Los vecinos estuvieron 36 horas impidiendo el tránsito para reclamar por el servicio de agua.
La manifestación que había sido multitudinaria, incluso en horas de la noche del miércoles, comenzó a decrecer en la mañana de ayer cuando llegó la noticia de que el servicio de agua se normalizaba paulatinamente.
Así, el piquete comenzó a despoblarse -el aumento de la temperatura colaboró mucho- hasta que finalmente quedó reducido a un número de no más de cuatro personas que permanecían indignadas en el lugar.
“No podemos parar a nadie así, somos solamente cuatro personas”, sostuvo un vecino enojado al ver que se debilitaba el piquete. “Ni bien se enteraron que venía un poco de agua se fueron a sus casas y se olvidaron de pelear por los derechos de todos”, se quejó.
En tanto Mabel, una de las primeras en participar en la manifestación y una de las últimas que se quedó en el lugar, se mostró “indignada” por la falta de apoyo. “Somos dos localidades sin agua, dicen que está solucionado, pero es mentira. Es la última vez que apoyo a alguien, a partir de ahora me voy a preocupar solamente por mí y voy a hacer oídos sordos a los problemas de los demás, como todos hicieron ahora”, dijo.
Las decenas de camiones que se encontraban varados en la ruta comenzaron a circular lentamente cuando la protesta finalmente se levantó y todo volvió a la normalidad.
La preocupación era que el piquete se mantuviera en el tiempo y causara desabastecimiento en algunos productos.
La drástica decisión de quienes salieron a la ruta surgió luego de una escasez inicial de dos días, a principios de la semana, por la rotura del acueducto que parte desde Buena Esperanza. Sin embargo, la demora en las respuestas provocó que los vecinos se convocaran el martes por la noche en las plazas céntricas para marchar hacia la Ruta 22. En una asamblea definieron cortar el ingreso a Plaza Huincul, a la altura de la refinería de YPF y a metros de la Policía de Tránsito.
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