Las viviendas tan queridas

El intendente Héctor Gay habló de “sentido común” al referirse a la decisión del municipio de proceder a la entrega de 132 viviendas construidas en el marco del Plan Federal para los gremios de Sutiaga, UOM y Petroquímicos.

Por otra parte, mencionó que resultaba una verdadera “herejía” no cumplir con eso, asumiendo para el término la acepción de “daño infligido injustamente a una persona”.

No deja de ser una lectura acertada la del intendente, considerando que se trata de parte del conjunto de 680 viviendas comenzadas a construir en 2009 -con el compromiso de ser entregadas en 2011- y que por distintas circunstancias, resultado en parte de la falta de pago de los certificados por parte del gobierno nacional, fue postergando su terminación, con etapas de avance nulo y el retiro definitivo de la constructora responsable de la obra.

La situación de los tres complejos habitacionales es por demás particular, ya que tienen un avance promedio del 85% en la obra civil, lo cual implica en muchos casos estar pendientes tareas de terminación como la pintura, ajustes generales o colocación de artefactos.

A partir de este estado de cosas es que los propios gremios han planteado al municipio su disposición de recibir las casas “en el estado que estén”, asumiendo la responsabilidad, cada adjudicatario, de completar la obra.

De allí entonces que, en el caso de las 162 viviendas entregadas el lunes 18, estas no estuvieran provistas de comodidades básicas como la cocina, el termotanque ni los calefactores, luego del acuerdo con los sindicatos de no demorar la entrega por ese faltante, importante pero no prohibitivo.

La lectura de los hechos resulta por demás simple e ilustrativa: muchos de los adjudicatarios pagan alquiler y mudarse les significa evitar ese gasto (que pueden invertir en el equipamiento faltante), aprovechando que la cuota de la nueva casa la comenzarán a pagar en un plazo que, en algunos casos, es de dos años.

Con la entrega se evita además el riesgo de usurpación, el deterioro de lo y construido y el creciente malestar de los beneficiados que siguen haciendo de su paciencia y tolerancia sus principales virtudes.

Una política que habrá que seguir ensayando para poner punto final a una espera que, valga el recurso, a demasiados empieza a desesperar.

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