Violencia familiar: para los salteños, no se la combate de forma efectiva

Violencia familiar: para los salteños, no se la combate de forma efectiva
El 80% de los salteños considera que la red de ayuda tiene falencias. Piden celeridad en las actuaciones.
Violencia familiar: un flagelo que se metió en los hogares argentinos y que cada 35 horas se cobra la vida de una mujer. En los últimos cinco años este fenómeno ya dejó sin madre a 1.520 chicos, la mayoría de ellos menores de 18 años, según un estudio nacional. En Salta, entre abril y junio, se registraron 3.843 denuncias por violencia familiar, de las cuales casi el 64% son mujeres, señalaron de la Oficina de Violencia Familiar (OVIF).

La violencia en el seno de la familia cala muy hondo: le quita la seguridad, la calma y la alegría a todos sus miembros. Al igual que los otros tipos de violencia, prima el poder. Los lazos familiares, en estos casos, se corrompen por la pérdida de respeto, deslinde de responsabilidades y de la tolerancia.

Los que trabajan en esta temática insisten en la complejidad del entramado de estas situaciones, las que presentan dos cualidades concretas: hay una relación desigual de poder que termina en una sumisión y una intencionalidad de daño hacia el otro.

Sondeo

De acuerdo a un relevamiento realizado por El Tribuno en distintos puntos de la ciudad y del interior provincial y a través de su página web a 200 personas, en la provincia de Salta no se combate de forma efectiva la violencia familiar.

Para más del 80% de los encuestados, las redes de ayuda tienen falencias que obstaculizan una asistencia apropiada y a tiempo a la víctima. En el sondeo cara a cara, el común de la gente pidió celeridad en las actuaciones.

En la ciudad, más del 60% de las personas dijo que los gritos, insultos, presiones, amenazas y la dependencia económica son parte de la violencia familiar.

Más del 30% la vinculó a los golpes y casi el 20% los insultos.

En el relevamiento por la ciudad el 60% de los consultados afirmó haber sufrido alguna vez una situación de violencia familiar.

El 40% de los encuestados dijo que acudiría a una comisaría, dependiente de la Policía de la Provincia, para pedir asistencia si se encontrara en una situación de violencia. En segundo lugar se ubicó la opción “un familiar o un amigo” con el 36% de las respuestas y en tercer puesto se ubicó la Justicia con el 7%.

Testimonios que se repiten

“Se habla mucho de la violencia familiar en los medios, pero me pasó con una amiga que su expareja la maltrataba. Llamó a la Policía dos veces y nunca fueron. Yo la ayudé y pude sacarla de eso pero hay personas que no tienen a nadie”.

“Me cansé de hacer denuncias pero viene a la casa cuando quiere, me insulta y me amenaza”.

“Mi compañero estaba llorando otra vez porque sus papás no dejan de pelear y aparte se desquitan con él”.

En la calle, el sondeo de El Tribuno se hizo a hombres y mujeres entre 19 y 73 años. Ante una situación evidente de violencia familiar, más del 40% de los encuestados de la Capital dijo que acudiría a pedir ayuda primero a la Policía, mientras que un 36% se inclinó por un familiar o un amigo. Como tercera opción se contemplan las instituciones que dependen del Poder Judicial, como la Oficina de Violencia Familiar (Ovif), Defensorías, entre otras.

A través de El Tribuno.com participaron 70 lectores de la encuesta, de los cuales el 90% dijo que hoy en día no se toman las medidas necesarias para combatir la violencia familiar.

Un 18% entiende que la violencia familiar es aquella que se manifiesta con golpes, gritos, insultos y amenazas, mientras que el 17% lo vinculó con las presiones y solo un 10% con la dependencia económica.

Es decir, para más de la mitad de los que respondieron el formulario, la creciente problemática tiene que ver con las cinco primeras opciones.

Por otra parte, el relevamiento virtual arrojó que un 60% de las personas sufrió un hecho de violencia familiar alguna vez en su vida.

Pedir ayuda

Al momento de preguntar a quién acudirían para resolver una situación de violencia familiar el 30% eligió a un amigo o un familiar para pedir auxilio ante un caso de violencia en el hogar; un 28% dijo que directamente ir a la Justicia y un 23% a la Policía.

Las opciones menos elegidas que no alcanzan el 10% son ir a un centro de salud o acudir a un docente o profesor en un establecimiento educativo. La opción “otros” fue elegida por algunas personas que registro un 7%.

Algunas apreciaciones de los lectores sobre este punto indican que considerarían ir a un psicólogo, otros dicen que no acudiría a nadie o no considera ninguna de las opciones planteadas en la encuesta.

“Habría que pasar del qué se hace al qué hacemos”

Bettina Gómez, a cargo del Programa de Prevención y Asistencia Integral a Víctimas de Violencia dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia señaló: “Sostenemos que la sociedad la hacemos entre todos y algunas personas te preguntan por qué no se hace esto, y habría que pasar de la pregunta del qué se hace, al qué hacemos. Qué hago yo, en lo personal, en lo comunitario, en lo vecinal”.

