Visita a Rafaela del entonces presidente Carlos Pellegrini

Visita a Rafaela del entonces presidente Carlos Pellegrini
En 1890-1891 toda esta región del país fue invadida por una manga de langostas de características impresionantes.
La Provincia no tenía recursos y la pidió a la Nación, cuyo presidente era Carlos Pellegrini, quien a comienzos de octubre vino en tren a recorrer la zona, llegando a Rafaela tras pasar por Rosario, Santa Fe y Esperanza.

por

Orlando

Pérez

Manassero Transcurrían los tres últimos meses del año 1890. Era un tiempo en el que la provincia de Santa Fe tenía un 50% más de población agrícola por kilómetro cuadrado que la de Buenos Aires, contaba con más ganado vacuno, con más tierras cultivadas, la superaba en cantidad de trigo cosechado produciendo por lo tanto más quintales de harina que la provincia vecina y, además,eran récord a nivel nacional sus cosechas de maíz y lino. Por ello no solamente en los galpones de las cuatro estaciones ferrocarrileras de Rafaela sino en todas las de la provincia se apilaban las bolsas con granos en espera de vagones que humeantes locomotoras traían por docenas para llevárselos luego, repletos hasta los techos, rumbo a los puertos más cercanos. Pero de poco valía esa importante riqueza ante el desastroso estado de las finanzas de la provincia y del país. Y para colmo de males nadie se imaginaba por entonces lo que sucedería en los meses por venir, algo que no sólo habría de poner al borde mismo de la debacle económica a la provincia sino que haría temblar los débiles cimientos del país todo.

A fines de octubre llegaron las primeras “mangas” de langostas y como no se conocía mucho de esas plagas y de sus anteriores invasiones, la gente no le dio mayor importancia al asunto. El gobierno, tibiamente, autorizaba el exterminio del acridio a quien quisiera hacerlo utilizando para ello los medios que mejor le pareciese a cada uno. Algunos incendiaban las pasturas, otros cavaban zanjas, unos araban, otros las aplastaban, estaban aquellos que trillaban sus cultivos y otros que no hacían nada. Por eso fue inevitable que en enero de 1891 nuevas y mayores “mangas” cubrieran los campos de la pampa gringa. Para el mes de febrero la situación comenzaba a presentar características de suma gravedad al ser arrasados los cultivos del norte y del centro de la provincia. Las “mangas” llegaban por esos días a Rosario y las noticias decían que avanzaban tanto sobre la provincia de Buenos Aires como en las de Mendoza, Córdoba y Entre Ríos. Tan abundante era la cantidad de langostas que las locomotoras ya no podían arrastrar los vagones de pasajeros y cargas al patinar sus ruedas sobre la masa de insectos que aplastaban sobre las vías. En nuestra zona y alrededores se contabilizaban más de 1.500 leguas cuadradas de terrenos cultivados invadidos por el acridio. La indiferencia del principio dio lugar al pánico.

El gobernador santafesino Juan Manuel Cafferata se apuraba entonces en nombrar comisiones de lucha e iniciaba una gira de inspección que lo llevaría a visitar Rafaela y también Susana, Roca, Castellanos y Vila, periplo que le permitiría ver la cruda realidad y lo grave de la situación. Pero el gobernador no disponía de los fondos necesarios para la lucha (debía meses de sueldos a empleados de justicia, seguridad y educación) por lo tanto se le hizo imprescindible solicitar ayuda económica al presidente de la Nación don Carlos Enrique José Pellegrini. Y no tardaría en realizar el apremiante pedido. El presidente decidía que inmediatamente se prestase tal auxilio monetario porque, decía, no se podía permitir la pérdida de las cosechas del año que comenzaba pues eran un punto clave en su intento de salvar con ellas al menos buena parte de la grave crisis económica que atravesaba el país. Pero en virtud de esa misma crisis enviaba a la provincia escasos 20.000 pesos para la causa.

