Violencia familiar en Junín: especialistas afirman que también afecta a hombres

Violencia familiar en Junín: especialistas afirman que también afecta a hombres
Aunque las víctimas femeninas siguen siendo mayoría y se atreven más a exponer su drama, el universo masculino que padece agresiones en su hogar perdió la vergüenza de pedir ayuda. El trabajo que se realiza en la Comisaría de la Mujer y la Familia.
Pese a que las estadísticas demuestren que la cantidad de casos es considerablemente menor en hombres que en mujeres, el fenómeno de la violencia familiar no está reducido a una cuestión de género y afecta cada vez más a los varones, que deben soportar todo tipo de maltratos de sus parejas.

Esa es una de las tantas conclusiones que permitió sacar el paso de DEMOCRACIA por la Comisaría de la Mujer y la Familia, la joven entidad juninense destinada a canalizar conflictos ocurridos en la privacidad del hogar.

La seccional de calle Alsina (entre Alberdi y Almafuerte) abrió sus puertas a mediados de este año y no le llevó mucho tiempo transformarse en el vehículo entre los afectados por esta problemática y la Justicia. Tanto es así que, desde junio a esta parte, se radicó un promedio cercano a las 120 denuncias por mes y esos expedientes ya están en poder del Tribunal de Familia. Sin embargo, hay muchas historias que no llegan a esa instancia pero que también concurren al establecimiento policial y reciben apoyo y asesoramiento de las profesionales del equipo interdisciplinario dispuesto para la contención de los damnificados.

Este diario dialogó con la comisaria Sandra Pezzatti, la psicóloga Virginia Palmentieri y la abogada Lía Bilotta, quienes describieron el mecanismo de trabajo que se desarrolla dentro de la institución y detallaron los pasos que se siguen una vez que los individuos atacados exponen su situación.

“Mientras más denuncias se hacen, mejor”

Pezzatti explicó que la Comisaría de la Mujer tiene idéntico funcionamiento al de las seccionales Primera y Segunda. Esto quiere decir que hay un comisario a cargo y personal policial, abiertas las 24 horas. La única diferencia es que se trata de una institución temática, porque trata la violencia de género, y la presencia del equipo interdisciplinario.

“Si bien lleva como nombre Comisaría Mujer y la Familia, se atienden los casos en que los hombres son agredidos por su esposa o cualquier otra femenina. La familia incluye al hombre, a los hijos, a los abuelos, tíos y primos, o sea ascendientes, descendientes y colaterales”, comentó Pezzatti en el inicio de su relato.

Pezzatti no tiene pruritos en señalar que “si bien en otros ámbitos se puede pensar que mientras más delitos hay, es más negativo, para esta institución representa más información, y nos da la certeza de que la presencia de esta entidad genera una influencia en la prevención”.

En ese sentido, indicó que las estadísticas reflejan un promedio de entre tres y cuatro denuncias por día, “y más también”.

“Se toman más de cien por mes, contando solamente los judicializados. A la par, se trabaja con aquellos que no llegan a la denuncia. Trabajamos con la ley provincial, con intervención del Juzgado de Familia, y también participamos en lo que es la asistencia ante casos de delitos, con la UFIJ Nº 9 que es temática. A su vez, en abusos sexuales y otros hechos de esa índole interviene la fiscalía de turno”, puntualizó.

La comisaria aclaró que “tratamos de que antes de que la víctima haga la denuncia sea asistida por el equipo. La abogada la va a asesorar desde lo legal en todo lo referente a cuestiones de familia, a medidas cautelares previstas en la Ley 12.569. De acuerdo con el caso que se plantea, consensuamos con la comisaria la medida más adecuada de protección”.

“Tenemos a la mujer como más actora, pero el hombre también es alcanzado por estos padecimientos. Hoy por hoy la violencia afecta a todos los integrantes del grupo familiar, así como afecta a todas las clases sociales”, completó.

La revelación de dramas silentes

En tren de comparar la vulnerabilidad de cada sexo ante los embates de agresividad física y mental, Virginia Palmentieri aseguró que “son más las mujeres que se acercan a pedir ayuda, lo cual “no significa que podamos tener un recuento realista de cuántos hombres son agredidos”.

Para entender las razones de ese flanco vacío, Palmentieri recomendó no perder de vista que hay toda una cultura que indica que a algunas víctimas les está culturalmente más validado acercarse a radicar una denuncia que a otras. “Por ahí podemos hablar de las víctimas que más se acercan, que quizás no concuerda con el tipo de víctimas que más existan. Ese ya es un dato inasequible”, indicó.

La profesional marcó que “mujeres y abuelos son los que más se acercan, pero es imposible no tener en cuenta que hay víctimas silentes que en la mayoría de los casos. De todos modos, este lugar nos permite terminar un poco con el prejuicio de que el hombre no es víctima de violencia. Hemos tenido víctimas que no responden al prejuicio social”.

El rol de Plamentieri es la contención de la víctima y de su núcleo cercano, no así con el victimario.

“La contención dura de acuerdo con lo que dura la apreciación correcta de lo que es un riesgo y después se deriva a la institución que corresponda para que pueda llevar a cabo un tratamiento que corresponda. Por supuesto que el momento inmediato a la agresión es lo que marca la diferencia, pero desde ese entonces en adelante se gana en calidad. Es un espacio de escucha diferente y se tiende a lograr una empatía automática con la víctima. Las víctimas vuelven con o sin su problema resuelto a hacer consultas de la misma o de otra índole, porque han hecho un vínculo con la institución”, aseveró.

La importancia de conservar pruebas

Por su parte, Lía Bilotta advirtió que en el caso de las amenazas por celular, es importante que la víctima no borre esos textos intimidatorios, porque es una prueba. En esa clase de episodios interviene la UFIJ temática.

Por otro lado, la letrada comentó que “la ley prohíbe la mediación en este lugar, nosotros no podemos aplicarla. Más bien tratamos de preservar a la víctima cuando llega al Juzgado de Familia porque muchas veces hay cuestiones de alimentos y se necesita al sujeto de conductas violentas y a la víctima para que puedan llegar a un acuerdo. Tratamos de que eso no suceda, para que no se produzca una revictimización y las víctimas no vuelvan a atravesar por el mismo calvario”.

El equipo interdisciplinario está integrado también por una asistente social, Estefanía cañete, que es la que se encarga de asistir a la víctima cuando ésta necesita de un lugar donde pasar la noche. “Para eso trabajamos con el área de violencia familiar del municipio o con el Hospital cuando necesita asistencia psicológica más compleja”, explicó Bilotta.

Como acotación final, Bilotta marcó que “cuando hay un grupo familiar con violencia, no es que ésta se traslada a la mujer solamente. El sujeto con conductas violentas ejerce agresiones también para los chicos, aunque ellos sean pasivos a ese conflicto”.

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