumbo del país desde el poder de los billetes, de los precios, y de las corridas. Servirá, por lo menos en parte, para que Celia con sus 95 años votando, ejerza la misma fuerza cívica que Aranguren, el titular de Shell.

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