Está detenido desde agosto de 2013. La Justicia le negó la excarcelación en los últimos días. Y en ese trámite se conoció el caso. Hay otro supuesto abusador serial detenido desde hace un año, también sin fecha de juicio.
El viernes 16 de mayo, la Cámara Séptima del Crimen de la ciudad de Córdoba le negó el cese de la prisión preventiva a Cristian Gonzalo Roldán (30 años, alias “Piturro”), quien está imputado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de tres mujeres, a una de las cuales habría mantenido retenida durante varias horas. La Cámara consideró que debe continuar detenido porque existe riesgo procesal, en coincidencia con lo expresado por el fiscal de Cámara Marcelo Altamirano.
Casi al mismo tiempo, en los últimos días se conoció que Lucas Fabián Martínez fue condenado a 30 años de prisión tras asumir su responsabilidad en cinco hechos de abuso sexual ocurridos entre noviembre de 2012 y mayo de 2013. Mientras, otro hombre permanece detenido desde marzo de 2013, acusado de haber atentado sexualmente contra cinco mujeres, todavía sin fecha de juicio.
Los tres presuntos violadores seriales fueron apresados en Córdoba un mismo año, 2013.
Algunos de los argumentos esgrimidos por Altamirano para justificar la preventiva de Roldán, fueron que registra múltiples procesos pendientes, que estuvo detenido con anterioridad, que delinquió al poco tiempo de haber recuperado la libertad en 2011 y que no tiene domicilio fijo. Además, el fiscal resaltó la gravedad de los hechos que le atribuyen, presuntamente cometidos en perjuicio de tres mujeres muy jóvenes y en situación de vulnerabilidad social y económica, a quienes habría sometido a múltiples violaciones, mediando golpes y amenazas.
También valoró que no tenía empleo fijo, sino que se desempeñaba como vendedor ambulante, verdulero, limpiavidrios y haciendo changas en general, situación que facilitaría la posibilidad de mudar su residencia a otro lugar. Que las dos veces que fue detenido haya tenido marihuana y cocaína en su poder, y que no se haya podido realizar una pericia psicológica sobre su persona porque se negó a colaborar fueron, a su vez, tenidos en cuenta para argumentar la necesidad de sostener la prisión preventiva.
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El 5 de diciembre de 2011, cerca del mediodía, una joven de 18 años le hizo señas a un patrullero que circulaba por la costanera, a la altura de la Isla de los Patos. Angustiada y llorando, contó que había sido violada.
D había llegado a Córdoba unos meses antes, proveniente de Buenos Aires. Noche tras noche, buscaba refugio en algún lugar para pernoctar, ya que no tenía dónde vivir. Ese día, encontró un espacio para dormir en la isla, justo debajo de una escalera, en una especie de cuarto improvisado.
Siempre según su denuncia, se despertó sobresaltada con las manos de un hombre en su cuello. “Si no te bajas el pantalón te mato”, fue la orden. Intentó resistirse, pero la presión en su cuello le hacía difícil respirar. Al rato, el abusador se durmió. Lo escuchó roncar, y aprovechó para escapar y pedir ayuda.
La Policía lo encontró, tal como describió la joven, durmiendo en esa piecita de la Isla. Lo detuvo.
D declaró que no mantenía ningún tipo de relación con su abusador, aunque sí lo había visto un par de veces en la zona de la Plaza de la Intendencia. Ese día, la joven había recuperado la libertad tras pasar varios días en la Unidad de Contención del Aprehendido (UCA). Según consta en la causa, se negó a ser alojada en la Casa de la Mujer y a recibir ayuda oficial, y la investigación quedó trunca, durante meses, porque no se la pudo volver a ubicar. A los pocos días, el hombre fue liberado.
Más tarde se conoció que D había sido detenida cinco días después, acusada de robo.
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L cuidaba autos en barrio Güemes, y allí había conocido a este hombre, aproximadamente un mes antes. Eran cerca de las 5.30 del 14 de abril de 2013, cuando la joven dio por terminada su jornada laboral, y se aprestó a caminar para la parada del ómnibus, en dirección a la Plaza de las Américas. Él se ofreció a acompañarla, ella aceptó.
Todo cambió a mitad de camino. Mediante engaños y amenazas, quien parecía ser un amigable compañero de vereda la introdujo en un descampado y la violó. Varias veces. “Si gritás, te mato”, le dijo una y otra vez. La volvió a violar.
