Visitantes de otras ciudades critican la falta de servicios en el Balneario

Visitantes de otras ciudades critican la falta de servicios en el Balneario
Encuestados por DEMOCRACIA, se quejaron por el estado de algunos baños, la falta de restaurantes y de parrillas en el centro de esparcimiento más importante de la ciudad y hasta se sorprendieron por el barigüí. Lo favorable: la parquización y el estado del agua.
La falta de higiene y de inodoros en los baños es una de las críticas más recurrentes de los visitantes. Notas Relacionadas

Sigue la imprudencia

La óptica que despierta un determinado lugar suele ser más crítica o, cuanto menos, estar despojada de condicionantes -como la habitualidad y el aquerenciamiento- cuando proviene de quienes no lo transitan tan a menudo.

En el caso de Junín, la Laguna de Gómez es siempre blanco de las opiniones más variadas y no son pocos los vecinos que, aún concurriendo a menudo, han puesto el grito en el cielo más de una vez por la falta de más oferta gastronómica, el derrumbe de paradores tradicionales, la modificación en la arboleda, la falta de pejerreyes o la escasez de agua, entre otros reclamos periódicos.

Sin embargo, el sentimiento de pertenencia que les genera el Balneario, la necesidad de menguar el aburrimiento y el calor de un domingo, sumados a la imposibilidad de pasar un fin de semana largo o las vacaciones en otro sitio del país, terminan suavizando a los detractores, que al final se entregan a las bondades que ofrece el centro de esparcimiento más importante de la ciudad.

No ocurre lo mismo cuando los aspectos negativos son señalados por quienes llegan desde otras ciudades. Para ellos, las ganas de repetir el pasatiempo, con la carga de los kilómetros de ruta y el tiempo y dinero a invertir en un lugar que no llena sus expectativas, es posible que se esfumen con más facilidad.

Un ejemplo de esta última reflexión lo entregó ayer un matrimonio que vino al Parque Natural a pasar una jornada apacible y relajada y, aunque en parte logró el objetivo, se retiró del lugar con una impresión menos reconfortante de la que hubiese esperado. “La encontré muy desastrosa. No están los parrilleros, faltan las mesas, los baños están unas condiciones terribles, no hay higiene, no tenés comodidades como para acampar, en fin…”, describió Gustavo, quien arribó a nuestra ciudad junto a su esposa, Marta, con el propósito de hacer un asado y pasar una tarde fresca al aire libre, pero a poco de poner un pie en destino su humor ya había sido ganado por el desencanto.

“Hace diez años incluso había más sombra”, se quejó el hombre ante DEMOCRACIA a media tarde de ayer.

Erica, habitante de Salto que vino el jueves y se queda hasta hoy en territorio juninense, observó que a la Laguna a nivel estético “se la ve mejor”, pero “faltan servicios”.

“Por la cantidad de gente que viene, tendría que estar mucho mejor. Yo soy de ir mucho a Colón, que tiene un camping hermoso y es totalmente diferente a lo que vemos acá. Yo iba a traer una silla, pero con mi esposo supusimos que tenía que haber y cuando llegamos acá nos encontramos con que no había nada donde apoyar la comida”, comentó.

Desde San Andrés de Giles, Marcia se mostró contenta por la fructífera pesca de pejerreyes y mojarritas. Se bajó del auto que la trajo a media mañana y durante siete horas casi no había hecho otra cosa que estar sentada a la vera del agua con la caña en la mano y un jarro de carnada a su costado.

La que más había recorrido el predio lagunero a esa altura de la jornada era su hija, Verónica, quien más allá de rescatar la prolijidad con la que está cortado el césped y la “buena estética” de los paradores, reclamó que “los baños dejan bastante que desear”.

“Son un desastre. Yo pienso que mucho se debe a culpa de la gente, pero las autoridades por lo menos se podrían preocupar en poner un par de inodoros. También les hace falta limpieza y en uno de los sanitarios hay una puerta rota, el que pasa por afuera ve todo”, expresó la joven, que se queda hasta hoy.

“La Laguna está linda. Nos están volviendo locos unos bichitos que pican mucho más fuerte que los mosquitos. Nosotros no sabíamos que existían, nos volvieron locos toda la tarde y encima no los podemos combatir con nada”, dijo por su parte Ismael, un cuarentón procedente de Los Toldos mientras jugaba a pelearse con su esposa para ver quién de los dos lograba escaparse del flash fotográfico de DEMOCRACIA.

Testimonios de un viernes tranquilo, sin mucha gente metida en el agua, sin clientes en los locales gastronómicos y con un centenar de mateadores distribuidos entre la rotonda sur y las inmediaciones al espigón.

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