En Juan Manuel de Rosas, los vecinos se quejan de la permanente inseguridad.
La desconfianza es la regla número uno en el barrio Juan Manuel de Rosas. Nadie en este suburbio, de calles sin asfaltar y casas sin terminar, contesta sin pensarlo antes. "Prefiero no decirte mi apellido", responde Fernanda; "todavía menos salir en la foto, sino, nos tienen en la mira", completa.
Fernanda es una de las muchas personas que afirman que hay zonas liberadas a las que la policía no se acerca: "Las patrullas pasan mucho por adelante, por la avenida de la Libertad, pero por atrás no van, porque saben que si hacen algo, ellos se la devuelven doble".
"Ellos" son las patotas que se enfrentan casi todos los fines de semana y que, según las denuncias, se juntan a fumar paco en "el fondo", la manera en que todos ahí, llaman a las zonas aledañas al río Vaqueros, detrás de la barriada.
Según Miguel, quién vende empanadas en su casa, el problema no es tanto la violencia como las inundaciones de verano y los constantes cortes del servicio de agua.
Otra vecina, que se identificó como Yanina Elizabeth, también se queja del agua y retoma el tema de la violencia: "Siempre están peleando entre los de Juan Manuel y los del 17", refiriéndose al barrio 17 de Octubre, situado al sur de la avenida de la Libertad.
En 2012 se inauguró una comisaría, pero los problemas no han disminuido. Las batallas entre Los Cuervos, del barrio 17 de Octubre y Los Pibes, de Juan Manuel de Rosas, recrudecieron y cada tanto se cobran una nueva víctima. La última fue en abril del 2014, cuando un chico recibió un balazo en la cabeza.
"La culpa es de los políticos a quienes no les interesa nada de lo que pasa aquí", se sincera Juan Carlos desde atrás del portón de su casa. "Lo más triste de todo es que son chicos muy jovencitos", afirma ante la severa mirada de su esposa que nos pregunta con recelo dónde se publicará lo que declara su marido. Todos tienen miedo.
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