Vivir día a día para hacerle frente a todas las adversidades

Tiene 7 años y sus ganas de vencer la enfermedad se fortalecen con el apoyo de su familia, que junto a ella emprendió una conmovedora lucha diaria. “Nunca pensamos en bajar los brazos, pero sí sentimos mucho dolor”, dijo su mamá.
Muchas veces, y aunque duela en lo profundo del ser, hay que aprender a no pensar en el mañana. A vivir el presente, el corto plazo, el día a día, para hacer más llevadera la cruz. Terminar el día significa todo un logro. Empezar el otro es el sueño que tiene 24 horas. Y esos son los ejemplos que sobresalen dentro de una sociedad signada por el materialismo, el individualismo, lo relativo y lo efímero.

La historia de Micaela y su familia es un ejemplo de lucha constante. Aún cuando el tiempo de dificultad y dolor se empeñan en prolongarse, no decaen. Mica, como la conocen todos en el Cepsi, tiene 7 años y le detectaron leucemia hace tres meses. Desde entonces, junto a su familia, emprendió una dura, constante y alentadora pelea contra los obstáculos. Unidos, alimentan la esperanza de ver fortalecida a Micaela durante el resto de su vida.

Así es como la nena que reside en Sumampa, aprendió el significado de la palabra “lucha”, cuando con sus papás y sus hermanas decidieron unirse más que nunca para superar las adversidades que la vida les trazó en el camino.

“Pero todo es difícil”, asegura su mamá Sandra. Mientras mira a su hija caminar por las salas de oncología del Cepsi Eva Perón, donde recibe los tratamientos. Recuerda entre lágrimas aquel día de mayo, cuando los médicos le revelaron que la salud de Micaela comenzaba a decaer. Desde entonces, la vida de la niña se de-senvuelve entre el hospital, su casa, las agujas, las sesiones de quimioterapia y sus increíbles ganas de vivir.

“Comenzamos a ver cosas raras en ella. Esas manchitas que nosotros veíamos en sus piernitas terminaron siendo producto de la leucemia. Cuando el médico nos dio la noticia se me derrumbó el mundo, pensaba qué iba a pasar con ella desde ese momento. Pero enseguida junté fuerzas para seguir porque ella nos iba a necesitar más que nunca”, explicó Sandra, quien contenida por su marido y el amor de sus otras tres hijas, logra fortalecerse cada semana para volver con su hija al Cepsi para cumplir con los pasos del tratamiento. La nena se somete a las prácticas de quimioterapia en forma periódica.

La otra carga

Micaela vive en una humilde casa en la ciudad de Sumampa y la actual situación económica familiar transforma a esta realidad en una verdad más dolorosa. Por la leucemia, la niña debe someterse a una estricta dieta, que a veces cumplirla se hace cuesta arriba. Pero por suerte, destaca Sandra, con el apoyo incondicional de los vecinos de su localidad y de las autoridades comunales, que aportan demasiado, se logra sobrellevar la triste realidad.

“Me duele mucho lo que estamos viviendo. A veces Micaela es la que nos hace fuerte a nosotros cuando nos sentimos tristes. Sus ganas de vivir nos ayudan a no bajar los brazos, pero duele… antes de pensar qué pasará después, aprendimos a vivir el día a día”, emocionada relata Sandra.

Sin embargo Micaela le sonríe a la vida. Jamás mostró síntomas de debilidad, a pesar de las sesiones de quimioterapia a las que se somete desde mayo. En su casa es una más. Juega y pelea con sus hermanas, y periódicamente concurre la escuela del Centro Provincial de Salud Infantil.

“Yo sé que Micaela no se dará nunca por vencida. Y nosotros tampoco. Es muy difícil sobrellevar esta situación pero nunca pensamos en bajar los brazos. Sabemos que ella nos va dar mucho más de lo que nosotros esperamos porque es muy fuerte y tiene el apoyo de toda su familia y los médicos”, se mostró optimista la mamá.

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