La situación generada por el volcán Copahue es muy clara: una vez ordenada la evacuación de Caviahue y poblaciones rurales cercanas, no se podrá volver atrás hasta que se desate la erupción y pase su efecto, o se certifique que pasó el peligro sin erupción visible.
Más allá de que las decisiones se tomen por 72 horas, lo concreto es que nada se podrá establecer con seguridad hasta que el propio volcán defina qué hará. Empresarios y políticos del gobierno tienen encendidas velas para que se desencadene la situación cuanto antes, porque cada día que pasa, ya pisando la temporada turística invernal, produce pérdidas, concretas o futuras.
También aumenta el costo de mantener a unas 600 personas lejos de sus viviendas. El operativo no solo debe ser efectivo, sino que se toma en cuenta que esa gente mientras tanto no puede trabajar ni producir. Es otro aspecto del objetivo daño económico que genera la situación volcánica.
No es menor tampoco el perjuicio para los chicos en edad escolar. Por eso el Estado se aprestaba a instrumentar modalidades de emergencia, como la distribución de cuadernillos para “hacer la tarea” extramuros escolares, y también la posibilidad de incorporar alumnos en las escuelas de Loncopué y Las Lajas transitoriamente, mientras dure el exilio de Caviahue.
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