Al rato, él le ordenó que vuelva a ponerse la ropa y que se fuera. Ella, doblegada, no supo cómo actuar. Temió que él la atacara por la espalda cuando se estuviera yendo. Salieron caminando juntos. En el trayecto, él se quebró y lloró. Le prometió que se iba a entregar, le pidió perdón. Ella no le creyó, y le hizo señas al primer taxi que pasó. Más tarde, una hermana la convencería para que realizara la denuncia. Desde entonces, por miedo, L no quiso trabajar más.
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G es otra muchacha en situación de calle, víctima de un violador. La noche del 28 de agosto, le pidió fuego a un hombre. Él le mangueó un cigarrillo y comenzó a caminar a la par. Ella no quería hablar mucho, le dijo que tenía cosas que hacer. Él la siguió, y apenas unos metros más allá, la tomó del cuello y empezó a amenazarla.
La llevó por Vélez Sarsfield, el pasaje Torrado Juárez, hasta un canal con agua estancada, cerca de La Cañada. La obligó a bajar, y la golpeó hasta el cansancio. La violó muchas veces, le pegó también muchas veces, la amenazó todo el tiempo. La retuvo, y agarrándola fuerte intentó obligarla a descansar a su lado. Él consiguió dormirse, sujetándola con dureza. Cada movimiento de la joven lo despertaba, y ahí volvía a amenazarla, y a violarla, y a golpearla.
Cerca del mediodía del día siguiente, la dejó ir. Él salió del canal con ella, entre lágrimas, le pidió perdón. Ella entró al baño de una estación de servicios, y cuando salió, él ya no estaba. Fue hasta un quiosco, pidió ayuda, lo denunció.
Horas después, el supuesto victimario fue detenido en la misma zona en la que se movía siempre.
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Cristian Gonzalo Roldán continuará tras las rejas. La fiscal del Distrito III Turno 2 –especializada en delitos contra la integridad sexual–, Alicia Chirino, ató las descripciones realizadas por cada una de las víctimas, y concluyó que se trataba de una misma persona, de un supuesto violador serial.
En dos de los tres casos que componen la causa, el ADN hallado en las prendas de las víctimas coincide con Roldán, alias “Piturro”. Sólo en uno de los tres casos, el hombre utilizó preservativo.
Investigadores apuntan que el abusador habría seleccionado a sus víctimas: jóvenes de entre 18 y 20 años, en situación de extrema vulnerabilidad. Las abordó en lugares que se vinculan a sus rutinas laborales –ya sea como cuidador de autos, vendedor ambulante o verdulero–, en espacios que conocía, que le hacían presumirse impune. Sin embargo, la captación habría ocurrido de la mano de la oportunidad.
Según los peritos, no hay elementos para suponer que Roldán no comprendiera la criminalidad de sus actos. Luego de los abusos, lloraba y se arrepentía. Y de nuevo atacaba.
Créditos para madres solteras, la excusa. Los investigadores sospechan que un mismo hombre sería el autor de los abusos cometidos contra, al menos, cinco mujeres que denunciaron haber sido engañadas con métodos similares, cuyas causas fueron unificadas en la Cámara en lo Criminal de Séptima Nominación.
MM está detenido desde marzo de 2013, y el tribunal le negó recientemente el pedido de cese de la prisión preventiva por considerar que su libertad pondría en riesgo el desarrollo del proceso. Se tuvo en cuenta, entre otras razones, que está imputado en varios procesos, siempre por delitos graves, que no ha precisado domicilio fijo y que las víctimas son personas en estado de vulnerabilidad.
El hombre está acusado de los delitos de abuso sexual con acceso carnal continuado y calificado por el uso de arma; violación de domicilio; abuso sexual gravemente ultrajante; y lesiones graves. Son cinco los hechos que conforman el expediente, cuyas denuncias fueron hechas entre septiembre de 2012 y febrero de 2013.
Con la falsa promesa de un crédito para acceder a la vivienda, fijaba un lugar de encuentro. En su moto negra las buscaba y las llevaba luego a un predio con una casa abandonada de barrio Ampliación Ferreyra, ya sea para ver un terreno, o para reunirse con una trabajadora social, o para firmar unos papeles. Nada de eso ocurría finalmente, y terminaba abusando sexualmente de las mujeres, golpéandolas y amenazándolas, incluso a la hija menor de edad de una de ellas.
En una ocasión, el ardid le sirvió para que la víctima, tentada por la oportunidad, abriera las puertas de su casa, y ahí procedió al ataque, según declaró una denunciante.
MM es uno de los tres detenidos durante el año pasado sospechado de ser un violador serial, que espera tras las rejas que se fije fecha de juicio.

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