Por: Ricardo RoaMartín Redrado será finalmente despedido del Central. Pero no será una victoria del Gobierno, sino lo contrario. Una marcha atrás en el intento de desplazarlo sin consultar al Congreso. Eso que el poder pretendió evitar desde el principio, costó una zozobra de 12 días y al kirchnerismo, otra derrota.
La Presidenta quiso hacer creer que no había acudido al Congreso simplemente porque no estaba constituida la Comisión Bicameral. Ayer pidió que se la convocara. Hay algo en su explicación que no cierra: ¿por qué no lo hizo antes?
Todo el mérito de este entuerto le corresponde al Gobierno. Primero, por el DNU de las reservas que disparó un embargo contra el país. Y después con la fallida sanción a Redrado, que terminó como se ve. La oposición, más que agradecida.
Encima, Cristina Kirchner debió suspender su viaje a China cuando estaba con un pie en el avión. Nada menos que a la mayor potencia emergente y que compra casi toda la soja argentina. ¿Cuánto tiempo y cuánta negociación llevó armar semejante visita? Siempre la culpa está en otro lado y esta vez le tocó a Cobos, como si el vicepresidente hubiese sacado los dos DNU.
Cristina fue ayer más Kirchner que nunca. Crispada, chicanera y con la misma afición a la política del prontuario que tiene su marido para descalificar y no responder las críticas. Quizá porque era demasiado para ella meter la marcha atrás con Redrado y bajarse del viaje a China.


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