A Juan Tapia le prometieron ayuda por desempleo. Apareció al frente de un feed lot.
Juan Tapia vive en una casa de ladrillos huecos y sin revoque a la que, muy de a poco, le va anexando mejoras, como el piso de material de la minúscula cocina o un portón de rejas a la calle Vértiz. Está desempleado, lleva algún dinero a su casa de la zona portuaria de las changas de fileteado en las plantas de pescado, de albañilería o de chapista que va obteniendo. El lunes 7 de septiembre, el día que su cuenta registró el último movimiento, la extracción en efectivo fue de casi un millón de pesos. Tapia estuvo en la sucursal del Banco Nación de Av. Libertad y Dorrego, en Mar del Plata. Pero él sólo recibió mil pesos: creyó que estaba cobrando un subsidio por desempleo.
"Al fin se acordaron de mí", celebró cuando "Toto" Sosa y "Cacho" Rúa (así los identifica), dos hombres del ambiente portuario, lo fueron a buscar a su casa para ofrecerle un subsidio de desempleo. Aceptó enseguida. "A los pocos días me vinieron a buscar y me llevaron a una escribanía para certificar firma, a pedir una clave fiscal y al banco, para abrir la cuenta bancaria, depositaron 50 pesos y pagaron las fotocopias", relata. Pasaron algunas semanas antes de que volvieran a convocarlo y lo acompañaron al banco dos hombres: "A uno, el que manejaba todo, lo llamaban Nacho, un grandote que tenía un pilotín; el otro tenía barba candado", recuerda Tapia quien, antes de entrar al banco, ya había cobrado: "Yo creía que eran 500 pesos del subsidio, pero me dieron mil pesos", explica. Luego, en el mostrador, firmó papeles: "Vi que decía 954 ó 964, me pareció raro, cómo me habían dado mil." La cifra, exacta, que Tapia dice no haber reconocido, era 964.276 pesos.
Alguna complicación debe haber surgido en el banco, porque "Nacho empezó a apurar al tesorero porque se demoraba en pagar. Le dijeron que tenía que esperar porque era mucha plata: ahí abrí los ojos". La sospecha hizo que Tapia, en una escapada a la calle para fumar un cigarrillo, le tomara la patente a la "camioneta gris clarita con vidrios oscuros que los esperaba afuera: EJJ 017".
Del banco salieron a las 16.30. "Ellos pasaron a una oficina que está al fondo, y ahí cobraron", dice. Junto a Tapia, además estaban una mujer y un joven, quienes -dice- "hicieron lo mismo que yo, recibieron una plata, firmaron donde les dijeron y luego recibieron los documentos. Creo que el muchacho era de apellido Ibarra". Maximiliano Rubén Ibarra y Mirta Gladis Albarracín son las otras dos personas a las que el ONCCA les revocó los opulentos subsidios.
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