Gómez llamó a la reflexión a la comunidad y preguntó: “¿Realmente ejerzo el rol de ciudadano que me toca en una problemática que nos compete a todos?”

La referente del Programa de Prevención y Asistencia Integral a Víctimas de Violencia de la Provincia explicó que “cuando las personas dicen que ven en los familiares o en la Policía mayor representación simbólica para acudir en este tipo de situaciones, a nosotros nos sirve porque hacemos que se activen a quienes queremos que participen”.

Al momento de elegir cuál es el mejor camino que las personas pueden tomar para recibir la asistencia en casos de violencia familiar, Gómez advirtió que no hay recetas que indiquen qué es lo mejor porque cada caso es único y cada familia tiene su propia dinámica.

Sin embargo, dijo que cuando las personas acceden a la entrevista con alguno de los profesionales del Programa, “ese acto de poder escuchar, ese espacio de escucha que le damos a la persona, que cree que es víctima de violencia familiar, es fundamental y durante esos minutos se orienta el profesional sobre la planificación estratégica que hay que elaborar con esa persona”.

Los profesionales, a partir de ese espacio de escucha, guían a la persona: por ejemplo si hay una urgencia en donde la persona corre riesgo de vida se recomienda la vía judicial de la que por ejemplo se pueden obtener una prohibición de acercamiento, resolver una exclusión de hogar o también realizar una pericia.

Ahora, si la persona “está en la capacidad de acordar y con la voluntad de cambio no necesita al Poder Judicial porque esa situación la podemos resolver interviniendo en el grupo familiar”, explicó Gómez.

En el Programa de Prevención y Asistencia Integral a Víctimas de Violencia de la Provincia lo que se hace, a partir del espacio de escucha, es activar redes de contención para que las personas se sientan protegidas durante el proceso de transición y de abordaje de la problemática.

Para ello, se identifican a aquellas personas con las que se lleva bien la persona que sufre violencia y con las que puede tener una relación: se habla con vecinos, familiares, personas de la Iglesia, de la escuela en donde asisten los hijos, entre otras.

Las personas que ingresan al Programa lo hacen a través de la Justicia, que se inicia con una denuncia. En ese caso se cita a la persona que la radicó porque “lo que se busca es que esa persona asuma un compromiso con esa acción y quiera resolverlo”, indicó la titular del Programa.

Agregó: “Creemos en el protagonismo de esa personas que es víctima y que realiza la denuncia porque sino pensaríamos en un objeto y no en un sujeto de derecho”, aseguró Gómez.

El otro tipo de ingreso deriva de instituciones como centros de salud, hospitales, comedores barriales, entre otros. El tercer tipo es el de la demanda espontánea que es cuando la persona se acerca personalmente o llama por un turno con los profesionales porque siente que es el momento de pensar con alguien si es o no víctima de violencia familiar.

En el interior, el 75% de la gente asegura haber sufrido violencia

La gran mayoría de la población del interior provincial reconoce como violencia familiar a los golpes, insultos, gritos y/o amenazas. Para menos de la mitad de los 90 encuestados en Rosario de Lerma, El Carril, Cerrillos, Gemes, Orán, Cafayate y Metán, las presiones y la dependencia económica son también formas de violencia.

Lo más preocupante es que más de la mitad de los consultados cree que no se toman las medidas necesarias para combatir este flagelo que afecta a mujeres, hombres y niños. Algunos opinaron que las pocas cosas que se intentan tienen escasa adhesión.

En promedio, el 75 por ciento reconoció haber sido “víctima” del maltrato físico o psicológico en su hogar alguna vez en la vida.

Con respecto a la pregunta de a quién acudiría para pedir ayuda en caso de necesitarla, son más los que eligieron como primera opción a un familiar o amigo; luego a la Policía y a la Justicia. Aunque es notable el descontento y las críticas hacia los uniformados. Otro grupo indicó que “no acudiría a nadie”, o en el extremo, a la televisión.

En Orán, por ejemplo, por lo menos 12 mujeres, en su mayoría jóvenes, admitieron que en el último año vivieron una situación de violencia doméstica. Allí, la queja común es que “la Policía a veces minimiza las situaciones de violencia y no toman las denuncias. Si vas a una comisaría que no está en tu barrio directamente ni te la reciben cuando se deberían agilizar estas cuestiones”.

En la localidad de General Gemes, en diversas conversaciones que mantuvo El Tribuno, numerosas personas intentaron justificar hechos de violencia que suceden en la casa. Se escucharon frases como: “Es la única forma de corregir a un chico, con palabras no sirve” o “no es violencia es autoridad”.

En Cafayate, varios consultados coincidieron en que fueron o son testigos de actos violentos de vecinos. “Veo a menudo cómo un chico le pega a su papá y a su mamá”, contó una persona.

En Metán, “la mayoría de las denuncias que se recepcionan en la Comisaría 30 son por violencia familiar”, informaron a El Tribuno. Los vecinos de la localidad del sur provincial manifestaron su angustia por la problemática creciente.

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