Iba finalizando el invierno de 1891 y la provincia continuaba la lucha sin pausas aunque ya se avizoraba por esos días una posible victoria sobre el invasor. Es entonces cuando el Gobernador Cafferata recibía el telegrama donde se le avisaba de la próxima visita a la provincia de Santa Fe del Presidente de la Nación Carlos Pellegrini (apodado “El Gringo”) para interiorizarse personalmente del avance de la batalla que se libraba contra la plaga. El 3 de octubre de 1891 Pellegrini solicitaba el permiso correspondiente al Congreso de la Nación para ausentarse de Buenos Aires. Debía ser un viaje casi de incógnito, sin protocolo ni pompa alguna, sin manifestaciones políticas ni públicas según su propio pedido que fue, después, muy poco cumplido por quienes habrían de recibirlo. El 5 de octubre llegaba en tren a Rosario, acompañado por su esposa, doña Carolina Ignacia Lagos García, su secretario el Dr. Fernández García, Benjamín Basualdo y don Nicasio Oroño, un santafesino por entonces director de la Oficina de Tierras y Colonias de la Nación. El mandatario, a pesar del público reunido en la estación, sólo baja del tren a desayunar para continuar prontamente con el viaje programado. Poco después arribaba a la capital santafesina diciendo que venía a trabajar contra la langosta y por la producción. En la ciudad de Santa Fe mantuvo varias reuniones, siempre acompañado por el Gobernador Cafferata, recibiendo en sus traslados manifestaciones de adhesión por parte de la población y alguna que otra frase agresiva de sus contrarios políticos, los radicales. Al día siguiente inicia una gira por el interior de la provincia acompañado por su señora esposa, el gobernador, el ministro de Gobierno Justicia y Culto de Santa Fe don Luciano Leiva y su esposa Josefa Puyol, y también por Nicasio Oroño y unos pocos funcionarios más. Seiscientos metros por delante de la máquina que arrastraba al vagón del presidente iba otra unidad para prevenir posibles fallas en las vías o algún tipo de atentado explosivo y, de trecho en trecho, soldados de caballería montaban guardia escondidos en montes, matorrales y sembradíos. Visita Franck, Las Tunas, San Carlos, Gessler y Gálvez, saludando en cada lugar a las autoridades, a los niños de las escuelas y principalmente escuchando a los vecinos, dialogando con ellos sobre los dos principales temas; la langosta y las cosechas. Al otro día viaja a Esperanza donde la gente lo espera en la estación y lo acompaña en su recorrido en carruaje por el pueblo durante el cual se detiene en la fundición de herramientas de labranza de Schneider Hnos. Pasa después por Pilar donde catorce niñas lo reciben simbolizando las provincias argentinas y la capital federal. Por fin arriba a la Estación del Ferrocarril Santa Fe del pueblo de Rafaela. Es el 7 de octubre de 1891 y la recepción es imponente. Gracias a las colectividades extranjeras, que en muy poco tiempo habían preparado un colorido programa, el presidente Carlos Pellegrini, el “Gringo” Pellegrini, rodeado de la algarabía del pueblo ante la llegada de tan ilustre visitante, pudo observar en los anchos callejones y en la plaza principal una serie de arcos de triunfo decorativos en los que se leía, entre otros, textos como “De Rafaela al Presidente de la República” o “Administración, trabajo y prosperidad”. Le dan la bienvenida la Comisión de Fomento encabezada por el Dr. Nicolás Cacciolo y los señores Cabrera y Rughe, el Juez de Paz Pedro Peiffer, el comisario de las Colonias del Oeste Tomás Lascano y el cura a cargo Presbístero Francisco Palmieri entre otros. Algo alejado de toda esta gente seguramente observaba la escena don Alfredo Fava, el director de “El Radical”, primer periódico rafaelino opositor al Partido Autonomista Nacional en el cual militaba el presidente visitante. Es que en la mente del periodista ya rondaban ciertas ideas sobre un futuro golpe de Estado; pero esa es otra historia. El “Gringo” Pellegrini habla con los gringos de Rafaela, escucha, ve y toma nota de la situación. Un banquete costeado por el pueblo despide al Presidente de la Nación quien vuelve a Santa Fe asombrado de la potencialidad de Rafaela de la que,en su posterior informe del viaje, dice; pocos años atrás aún cruzaba por ella el indio y hoy la cruzan nada menos que cuatro líneas de ferrocarril. El día 8 de octubre Pellegrini recibe un telegrama del presidente interino Nogués solicitando su urgente presencia en Buenos Aires. Abandona entonces nuestra provincia y con él parten también el gobernador Caferatta y el ministro Leiva. A fines de octubre la batalla contra la langosta había sido ganada y en noviembre comenzaron a levantar las cosechas que habían sido salvadas, obteniéndose nuevamente de ellas espectaculares rindes. Pero la plaga enemiga no había capitulado ni mucho menos. Regresaba cada año, a veces con más soldados, a veces con menos, obligando a los gobiernos y a los campesinos a tomar otras medidas más serias y efectivas contra ellas hasta que, por fin, casi a mediados del siglo veinte, se lograba su total extinción. Pero nos imaginamos cuánto significó a los colonos y a los vecinos de Rafaela de aquel año 1891 el honroso hecho de ser visitados, en medio de la ardua lucha para superar la plaga, por el propio Presidente de la Nación Carlos “Gringo” Pellegrini,y como debe haber crecido en ellos las ganas de continuar trabajando después de hablar con él y de poder estrechar su mano sin tener que oír a cambio presuntuosos discursos políticos con promesas que, bien sabían, nadie habría de cumplir.

Fuente: Todo es Historia Nº 311 (Miguel de Marco) Junio 1993.

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