Viven a metros de la jefatura y sufren robos

Viven a metros de la jefatura y sufren robos
El miedo se apoderó de los vecinos de avenida Belgrano al 2600
El miedo no llega cuando cae el sol, sino que es constante y, de alguna manera, ya se acostumbraron a vivir con él. Atienden sus comercios con las rejas cerradas y por una ventanita que es cada vez más pequeña. Las mujeres siempre eligen la cartera más chica para salir. Atender el celular puede ser una trampa. Hasta aquí pareciera un barrio periférico, no el sector de la avenida Belgrano entre el 2.400 y el 2.700. Vivir a dos cuadras de la Jefatura de Policía y a cuatro de la seccional 7 no garantiza nada, mucho menos seguridad.

Con el último episodio, los comerciantes y vecinos de la zona dijeron basta. El sábado, cerca de las 20, dos jóvenes que se movilizaban en una moto, ingresaron a la agencia de quiniela de Belgrano al 2.500. Armados con una "tumbera", redujeron a la empleada y a una circunstancial clienta. Golpearon a la joven y se llevaron el dinero de la recaudación. Un vecino escuchó los gritos de las mujeres e intentó salir en su ayuda. Lo frenaron en seco poniéndole el arma a centímetros de su rostro.

"Fue terrible. Los tipos estaban totalmente drogados, perdidos. Lo que más bronca me da es que ya no les importa nada, ni siquiera, que somos laburantes que buscamos ganarnos la vida decentemente", se queja Vanesa Medina que, además de no haberse recuperado del susto aún, muestra los hematomas en el brazo que persisten en irse rápido para olvidarse del asalto. Augusto Huergo es el propietario del quiosco de la zona que abre más temprano y el último en cerrar las puertas. De tanto sufrir con la inseguridad, aprendió que lo mejor es tener las puertas cerradas, no importa si hace frío, calor o llueva. "De alguna manera me tengo que proteger porque aquí es tierra de nadie. ¿Policías? Sólo los que vienen a comprar o pasan en las camionetas o en los patrulleros para hacer trámites en la Jefatura", cuenta. "Generalmente son dos tipos que se movilizan en moto. Uno se baja, te amenazan, te sacan lo que tenés y se van. Y acá, en esta zona asaltaron a casi todos. A la gente, especialmente mujeres que caminan, también las asaltan", reconoce mientras realiza una interminable lista de víctimas.

En la farmacia

En el barrio dicen que la farmacia ubicada en Belgrano y Sargento Cabral tiene el triste récord de asaltos. Su propietario, Fabio Morillo, se sonríe al escuchar el comentario. Mira el techo del local para tratar de contabilizar la cantidad de veces que su asaltado. El grillo y su ya famoso cri-cri aparecen en escena. "La verdad, es que ya no me acuerdo. Sí puedo decir que una vez me llevaron la caja registradora, por lo que tuve que hacer un montón de trámites para poder seguir trabajando. Es una locura lo que estamos viviendo. Tengo alarma y sistema de cámaras. En realidad, no me sirvieron de nada porque lo único que puedo es mirar la repetición del atraco", se queja resignado.

En Belgrano al 2.600 hay un comercio que resume todo. Es una distribuidora de cospeles y cigarrillos, pero en realidad pareciera un fuerte. La puerta de ingreso es pequeña y los empleados atienden detrás de una reja que va desde el mostrador hasta el techo. "Hicimos todo esto buscando seguridad. Hasta les damos de comer a los perros callejeros que, aunque no lo crean, son excelentes guardianes", cuenta María de los Ángeles Navarro.

En el barrio están claramente diferenciados cuáles son los negocios más importantes. Los más grandes tienen en su interior policías, uniformados y con sus armas a la vista. "Me contaron que un servicio así cuesta como mínimo $ 3.000. Los márgenes de ganancias son pequeños y no todos podemos afrontar ese gasto. En realidad, el Estado el que debe garantizarnos a todos seguridad, no pagar para tenerla", concluye Navarro.

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